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Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.

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La Ironía del destino

La Ironía del destino
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Por: Alberto Pujol

Bogotá/ 11-9-2014

El edificio de 21 y G en el vedado, La Habana fue declarado según unos compañeros de algo del gobierno, el lugar idóneo para que ciertas personas se refugiaran en tiempos difíciles, yo no entendía eso muy claro, pero sé, por las características del edificio que cualquiera, podría resguardarse del ciclón mas violento. Era una construcción muy fuerte con un diseño fabuloso, los apartamentos eran como casas y tenía o tiene porque todavía no ha llegado la situación difícil, un súper sótano con capacidad para dos Titanic, quizás, yo exagere un poco pero así lo veía desde mi estatura de 12 años, que por cierto no tiene mucha diferencia con la actual.

Lo importante, la atmósfera de aquellos días era cinematográfica, unos hombres fuertes, con guayaberas, bigotes, parecían campesinos pero muy cuidados, entraban y salían del edificio, miraban, a todas partes, anotaban y usaban unos radios teléfonos, ¡ha¡ todos o casi todos llevaban gafas oscuras que lógicamente eran importadas, no se de donde porque Cuba estaba bloqueada, pero ellos la tenían, creo que era muy importante que la usaran, en aquella época no sabia porque exactamente, pero ahora si y lo digo, ¡ el rostro no debía verse !, ¡el enemigo estaba en todas partes! y el trabajo de ellos que todavía hoy no lo puedo entender, por eso no les puedo explicar, parece que era, como secreto y muy serio.

Estuvieron como dos o tres días estudiando el terreno, los muchachos del barrio, estábamos fascinados con aquello, unos hombres muy fuertes que nos cuidarían o algo así de la guerra, de todo lo que alterara nuestra tranquilidad o dañara nuestro juego de policías y ladrones en ese, nuestro cuartel general, que era, el edificio de 21 y G.

La admiración de nosotros los niños hacia aquella gente, ardía en nuestros huesos. ¡Si uno fuera así, cuando fuera grande!, ¡Si tuviera esa guayabera!, ¡esas gafas! Si tomabas el ascensor ahí estaban, y hasta en la azotea cuando uno subía con la justificación, de que la pelota, se caía para la azotea, desde el sótano. En fin, el cuento era verlos, tratar de hablarles, acercarnos a ese misterio del héroe que nos decían en la escuela, eran ellos, los barbudos, que no conocimos porque éramos recién nacidos, pero ahora sin barbas, no flacos como al principio y sudorosos como decía la maestra, ahora, limpios, fuertes con gafas. Ya no debían hablar con nadie, estaban concentrados en algo muy tremendo. 
Como al tercer día se formo un corre corre como decimos los cubanos, muy extraño, y todos los que tenían radios decían algo como en un idioma contradictorio, - ¡Aquí gavilán para gaviota 3!, -¡El león esta en la selva!, ¡que admiración Dios mío!, ellos lo sabían todo y por el aparato, controlaban al león, claro esta, cuando dijeron lo del felino, la tropa de nosotros, los muchachos, salimos que jodiamos para la casa y a mi me toco el ascensor al 4to piso, apreté el botón que dice arriba o abajo, no se y me subí, a marcar mi piso el 4to, cuando me vi acompañado de una constelación de estrellas, ¡huy!, como había estrellas en ese ascensor, uno tenía dos estrellas, otro tres estrellas y uno tenía hasta cuatro estrellas y muéranse ese me miró, sí, me miro, me puso la mano en la cabeza y me dijo con una voz muy grave - ¿Cómo está tu papá? que carajo cuando me di cuenta que ese hombre me preguntaba por mi papá, entonces si supe, cuan importante era mi papá, pero la historia no acaba ahí, me dice, -¿Qué vas ha ser cuando seas grande?, ¿Qué le iba a decir?¿ ¿Qué coño le iba a decir a ese hombre con aquellas estrellas? – Voy a ser militar y todos los que en el ascensor viajaban se pusieron contentos y yo casi me cago de la alegría, porque ellos estaban contentos. Me baje en mi piso, ellos seguían y fui y le conté a papi.
- ¡Papi, papi!, me encontré con Raúl, Raúl Castro y me pregunto que iba a ser cuando fuera grande.
- ¿Qué le dijiste?, pregunto mi padre.
- ¿Qué le iba a decir?, militar

A mi padre se le transfiguro el rostro, comenzó a ponerse verde y me dio un cocotazo, (coño que cocotazo),
- no te equivoques carajo (me dijo), tu vas a ser artista, óyeme bien y me castigo por mentiroso o algo así. Ahora no recuerdo bien.

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M
Jajjajaja buen cocotazo y buen hijo obediente, no solo artista, magnífico artista.
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