Los mojitos correrán este lunes por las distintas plantas de la mansión de estilo neoclásico francés, construida en 1917, que los cubanos reabren como Embajada en Washington. No hará falta subir al primer piso y apostarse a la barra del pequeño bar Hemingway, bautizado con el nombre del famoso escritor estadounidense que vivió largo tiempo en Cuba. Esta vez los quinientos invitados llenarán casi todas las salas del edificio, así como el jardín, donde será izada labandera de las barras y el triángulo con estrella, en el mástil ya colocado hace unas semanas en previsión de este momento.
Aquí, sobre una colina desde la que la calle luego desciende hacia la Casa Blanca, en la llanura del río Potomac, se construyeron varias mansiones destinadas a embajadas. La primera fue precisamente la que levantó el Gobierno de Cuba, que no hacía mucho había ganado la independencia. Casi enfrente, está la Embajada que España usó hasta el último cambio de siglo, levantada inicialmente con el propósito de albergar la residencia del vicepresidente de Estados Unidos, pero que, al no tener ese uso, fue adquirida en la década de 1920 por la dictadura de Primo de Rivera. España sigue usando esa mansión como centro cultural.
La representación cubana fue elevada a categoría de Embajada en 1923. Allí se hospedó Fidel Castro en su viaje de abril de 1959, en su primera y única visita a Washington (después acudió varias veces a Nueva York para intervenir ante la Asamblea General de las Naciones Unidas). La Embajada cerró sus puertas en enero de 1961, al igual que ocurrió con la Embajada de Estados Unidos en el malecón de La Habana, tras la ruptura de relaciones diplomáticas, y el edificio quedó vacío. En el año 1977 fue de nuevo ocupado, como Sección de Intereses de Cuba.
Fuente: ABC.es
