La dictadura cubana necesita el turismo y las inversionesextranjeras como agua de mayo para sacar a la economía del «borde del precipicio», como gráficamente describió su actual titular, Raúl Castro, a comienzos de esta década. El régimen de La Habana aprobó en marzo la Ley de Inversión Extranjera -presentada en giras por todo el mundo para atraer capital- y ha emprendido una campaña de promoción turística. Nada anormal para un país que busca cierta apertura económica mientras niega las libertades más elementales a sus ciudadanos. Lo sorprendente es el nombre de esa campaña turística que acaban de lanzar en Portugal y España,«Auténtica Cuba», sobre la que ha informado Efe.
Para el Ministerio de Turismo del país caribeño, la auténtica Cuba es la de las playas de Varadero, las majestuosas iglesias de La Habana, las bailarinas de Tropicana, los helados de Coppelia o las casas pintadas en tonos pastel de Trinidad. Lugares interesantes, sin duda, pero donde el turista no tiene acceso fácil al ciudadano agobiado por múltiples carencias que vive con un sueldo medio de quince euros al mes. Tampoco al enfermo peor atendido que hace unos años porque muchos médicos se encuentran en misiones en el exterior y con dificultades para conseguir medicinas mientras existen testimonios de que en Venezuela se desperdician los fármacos cubanos. Al profesional desmotivado que sufre un transporte público deficiente y un sistema educativo en declive para sus hijos que el régimen trata de enderezar. Al disidente represaliado, al potencial desertor...
Raúl Castro (83 años) lanzó una serie de reformas económicas a su llegada al poder tras la enfermedad de su hermano Fidel (88). Desde el año 2008, los cubanos pueden comprarse un teléfono móvil, una casa o un coche, alojarse en hoteles... Si tienen dinero para pagarlo. Luego se autorizaron los llamados «trabajos por cuenta propia», elincipiente sector privado, que permite abrir «paladares» (restaurantes), un negocio de «forrar de botones» o ejercer de detective privado. Estos pequeños emprendedores suelen tener familiares en el exilio que les ayudan con la financiación. «Son cambios superficiales, no del sistema, pero lo positivo es que el cubano sabe aprovechar las pequeñas posibilidades que le abren las grietas del totalitarismo», señala la economista independiente Karina Gálvez.
En medio de este escenario de edificios ruinosos y economía arruinada, Karina Gálvez destaca que «existe una Cuba que quiere prosperar, con poder de recuperación y de sacrificio, con ganas de que sea un país mejor. No conozco a nadie en la isla que no quiera un cambio, incluso quienes que están de acuerdo con las posiciones oficiales».
Fuente: ABC.es
