Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.
13-1-2016
El líder opositor reveló detalles de las horas previas a su detención por parte de la justicia chavista. "Temía que me pudiesen montar en un helicóptero y sacarme de Venezuela", afirmó.
El texto completo
El líder de Voluntad Popular, Leopoldo López, publicó una carta titulada "La cobardía de Diosdado Cabello", en la que describió detalles de las horas previas a su detención. Contó como el por entonces presidente de la Asamblea Nacional venezolana intentó convencerlo para que salga del país o para que se refugie en alguna embajada.
"Lo primero que dijo (Cabello) fue que lo mejor para todos era que yo me fuera del país, y que incluso, si yo accedía y aceptaba su oferta, él 'amablemente' podía ayudar con las gestiones necesarias para tal fin", narró el preso político.
También contó el temor de su familia y sus sensaciones antes de entregarse a la justicia chavista. "Cabello les reconoció que yo era inocente y que esto era una medida política", expresó.
La cobardía de Diosdado Cabello
La madrugada del domingo 16 de febrero, dos días antes de mi presentación ante la justicia injusta, allanaron mi casa y la de mis padres, donde estaban mis dos hijos y Lilian, mi esposa. Ese día se presentó Diosdado Cabello ante mi familia, quién llegó con un plan que sólo puedo calificar de cobarde como su autor: Nicolás Maduro. Ese plan no era otro que aprovechar los temores de mi familia sobre la situación en la que me encontraba para manipularla y así convencerla de que lo mejor era que me fuera del país.
Todo empezó con la llegada, minutos antes, de 20 hombres vestidos de negro, con capuchas, armas largas y una orden de captura por terrorismo y homicidio. Luego de requisar la casa e intimidar a mi familia les informaron que el presidente de la Asamblea Nacional estaba en camino y que quería hablar con ellos.
Al llegar, lo primero que dijo fue que lo mejor para todos era que yo me fuera del país, y que incluso, si yo accedía y aceptaba su oferta, él "amablemente" podía ayudar con las gestiones necesarias para tal fin. Lo que no sabía Cabello es que ese mismo día más temprano yo le había hecho llegar mi decisión a mi familia a través de la única persona con quien me reuní durante mi clandestinidad: Carlos Vecchio.
Mi familia, en medio de muchísima tensión, ya albergaba el temor de que a mí me pudiera pasar algo y le había pedido a Carlos que por favor me tratara de convencer para que pensara bien la opción de salir del país. Yo escuché ese mensaje y confieso que como hijo, padre y esposo que soy, lo entendí, porque no es fácil ver a un ser querido en una situación de peligro, y mucho menos sabiendo de lo que son capaces de hacer los miembros de la élite corrupta de la dictadura. Sin embargo, le pedí a Carlos que les comunicara a todos la decisión firme que había tomado: le iba a dar la cara a la dictadura y me presentaría voluntariamente ante una justicia injusta, y eso lo haría el martes 18 de febrero. Fue oportuno y clave que ese mensaje les haya llegado a todos antes, puesto que por ellos saber de antemano cuál era mi decisión le pudieron dejar muy claro a Cabello que yo nunca me iría de Venezuela.
Ante la negativa de la salida del país, Cabello propuso una segunda opción: que yo pidiera asilo y me encerrara en alguna embajada, aclarando que era algo en lo que él también estaba dispuesto a "ayudar" haciendo las gestiones necesarias. La respuesta fue la misma: No.
Me cuentan mis padres y Lilian que la "reunión" fue cordial dentro de lo que cabe decir en un momento de extrema tensión e intimidación como ese. Me cuentan incluso que ante la insistencia de Lilian de que me estaban persiguiendo injustamente, Cabello les reconoció que yo era inocente y que esto era una medida política. Dijo que les tomó por sorpresa nuestro llamado a la calle, sobre todo luego de los resultados de las elecciones municipales donde Voluntad Popular había salido como el partido de la Unidad con el mayor número de alcaldías, de las cuales la inmensa mayoría las ganamos en lugares donde siempre había ganado el PSUV (incluyendo el Municipio Maturín, capital del Estado Monagas, segundo estado en importancia por su capacidad de producción petrolera y casualmente estado natal de Cabello y de donde fue electo como diputado). Esa primera reunión terminó sin ningún acuerdo por una simple y llana razón: no había nada que acordar.
El mismo domingo 16 de febrero, desde la clandestinidad, grabé un video para pedirle al pueblo de Caracas que por favor me acompañara el día martes 18 de febrero en mi presentación ante la justicia injusta. La respuesta del gobierno no se hizo esperar. Esa misma noche, en cadena nacional, Nicolás Maduro volvió a arremeter en mi contra, llamándome terrorista y asesino, y reiterando que la fuerza pública estaba desplegada buscándome. En esa cadena también asomó por primera vez la tesis de que había sectores interesados en asesinarme.
La madrugada del martes 18, Maduro y Cabello, en vista de no haber logrado que me fuera del país ni que me encerrara en una embajada, y faltando ya pocas horas para mi presentación, decidieron aumentar el nivel de presión sobre mi familia. Cabello se volvió a comunicar con Lilian pidiendo otra "reunión". Nuevamente fue a la casa de mis padres y en esa oportunidad el planteamiento fue otro, el más cobarde de todos. Decía tener información que comprobaba que me iban a asesinar si me presentaba en público: "La derecha fascista lo quiere matar y los colectivos también, y es muy difícil controlar a estos últimos". Su propuesta fue que, ya que yo había decidido presentarme, que lo hiciera en un lugar "controlado", sin gente, a excepción de algunos testigos, pero que no lo hiciera en la manifestación porque me iban a matar. "La gente de la derecha va a aprovechar el acto de presentación de Leopoldo para cometer un atentado contra de su vida. Mi recomendación es que se entregue en privado".
Cómo es lógico un planteamiento de ese calibre expuesto por alguien como Diosdado Cabello tuvo un fuerte impacto sobre mi familia. Desde las 3 de la madrugada Lilian, muy angustiada, me pedía que no me presentara, que pensara en nuestros pequeños hijos. Lo mismo me pedían mis padres. La angustia de ellos era más que comprensible. Ya la amenaza había escalado a lo más alto que podía escalar, la muerte. Mi madre me dijo: "Leo, piensa en Lilian. Piensa en Manuela y en Leopoldo, tus hijos. Piensa en lo que significa que te estás entregando a una justicia injusta y que no sabemos cuánto tiempo vas a estar en esto". Lilian y mis padres me insistieron hasta el último minuto y yo, aunque no podía dejar de pensar en ellos ni un solo segundo, siempre me negué a no presentarme. Ya la convocatoria estaba hecha y estaba comprometido con la gente. Ya yo había tomado una decisión que aún hoy mantengo que es la correcta: jamás me iría de Venezuela e iba enfrentar en todos los terrenos, en todos, y en especial en el terreno moral, a la dictadura. La clandestinidad y el exilio no eran opciones posibles porque de esa forma yo iba a quedar prisionero de mi alma.
Ese martes, a las 4 de la madrugada, salí de la casa en donde estuve en clandestinidad hacia Caracas. A las 11 de la mañana me presenté ante una justicia injusta y luego de eso fui trasladado a La Carlota, donde a los pocos minutos llegó Diosdado Cabello.