Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.
Por: Por: Kyore Beun
Tras el masivo hackeo a Sony, la atención del mundo volvió a centrarse en el extravagante dictador Kim Jung-un, presunto responsable del ataque cibernético. Análisis de cómo los jóvenes locales lideran un cambio que amenaza al régimen
Más de 36.000 estatuas de Kim il Sung -una cada 700 habitantes- decoran el pálido paisaje de Corea del Norte. Tratan de retener la ilusoria omnipresencia del mandatario de facto que gobernó el país desde 1948 hasta su muerte en 1994.
En un pasado no tan remoto, era parte de la rígida rutina de cualquier norcoreano venerar diariamente alguna de las réplicas del líder. Sin embargo, hoy ese deber parece una obligación incómoda frente a la inercia del cambio generacional que puja fuerte y desacomoda al régimen de a poco.
Durante sus casi cincuenta años en el poder, el dictador Kim creó un régimen de culto "orwelliano" en torno a su personalidad, mediante un escalofriante adoctrinamiento estatal que penetró en todos los aspectos de la vida pública y privada de los norcoreanos. Sus sucesores, Kim Jong il (hijo) y Kim Jong Un (nieto), mantuvieron la tiranía, encarcelando y fusilando a cualquier disidente del régimen.
Pero esta dictadura que parece hermética e infranqueable a las influencias exteriores está sufriendo sus mayores cambios, curiosamente, puertas adentro. Una nueva generación de jóvenes se está independizando de las directrices del régimen y está liderando un gran cambio: la "generación del mercado negro".
La primera característica de esta generación de jóvenes es que nació o se crió durante la década del '90 y, por lo tanto, nunca conoció a Kim il Sung o convivió su vida adulta con el dictador. Para estos jóvenes las historias, hazañas y fábulas que el régimen inculca sobre el "gran líder" caen en el olvido colectivo de una memoria opacada por épocas de mucho sufrimiento.
En otras palabras, no sienten que deban agradecer nada a un régimen que les dio muy poco.Por el contrario, les tocó vivir un contexto de crisis constantes con un estado que destinó más recursos a la construcción de armas nucleares que a la supervivencia de su población y que, en última instancia, mató de hambre a más de 3 millones de norcoreanos -16% de la población- a causa de su inoperancia.