En 2014 el mundo está lleno de futuro y modernidad
Por: GUSTAVO LINARES BENZO
15-11-2014
En 1989 el mundo presenció la caída del Muro de Berlín y Venezuela el saqueo y las muertes del Caracazo. Veinticinco años después ambos eventos, tan simbólicos, siguen marcando el camino del mundo, el primero, y el de Venezuela, el otro. El Muro de Berlín cayó en Alemania para levantarse en Venezuela; el Caracazo fue el pretexto para que una horda y su jefe se adueñaran del país. En 2014 el mundo está lleno de futuro y modernidad, en Venezuela quienes lanzaban piedras el 27F de 1989 hoy viajan en jets privados.
Hace veinticinco años la Unión Soviética seguía siendo imponente, acababa de invadir Afganistán mediante la mayor movilización militar de la historia. Los sociólogos, historiadores y economistas occidentales pronosticaban su debacle, pero como un evento a largo plazo. De repente, ante el asombro de todos, el socialismo real se desmorona, el comunismo se desacredita y apesta, los revolucionarios de ayer hoy se proclaman demócratas y alaban al mercado. Ya China había abandonado el maoísmo y estructuraba un régimen capitalista, mientras aplastaba todo disenso político. La masacre de Tianamén también ocurrió en 1989.
En estos veinticinco años Venezuela ha sido fiel a su costumbre de andar a contracorriente. Mientras el Sur y Brasil se estructuraban, nuestro siglo XIX fue la barbarie, las luchas de lo que hoy llamaríamos colectivos entre sí y llevándose a su paso cuanto de civilidad había. Un siglo después Venezuela es la única democracia de América Latina y la inversión pública y privada permitida por el ingreso petrolero continúa la transformación ya acelerada que comenzó con la industria de los hidrocarburos. El resto de Latinoamérica está asfixiada de militarismos de derecha o sucumbiendo al fidelismo como Nicaragua.
El país a contracorriente vuelve con la horda que nutre su imaginario de los saqueos del 89. Ahora es el resto del continente que se democratiza, nosotros nos vemos cada vez más limitados por un Estado que se basa en el culto a un hombre y en ideas que nadie entiende de socialismo del siglo XXI, pero que gustan a las mayorías porque su ejecución era el reparto de comida y hasta viviendas gratis a todo efecto práctico: el trabajo dejó de ser negocio.
El Muro de Berlín se trasplantó a Caracas.
Fuente: El Universal