Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.
Por: Regina Coyula
La Habana/ 31-10-2014
En Cuba están muy de moda el respeto a las diferencias raciales, de género o religiosas. Pero las diferencias políticas siguen en el congelador.
Mi reciente lectura en la revista cubana Temas de Hacer política socialista [1], me ha motivado a abundar en algunas ideas apenas esbozadas en el texto.
En general, las opiniones recogidas parten de una premisa válida para quienes aceptan el unipartidismo o están dispuestos a ignorar cualquier tendencia que no sea socialista.
Pero también, en general, parten de una premisa falsa, y es creer que en la sociedad, la política es monolítica y no vale la pena interactuar, discutir, polemizar con otras tendencias.
En esta isla el término "oposición leal" tiene espinas.
No gusta en el gobierno por aquello de oposición, y no gusta en la disidencia por lo de leal.
En Cuba es tan difícil expresar ideas opuestas al gobierno sin que caiga la etiqueta de asalariados o mercenarios (del gobierno de Estados Unidos), que se inventó el término de "oposición leal" para tratar de poner el pie en esa puerta apenas entreabierta que ha dejado la llamada "actualización del modelo socialista" y que puede cerrarse de nuevo.
Además, el concepto es confuso para el no avisado: ¿leales a la patria?, ¿al socialismo?, ¿al gobierno?, ¿a una persona?, ¿a una idea propia de cómo debe ser la política?

El análisis de la participación de los ciudadanos en las decisiones, se resuelve a base de tópicos: el Poder Popular (sistema de gobierno) es un mecanismo profundamente democrático y a través de él fluyen las opiniones y críticas y se toman luego las decisiones.
No. Ese mecanismo podrá ser muy atractivo en la teoría, pero en la práctica está tan anquilosado como cualquiera de las estructuras mediante las cuales supuestamente se ejerce la democracia cubana.
Además sufre los mismos vicios de la práctica política.
Los delegados y diputados son votados por los electores mediante un mecanismo tendencioso que no es mi interés tratar en este momento; y ese mecanismo no se activa de igual forma para las revocaciones. Deben ser puntuales los casos (si existieran) de delegados o diputados revocados espontáneamente por sus electores. La decisión siempre viene "de arriba".
La experiencia real de los delegados del Poder Popular es que no solo los funcionarios de los organismos a los que piden explicaciones muchas veces los ignoran, sino que sus propias instancias superiores los desconocen, socavando su autoridad y minando su entusiasmo.