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Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.

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El Fin del Embargo / El Fin del Exilio

 

Luis Leonel Leon
Luís Leonel León

EL FIN DEL EMBARGO
 

(En La Habana quieren más a Obama que a los Castro)

por Luis Leonel León*

Los populistas no pretenden convencer a través de la razón. Manipulan jugando con las emociones, sirviéndose de las carencias, la simpleza, la desinformación y el oportunismo. Fidel Castro instituyó, dentro y fuera de su reino, el más efectivo populismo contemporáneo. Convirtió a EEUU en el responsable del fracaso socio-económico de su revolución y en el mayor enemigo de los populistas latinoamericanos, que no son pocos. Las noticias lo corroboran: la región aplaude desaforada a la pequeña islita socialista que ha resistido medio siglo ante el imperialismo, que finalmente reconoce el error de sus políticas.

Con este mensaje, Obama, además de volverse más popular en Cuba y Latinoamérica que en su propio país, pudiera consagrarse como uno de los más desatinados populistas norteamericanos. Los populistas, si no la hacen a la entrada la hacen a la salida. Generalmente a la salida, pues a la entrada su mayor esfuerzo se concentra en excitar con la lista de promesas que jamás cumplirán (su mandato lo confirma). Es la marca de agua de todo populista, da igual su ideología o partido.

 

El 17 de diciembre de 2014, más que una fecha histórica, fue un día histérico para los populistas, los a favor de la flexibilización de Obama y su legitimación de la dictadura más antigua del Caribe, y los que están en contra. En las dos pasionales orillas vuelven a chocar con frenesí una sarta de viejas utopías, consignas, miedos, sentimientos de culpa, esperanzas, ingenuidades, traiciones y abandonos de dos bandos de cubanos al final apabullados y alineados a enfrentarse por la misma inocencia y el mismo totalitarismo. Algo inusual, pero que los cubanos arrastran tal como un caracol carga con su casa.

The New York Times le preparó la mesa al presidente con una bandeja de aperitivos. Jamás la prensa norteamericana publicó en tan poco tiempo tantos editoriales de marcada intención propagandística a favor de retirar el embargo vigente desde 1961 y normalizar las relaciones diplomáticas, como si de pronto Cuba tuviera un gobierno democrático.

Obama siempre deseó alterar la política hacia Cuba, y al final consiguió meter la pata, ésta vez afectando no sólo a los cubanos sino también a los norteamericanos. Entregó mucho a cambio de casi nada a un gobierno experto en maniobras e incumplimientos, y envió un mensaje negativo en tiempos convulsos: podemos canjear ciudadanos inocentes por terroristas. Una pifia ante la esquizofrénica amenaza de los grupos extremistas que hoy pululan. Su gestión, en este oscuro intercambio, pudiera ser más peligrosa y fallida para EEUU a nivel mundial que para el futuro incierto de la diminuta isla.

En sus palabras a los cubanos (y a Latinoamérica) Raúl Castro dijo que la revolución había vuelto a salir victoriosa: se cumplió la promesa de Fidel de que los espías-héroes regresarían a la patria, y la cercana posibilidad del fin del embargo. David destinado a vencer a Goliat.

En sus palabras a los estadounidenses (y al mundo) Obama alegó que “no podemos seguir haciendo lo mismo durante más de cinco décadas y esperar un resultado diferente”. Esto, además de visión simplista y populista, es pretender que el embargo sería el principal elemento de cambio en Cuba y no el florecimiento de un legítimo movimiento de oposición interna. Y además limita el efecto del embargo a las fronteras cubanas, pues es sabido que de no ser por la política de EEUU hacia Cuba, la insurrección guerrillera en Latinoamérica, animada y asesorada por los Castro, hubiera producido mucho más daño en la región que lo que hasta hoy ha causado.

Otra justificación de Obama para con su proceder, fue el infeliz y bochornoso ejemplo de que EEUU mantiene relaciones con dos estados totalitarios, China y Vietnam, cada vez más lejos de la democracia. Otro signo de su ignorancia e incompetencia, y un desliz ético y moral con la comunidad cubano-americana, y con los derechos cívicos que él dice procurar para la isla.

No en balde legisladores cubano-americanos (mantenidos al margen de las negociaciones) culpan a Obama de violar la ley (Helms-Burton), traicionar al exilio histórico y a los disidentes de la isla, e intentar proveer de oxígeno a la dictadura a través de reconocimiento internacional y créditos bancarios. Hay quienes creen que pudiera ser el prólogo de un nuevo capitalismo de estado bajo la sombra del águila. Otros temen que sea el fin del exilio, o al menos de las leyes y creencias que hasta hoy le han apuntalado.

En Miami el Versailles vs Intercambio Cultural. Y en La Habana, bajo la lluvia ácida de la desinformación, entre anhelos y carencias, hoy muchos quieren más a Obama que a los Castro. Dicen que si lo dejaran postularse allá, seguro ganaría. Hasta el viejo dictador le envidia ser un populista del Imperio. La Habana y Miami se encuentran y desencuentran en medio del shock, o quizás del show. Es apenas el comienzo (como suele decirse en la TV) de una historia en desarrollo.

EL FIN DEL EXILIO
(Y el dilema cubano sigue sin resolverse)

Barack Obama y Raúl Castro son hasta ahora los grandes ganadores del viejo conflicto Cuba-USA. Ambos se salieron con las suyas. El hermano de Fidel le dijo a los cubanos que la batalla de ideas había derrotado al capitalismo. Y Obama le dijo a los norteamericanos que él había tomado la mejor decisión para comenzar a liberar a los cubanos y algún día todos ser felices para siempre.

Los Castro siempre han actuado de manera similar. Pero jamás la Casa Blanca se arriesgó a un rumbo como éste. Querer eliminar el embargo, proponer retirar a Cuba de la lista de países que apoyan al terrorismo y abrir una embajada americana en La Habana, como si no se tratara de un gobierno totalitario: era hasta ayer una locura, algo que no iba jamás a suceder.

Por ello Raúl Castro, con su simbólico uniforme militar, describió el comienzo de la nueva era de relaciones con EEUU como una victoria de su revolución. Lo cual es cierto, pero no significa que sea un triunfo para su pueblo. Es ingenuo pensar que el desastre cubano es culpa de Washington. Igual creer que con el fin del embargo van a resolverse, por acto de magia, los profundos problemas de la sociedad cubana, el fracaso del modelo económico socialista, e irá a salvarse la revolución. Humor negro: la revolución salvada por el imperialismo.

La realidad es que ya está hecho el daño, o al menos dada la primera estocada en lo que se supone sería la eterna posición de EEUU respecto a Cuba. En este juego político las fichas y los jugadores siguen siendo básicamente los mismos, pero las reglas y el tablero han variado, al menos por un tiempo.

A pesar de las intensas reacciones contra Obama, una buena parte del exilio histórico se manifestó con el dolor del derrotado, a veces confundiendo decepción con traición, como si realmente hubieran sido traicionados por EEUU (en este caso por Obama y el Partido demócrata). Y es que la Casa Blanca, con sus dos partidos y diferentes administraciones, ha actuado lo mismo a favor que en contra del futuro democrático de su isla perdida. Cuando Washington ha podido presionar a favor del fin de la dictadura, más de una vez se ha hecho de la vista gorda o ha caminado en sentido contrario. Moraleja: la democracia de Cuba siempre ha dependido de los cubanos.

En esta otra orilla neocubana, igual han terminado siendo mayoría los discursos, el populismo, la idiotez, la histeria colectiva, el exilio trocado en emigración económica, el hambre y la fuga hacia la zona de confort, la historia un humo parecido al olvido. Seguimos perdiendo a Cuba en las dos orillas. Aún incapaces de convertir el anhelo en acción eficaz, congelados frente al pataleo de lo que nos queda de país. Por suerte hemos ganado unos metros en Norteamérica.

Calamidad vs optimismo. Muchos en la isla, y recién llegados a Miami, ven el gesto de Obama como un avance o una acción necesaria. Para otros: apuesta demasiado arriesgada, burla al exilio histórico, mensaje de debilidad, retroceso lamentable justo cuando Venezuela ha sido saqueada y el post-chavismo pareciera colapsar.

Alan Gross, da igual del lado del que esté, fue el señuelo de una necesidad histórica del régimen, para quienes sus 5 espías hoy son sólo símbolos de heroicidad y empecinada resistencia revolucionaria. Tampoco el súper agente vale lo que significa la legitimación, con borrón y cuenta nueva, de la autocracia isleña.

Afirmar que estos canjes, y el pregón de las reformas cubanas, pueden echar por tierra las verdaderas diferencias entre los dos sistemas, es repetir una falacia. El antagonismo no cesará hasta que sucumban los signos vitales del totalitarismo: mientras exista un único partido, mientras las libertades de asociación y expresión sean espejismos, mientras los medios de comunicación estén bajo la bota del Estado, mientras la represión sea el mecanismo cotidiano para congelar o eliminar todo intento oposición: no habrá cambio real.

Más allá de las promesas de ambos mandatarios, del ruido de las consignas y el murmullo de las esperanzas: no olvidemos que los dictadores no arriesgan, mucho menos entregan su poder. Quizás esto sea un retoque a la fachada del comunismo tropical, una mala jugada de la política exterior de EEUU, un fiasco del Partido Demócrata, un tentempié en el estómago y el corazón de los cubanos de la isla y las últimas migraciones aterrizadas en ésta y otras latitudes.

De momento los Castro se llevan la mayor tajada del enfermo pastel. El marcador apunta a su favor, pero no significa que todo esté perdido. Ninguna maquinaria está exenta de fallas, y no hay acción sin reacción, ni remedio sin efectos secundarios. El mapa no es exactamente el mismo, pero la democracia en Cuba sigue siendo una urgencia y un dilema aún sin resolver. Los cubanos carecen de libertades y eso no lo cambia las relaciones con EEUU.

La oposición, lejos de amilanarse, debe observar y atacar las fisuras de esta nueva era post-fidelista. Quizás sea el último adiós al modo en que siempre el exilio histórico ha movido sus fichas. Puede que Obama, aunque equivocado y por carambola, nos obligue sin querer a presionar y jugar desde otra perspectiva en el difícil tablero donde ahora ha puesto a flotar la isla. Tal vez sea sólo el preludio de una fugaz victoria populista.

Para Winston Churchill (gran líder en tiempos de guerra) un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad, y un optimista hace todo lo contrario: busca una oportunidad en toda calamidad, pues la posibilidad del éxito también está en la capacidad de avanzar, de fracaso en fracaso, sin desanimarse ni desesperarse. Eso deberíamos aprender los cubanos.

*Luis Leonel León es escritor y productor de SBS. @luisleonelleon

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