La resistencia a ese estilo de vida sobreprotector y profundamente opresivo la volcó al periodismo. A través de entrevistas, trabajos de campo y crónicas, en los que combina narrativa literaria con rigor fáctico, retrató como pocos ese fallido intento por construir un "hombre nuevo".
"El homo sovieticus nunca ha tenido experiencia de libertad o democracia. Creímos que nada más con derribar la estatua de (el fundador del KGB) Félix Dzherzhinski seríamos Europa. La democracia es un trabajo duro que lleva generaciones", dijo en una entrevista concedida a la agencia EFE en 2013, al recibir el Premio de la Paz de los Libreros Alemanes.
"El hombre soviético no ha desaparecido. Es una mezcla de cárcel y guardería. No toma decisiones y simplemente está a la espera del reparto. Para esa clase de hombre, la libertad es tener veinte clases de embutido para elegir", agregó.
El momento en que anuncian la entrega del Nobel de Literatura a Alexievich
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Su carrera profesional comenzó en 1972, cuando se graduó en la Facultad de Periodismo de Minsk. Desde entonces, trabajó en distintos periódicos y revistas de su país, con la sutileza y la precisión necesarias para evadir la censura soviética.
Aunque no siempre consiguió sortearla. En 1983 las autoridades le impidieron publicar su primer libro, La guerra no tiene rostro de mujer, porque lo consideraban "naturalista y pacifista". Recién con la perestroika y el resquebrajamiento del régimen consiguió más difusión. Por ejemplo, con su segunda obra, que abriría una serie de cinco libros sobre el homo sovieticus, El hombre rojo, La voz de la utopía.
También escribió sobre la Guerra de Afganistán, el Vietnam de la Unión Soviética
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En Últimos testigos volvió a abordar uno de sus temas predilectos, la guerra y sus devastadoras consecuencias humanas. Así como en su primer libro repasaba el sufrimiento de las mujeres, cuyo papel fue siempre soslayado por no ser las que portaban los fusiles en el frente de batalla, en éste entrevistó a decenas de personas que vivieron la Segunda Guerra cuando eran niños.
'El hombre rojo: la voz de la utopía'. Así se llamó su serie de cinco libros sobre el homo sovieticus
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Esta misma línea siguió en Los chicos del zinc (1989), donde trata la Guerra de Afganistán -que bien puede considerarse como el Vietnam de la Unión Soviética-, desde la perspectiva de las madres de los soldados muertos.
Comunismo y tragedia reaparecieron en 1997, con la publicación de Voces de Chernobyl. Allí repasa testimonios de sobrevivientes de la mayor catástrofe nuclear de la historia.
Como una lamentable ratificación de que el espíritu soviético sigue presente en su país, en 2000 tuvo que abandonar BIelorrusia, perseguida por el régimen de Alexander Lukashenko, en el poder desde 1994. En 2011, un poco gracias a que se atenuó la represión, y otro poco porque ya se había convertido en una escritora de fama mundial, pudo volver a Minsk, donde vive actualmente.
Svetlana Alexievich tuvo que exiliarse entre 2000 y 2011, perseguida por el régimen de Aleksandr Lukashenko
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En 2013 publicó su último libro sobre la persistencia del homo sovieticus, Tiempo de segunda mano: la historia moderna de Rusia y la antigua Unión Soviética en confesiones dramáticas.
"Es una metáfora de nuestra ineptitud para lo nuevo. Fuimos incapaces de vivir esta nueva vida, no encontramos la fuerza para ello, o para tener ideas, deseos, experiencia. Durante la perestroika, creímos que era cuestión de hablar y ya tendríamos libertad. Pero resultó que la libertad cuesta un montón de esfuerzo. De algún modo, siempre creemos que si derramamos nuestra sangre por elevados ideales, algún tipo de vida nueva va a llegar. Pero una “vida nueva” es un trabajo largo y aburrido", contó en una entrevista que dio al Rossíyskaya Gazeta poco después de su publicación.
"El socialismo permanece en las profundidades del ser humano", dice la cronista
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"El socialismo oficial desapareció junto con sus rituales y aparato. Pero permanece en las profundidades del ser humano. Hace 20 o 25 años pensamos, de una manera valiente e ingenua, que sería fácil apartarse de esa experiencia terrible, casi inhumana. Pero resulta que no lo es. Que el hombre rojo todavía vive en nosotros", agregó.
Fuente: EFE/ Infobae