Campesino ordeña una baca. Fotografías del autor.
Reportaje gráfico de Luis Sánchez/ Hablemos Press.
La Habana/ 31-10-2014
El gobierno comunista les quitó las tierras a quienes producían los alimentos. Les quitó las vaquerías, las granjas avícolas, porcinas, bovinas. Dijeron que eran para el pueblo, pero yo me pregunto: ¿No era el pueblo quien las tenía? ¿No era el pueblo quien compraba los productos a precios asequibles para todos los salarios del momento?
Hoy los campos se llenan de marabú, se pierden tierras que no son cultivadas ni empleadas en la cría de animales. Muchos interesados en hacerlas producir no pueden recibir tierras debido a su filiación política. Es lamentable la ley que aprueba que una persona (el delegado o el director provincial de la agricultura) se reserve el derecho a decidir si tú recibes o no unas pocas hectáreas. ¿Es este el país de la igualdad?
Se aprobó aumentar hasta 5 caballerías, pero a estas personas les exigen estar vinculadas a granjas estatales, Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC) o Cooperativas de Créditos y Servicios (CCS): quienes determinan qué siembras o qué animales crías son las instituciones a las que te asocias y no tu voluntad. Nunca serás el dueño, ni podrás determinar para qué eres bueno tú o tus tierras.
Siempre habrá quien tiene que hacer cumplir un plan, sin conocer la tierra ni el que la cultiva (Cada temporada tiene sus cultivos, su cría de animales, en todo momento el ordeño no es igual).
Fuimos un país en el que nunca faltaba el litro de leche en la puerta. Hoy con tantas leyes y años para tomar una decisión, falta la comida, no hay leche en el desayuno, ni carne en la dieta, ni derivados lácteos, y somos hijos del socialismo tan enarbolado por quienes escribieron “El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre”, donde plantean la importancia que tuvo para la evolución del cerebro humano el consumo de la carne (quizás se referían al mamut).
¿Cuántos campesinos participan en la toma de decisiones sobre la agricultura? ¿Quién dijo que un partido puede decidir lo que tienen que hacer los campesinos, esos que se levantan antes de que salga el sol y le sienten el pulso a la tierra, que le hablan, que saben lo que ella quiere, la proveen de agua, abono, fertilizante, o solo la dejan reposar? Son ellos los que deben determinar qué hacer y cuándo. Está demostrado que los burócratas, los partidistas, son incapaces e improductivos. La prueba es la escasez y encarecimiento de los productos agrícolas, la falta de carne en la mesa del pueblo cubano.
Hicieron una reforma agraria para seguir en lo mismo: cambiamos al latifundista por un Estado insolvente, con una infraestructura mayor que la cantidad de campesinos produciendo.
Saquemos cuenta de cuánta gasolina consumen todos los carros de los burócratas del sector agrícola, más sus salarios, más los salarios de los miembros del Consejo de Estado, y todo un año para aprobar una ley que sustituye a otra que costó lo mismo o más y no dio resultado. Cuántas de estas personas fueron al campo, a ver las necesidades de las familias campesinas: discutir con el banco para un crédito, con la empresa que les vende las semillas, con Acopio que recibe los productos, los recogedores de la leche en las mañanas, que no pasan, la venta de insumos… ¿Por qué no reparten a todos esos funcionarios por las casas de los campesinos por seis meses, con el salario que sean capaces de ganar con su trabajo, comer lo que comen los campesinos y después, según su experiencia, determinar la realidad, no un frío número en un papel.
Hoy pasamos por Santiago de las Vegas. Es triste ver sus campos en desuso, pues esta zona fue una de las mayores abastecedoras de La Habana. A través del ferrocarril, cada mañana llegaban los productos a la plaza de Cuatro Caminos.
Nuestra economía agrícola se deteriora cada día más. Es difícil para el pueblo adquirir alimentos, pues el Estado, para ser rentable, en vez de conservar solo los trabajadores necesarios, sube los precios y se da el lujo de tener tierras ociosas.









