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Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.

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Uva de Aragón y Mario Vargas Llosa: dos experiencias teatrales

Por: Carlos Alberto Montaner

Memoria del silencio

Memorias del silencio

Este domingo 5 de octubre tenía previsto acudir con mi mujer a ver la adaptación teatral de Memorias del Silencio, una magnífica novela de Uva de Aragón que había leído con deleite hace unos cuantos años. La puesta en escena es en el Koubeck Center, hoy adscrito al Miami Dade College. La dirige Virginia Aponte y los actores son venezolanos. La obra, previamente estrenada en Caracas, tuvo una magnífica acogida.

No me extraña. La anécdota es cubana, pero los temas que aborda son universales: la nostalgia, la lucha entre la memoria y el olvido, el reencuentro con el pasado del otro –de la otra–, que es un poco el reencuentro con uno mismo. Con esos mimbres se puede hacer muy buena literatura, honda y psicológica. Uva lo demostró.

 

La novela, bien escrita y bien sentida (y supongo que la obra de teatro), contaba la historia del reencuentro entre dos hermanas tras 40 años de separación. Laurie, en Miami, recibe la visita de su hermana Menchu y, tras el abrazo, comienza una especie de catarsis emocional en la que resurgen los viejos lazos familiares pese a todos los desencuentros anteriores. 

No pude ver Memorias del Silencio. Un viaje repentino e impostergable a Madrid lo impidió. Pero, como había destinado el fin de semana al teatro, estuviera donde fuere, la noche del sábado nos fuimos a ver una obra de Mario Vargas Llosa.

El Loco de los Balcones

Reproduzco en este blog lo que aproximadamente acabo de escribirle a Mario y a Patricia, su mujer, que es quien le maneja el email a este extraordinario escritor y amigo, reñido a muerte con Internet y con los cachivaches electrónicos.

Queridos Patricia y Mario:

Hace un rato salimos del Teatro Español en la Plaza de Santa Ana. Fuimos a ver El Loco de los Balcones. Éramos cuatro: María Torres  (la muy culta mujer de Federico Jiménez Losantos, profesora de literatura), el pintor e ilustrador Rogelio Quintana (un talentoso artista cubano), Linda y yo.

Les confieso que acudí con más curiosidad que ilusiones. La historia –un hombre empeñado en salvar los balcones de madera de la Lima colonial, devorados por las construcciones modernas–, en principio no me seducía. Afortunadamente, el resultado fue infinitamente superior a mis expectativas. La obra es muy buena.

El teatro estaba completamente lleno. Abarrotado. La obra le encantó al público, incluidos nosotros cuatro. Excelente. La aplaudimos de pie. José Sacristán (el profesor Aldo Brunelli, personaje central) estuvo magistral y, en general, todos los actores desempeñaron muy bien sus papeles. (El burócrata enano –Emilio Gavira– hizo un gran trabajo). El texto tiene la calidad literaria que se espera de Mario. (Sólo me desconcertó un joven que cantaba en el tono agudo de los castrati, pero la voz era la de Sara Van, una solista invitada). 

La obra, aunque parte de una anécdota aparentemente trivial contiene muchos de los elementos centrales de las preocupaciones de Mario: la importancia de defender causas morales, aunque las posibilidades de triunfar sean nulas (si lo sabremos nosotros los cubanos), el carácter mestizo de una cultura que no debe desprenderse de ningún elemento básico porque ese crisol lo funde todo, y el drama humano de la hija Ileana –Candela Serrat, magnífica actriz– arrastrada a una batalla que, finalmente, le es ajena.

Me encantó el final, tan cervantino, tan quijotesco, en el que el Loco de los Balcones encuentra a un nuevo Sancho en el borrachín que lo rescata tras el intento de suicidio y se dirigen a dar nuevas e imposibles batallas. Fue un acierto que la obra no terminara con el incendio de los balcones. Era demasiado neroniano. 

En suma: fue una noche muy grata. Díselo a Mario y dale las gracias de nuestra parte. Los actores le hicieron justicia al texto. La pasamos requetebién.

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