Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.
El opositor relata cómo el nuevo socialismo destruyó Venezuela y señala similitudes inquietantes entre el chavismo y el auge de Podemos: "A Chávez lo aupó una clase media que buscaba vengarse del bipartidismo".
Por: Rafael Núñez Huesca
Hasta hace dos semanas Alberto Pérez Levy era un completo desconocido en España. Uno más de los miles de venezolanos que han llegado a España buscando las oportunidades que su patria, depauperada por el chavismo, les ha negado. Hasta que se viralizó el vídeo de su discusión con un podemita. La pieza en realidad es de 2015, pero por cosa de los duendes digitales ha estallado ahora. A él le pillo fuera, acompañando al padre del opositor Leopoldo López en un viaje en el que deban a conocer la dura realidad del chavismo: “Me llamaron y me dijeron, Alberto, eres Trending Topic. Yo no daba crédito, ¡lo único que tengo son mil seguidores en mi twitter (@activistaglobal)!".
Pérez Levy salió de Venezuela por un cúmulo de circunstancias. Hacía política, trabajaba con Antonio Ledesma, ahora encarcelado, en la alcaldía metropolitana de Caracas. Era Secretario de la Jefatura Civil del Recreo, algo así como responsable de un distrito. “Fue muy duro porque desde que tomamos posesión el Gobierno nacional empezó a quitarnos competencias”. En el caso del distrito de Alberto llegaron incluso a expulsarles del edificio. Tuvieron quetrabajar en la calle, “tomando corriente para los ordenadores en los postes de luz”. Chávez les quitó todos los recursos. La situación se fue degradando hasta que encarcelaron a Richard Blanco, que era el perfecto de Caracas. A eso se sumó el proceso de deterioro económico, que se agudizó muy rápidamente. Fue entonces cuando se plantearon venir a España. “Llegamos en plena crisis, año 2010. Aún así era mucho más prometedor venir a España que quedarnos en lo que se estaba convirtiendo Venezuela. No nos equivocamos”.
Vino con su esposa, recién casado, en 2010. Sin trabajo ni familia en España y con diez mil euros en el bolsillo, fruto de los ahorros de ambos y de malvender un coche. Sí tenían amigos aquí, venezolanos que les precedieron en el éxodo que provocó –y provoca- el chavismo. Emprendió su propio negocio de catering, el mismo que ya tenía en Venezuela, y prosperó. Tuvieron una criatura, que hoy cuenta dos años: “él ya es español”. Lo dice y se le ilumina el rostro. “Español”. “Mi hijo se llama Santiago y no Guaicaipuro (nativo indígena, jefe de varias tribus caribes). Ni Brian. Ni William. Y se llama Santiago porque la capital de Venezuela se llama Santiago de León de Caracas, y se llama así porque es de origen español. Yo soy católico, me críe en esos valores, a veces con dudas, pero de cultura católica”.
Su esposa, hija de españoles, tiene ya la doble nacionalidad; él está en trámites: “para mí es un orgullo ser español y estoy muy ilusionado con todo este proceso… aunque ustedes no lo entiendan”. Alberto, después de seis años, aún no alcanza a entender “lo poco que quieren y valoran los españoles su país; aquí la españolidad está completamente desprestigiada; no saben lo que tienen”. Es algo que ha detectado en multitud de conversaciones: “algunas personas han intentado incluso quitarme la ilusión por ser español”. Y en este sentido revela una confidencia a su entrevistador: “Durante la entrevista que mantuvimos Leopoldo López (padre) y yo con Zaida Cantera, (exmilitar y fichaje del PSOE) y viendo ella nuestro entusiasmo por España, nos quiso moderar. Nos dijo que siempre había que ser críticos ‘con el padre de uno’. Leopoldo le respondió que España era su madre y que lo sentía pero que él sólo podía quererla”.
Alberto es de origen sefardí –su segundo apellido es Levy-. “Yo en España me siento en mi tierra. Como en Venezuela. Yo no me llamo Túpac Amaru, me llamo Alberto Pérez”. Lamenta el éxito del chavismo a la hora de azuzar la hispanofobia “y en querer convertirnos en lo que no somos”. El chavismo, cuenta, jugó con ese cierto desprestigio que existe en los pueblos hispanos por una historia, “que buena o mala es nuestra historia”. Es una narrativa que explotaron los chavistas y que “ahora también explota Podemos, o en el pasado la fundación CEPS, liderada por Pablo Iglesias”. Llevarnos al punto de deconstrucción de nuestros valores, denuncia. “Esto ha calado mucho aquí”.
A Alberto le preocupan sobremanera los problemas de identidad y unidad que padece su país de acogida, pronto ya su propio país a todos los efectos. Ha pensado mucho en el asunto. Mucho más que la inmensa mayoría de españoles de este lado del Atlántico: “En realidad, el origen de los movimientos independentistas españoles está en un desprestigio de la españolidad. Hay mucha gente que siente lo que ocurre como siemple decepción, pero detrás de eso hay mucha gente que lo está trabajando políticamente, y muchas veces inventando, para romper la unidad del país… y la unidad entre sus compatriotas, que fue lo que se hizo en Venezuela. Divide y vencerás”.
Alberto es un activista. Combatió el chavismo en Venezuela y lo combate en España, “y ahora jugaré la carta de la unidad, no de la división. De la unidad de España, porque es ahí donde nos encontramos. Lo contrario es lo que ocurrió en Venezuela: familias rotas, matrimonios rotos, padres que no hablan a sus hijos, hijos que no hablan a sus padres... En Venezuela se rompieron los lazos para siempre, en lo que de mi dependa, intentaré que eso no ocurra en España”.
(Alberto y otros venezolanos arropan a Lilian Tintori, esposa del líder opositor encarcelado Leopoldo López)
Uno de los ingredientes de ese mejunje ideológico que llamamos chavismo es el indigenismo.
El indigenismo ha sido un instrumento electoral para construir esa nueva identidad nacional. La obsesión de diferenciarnos. Antes de Chávez tenía una representación mínima. Ahora hay que decirles afroamericanos a los hermanos negros. Mi hermana es más oscura que yo y la llamamos la negra de la familia. ¿Sabe qué? Ahora ya no se le puede decir.
Incluso a Bolívar le hacen retratos poniéndole rasgos indígenas.
Era un blanco criollo, un cacique que sólo le faltó vivir en Madrid y ahora lo convierten en un luchador por los negros. No tiene sentido.
Alguno se le va a enfadar mucho.
Me da igual, a mi no me van a dar lecciones de nada. Cuando a mi estos podemitas me dicen “facha” me gustaría que averiguaran quién es uno. Yo vengo de la socialdemocracia, mi abuelo era ateo, casi comunista y fundó comunas en Venezuela. Mi padre militó en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, ¡ponía bombas en la Universidad!
¿Y usted dónde se ubica en lo ideológico?
Mi padre acabo graduándose en la Universidad, se le enfrió la cabeza, se hizo abogado, la empresa privada. Se movió hacia un progresismo cívico. En la casa donde crecí había mucha literatura. Estaba Adam Smith, más que Marx. Quizás algunos poemas de Tolstoi por ahí, pero economía social de mercado. Friedman. Eso es lo que yo he visto, eso es lo que yo he leído. A Dios gracias.
Viene a España cuando aún no existe Podemos y es espectador de primera línea de su nacimiento y evolución… ¿le recuerda a algo?
El paralelismo con Venezuela es absoluto. Por el discurso, por la situación difícil, por la crisis del bipartidismo… déjà vu total. Están todos los elementos para que acabemos igual. Si no se ha producido aún la catástrofe es por el esfuerzo de muchas instituciones y de mucha gente a la que le importa España
¿Quizá en España nos ha salvado, además del precedente venezolano, que aquí había una clase media más ancha que allí?, ¿que aquí había más que perder?
Aquí hay una gran fortaleza que es la diversificación de la economía y de los medios de producción. Creo que el secreto está en el entramado social, las pequeñas y medianas empresas, que es donde está la conciencia real, que es de centro, que es de progreso, de querer vivir mejor. Eso es lo que ha frenado hasta el momento al chavismo en España.
A Chávez lo eligen las clases medias.
Claro, en el año 98 votaba en Venezuela la clase media, no votaban los sectores populares. Éramos tres millones y medio los que votábamos, ahora votan quince. A Chávez lo elegimos nosotros, efectivamente, la clase media. Abrumadoramente. Nosotros queríamos una venganza.
En eso también hay un paralelismo.
Claro, somos la misma cultura. Tenemos que ver a alguien caer, y ese alguien tienen que ser los partidos tradicionales.
El carácter carismático de Pablo Iglesias, ¿es equiparable al de Chávez?, ¿llega hasta aquí el paralelismo?
No. Chávez tenía bastante más carisma y sobre todo era un profundo conocedor de la idiosincrasia del pueblo venezolano. Pablo Iglesias es un chaval de clase media que ha tenido todas las oportunidades. No vivió las circunstancias que vivió Chávez, una infancia difícil, con carencias. No son comparables, Iglesias pertenece a una élite universitaria. Como el resto de la cúpula del partido. Por cierto que a mi me dieron clase.
¿Cómo es eso?, cuente, cuente…
Cuando vine a España me matriculé en la Universidad Complutense y me dio clases Errejón y Monedero. Íñigo era como muy distante, pero Monedero no. Monedero me buscaba por mi condición de venezolano, buscaba el conflicto.
¿El trato era correcto?
Me provocaba, quería provocar discusiones sobre Venezuela. Nunca caí. Yo quería pasar la materia, algo que por cierto no logré. Él iba con una pila de folios de diferentes colores a la hora de examinar a los alumnos. A mi siempre me daba un folio blanco, a sus correligionarios, folios todos del mismo color.
¿En serio?
Sí. O sea, fascistas ellos. Fascista él.
O sea, a los suyos les daba un color diferente para, a la hora de corregir, saber a quién tratar mejor y a quién peor.
¡Claro!
Un código de colores en función de la afinidad ideológica.
Así es. No hay otra explicación.
(Con Felipe González, uno de los líderes socialistas más comprometidos con la democracia en Venezuela)
Hábleme del futuro de Venezuela a corto plazo. ¿Se le está yendo el país de las manos a Maduro?, ¿esto supone una oportunidad para la oposición?
No necesariamente.
Explíquese.
Ha habido muchos rumores en las últimas semanas de un posible golpe de Estado, y ahí perdemos todos. Un gobierno de fuerza en Venezuela sería fatal para todo el país.
Pero, ¿habla de que un militar antichavista tomara el poder?
No tiene por qué. Probablemente sería incluso un autogolpe. Sería la solución. De ellos. Acuérdese que el chavismo ha ido dejando en manos del ejército no sólo el gobierno, también las empresas básicas del país. La producción de petróleo inclusive. Y así, ante una posible llegada de la oposición al poder, se han ido entregando las bases del poder a los militares para resguardarles.
¿Pero los militares siguen apoyando al régimen?, ¿no hay discrepancias dentro del ejército?
La inmensa mayoría del ejército está en contra de esta situación porque tienen familiares que están viviendo todas estas calamidades, pero el generalato, la cúpula de poder, está con el régimen. Y hay una circunstancia que lo complica todo aún más, y es el hecho que toda esa cúpula está siendo investigada, muchos de ellos por narcotráfico, en EEUU, incluso en La Haya. Y otros por violación de Derechos Humanos. De modo que no tienen adónde ir.
No tienen salida.
No. Y nosotros tampoco podemos prestársela. No sólo por la reticencia de mucha gente de la oposición, que está herida legítimamente por todo lo que ha pasado. Pero es que incluso políticamente hacerles un puente a estas personas es difícil porque esos crímenes no prescriben. Por más que nosotros quisiéramos hacer una ley de amnistía, nunca sería válida contra crímenes de lesa humanidad. Así que ellos están haciendo un ejercicio de repliegue.
Ahora la oposición controla el Congreso, ¿cuándo son las próximas elecciones para elegir al presidente?
En 2019. Y las de alcaldes y gobernadores deberían celebrarse este año.
¿La oposición está unida?
Bueno, dentro de nuestras diferencias, sí, bastante unida.
Porque fue algo que siempre se le achacó, la falta de unidad, a la oposición.
En los momentos en los que se ha necesitado que estuviéramos unidos lo hemos estado, y lo hemos demostrado. El 6 de diciembre (elecciones al parlamento) se demostró. Los candidatos de oposición fueron consensuados en todos los circuitos de Venezuela, que es muy difícil. Y en los formas de cómo hacer las cosas discrepamos, sí, pero porque somos demócratas. En el fondo es esa discrepancia sana la que nos hace fuertes. Mucha gente quisiera vernos como un solo bloque, pero entonces seríamos el chavismo. Si perseveramos en esa unidad en los momentos clave, podemos hacer cosas importantes.
¿Qué líderes son los de mayor predicamento en la oposición?
Leopoldo López, que es el líder de mi partido. Pero está Henrique Capriles Radonski también. Y el alcalde Antonio Ledesma, y María Corina Machado, que es una empresaria de clase media alta que representa al que vendría a ser el sector conservador del país. Y está el actual presidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup, que se ha convertido en un icono por limpiar los espacios de la Asamblea. Porque ni siquiera los dictadores más grandes hicieron nunca del Palacio del Congreso un lugar de culto a nadie. Siempre estuvo Simón Bolívar, que ya es bastante.
Y todos estos… cuando llegue el momento, ¿se pondrán de acuerdo?
(Sonríe) Todos esos quieren ser presidente. Todos y cada uno de ellos quieren ser presidente. Y sólo le he hablado de los que están más arriba, luego para abajo hay muchos más. Y todos quieren ser presidente de Venezuela.
Esto puede suponer un problema.
Sí, pero también puede ser una oportunidad. Mire, Voluntad Popular viene de la escisión de Primero Justicia. En el año 2006 Primero Justicia se divide en dos corrientes, que son las de Henrique Capriles y la de Leopoldo López, pero en realidad somos la misma gente, aunque el partido sea diferente.
¿Y cómo se llevan entre ellos, entre López y Capriles?
Mal.
Vaya. Son un perfil muy similar. Incluso de la misma quinta.
Totalmente. Fueron compañeros del colegio.
Podrían hacer un tándem, un ticket como dicen los americanos, muy bueno.
Yo lo haría. Mi propuesta personal, que he trasladado al partido, es precisamente esa. Que gobierne cinco años uno y cinco años el otro.
Ustedes están intentando ahora un referéndum revocatorio para botar a Maduro.
Sí.
¿En qué consiste?
Si lo piden el número de personas necesarias, el presidente de la república tiene que renunciar y convocar elecciones. Pero tiene que pedirlo una persona más de las personas con las que fue electo el presidente. Son siete millones y medio de votos. Hay que sacar un voto más que eso.
Nosotros hemos cumplido con los pasos necesarios para que se active el referéndum, pero está el Tribunal Electoral, que controla el chavismo, y que está poniendo todos los impedimentos posibles. Si se logra el referéndum, que ellos no van a permitir, podría haber un cambio de gobierno este mismo año. Pero si los tiempos no se dan, y están haciendo todo para que los tiempos no se den (la fecha límite es el primero de octubre de 2016), todo seguirá igual.
(Alberto Pérez Levy y Carme Chacón en un acto del PSOE)
¿Están ustedes organizados aquí?
Sí. Aunque el Gobierno no permite tener capítulos (delegaciones) en el exterior, hemos registrado asociaciones civiles que son el equivalente. Yo soy el responsable para Europa de Voluntad Popular, el partido de Leopoldo López. Y es aquí en Madrid, y en Tenerife, donde está el fuerte de nuestra actividad política.
¿A qué partido equivaldría Voluntad Popular?
Estamos inscritos en la Internacional Socialista. Políticamente nos hermanamos con el PSOE. Ahora bien, hemos recibido apoyo de todos: de PSOE, PP y Ciudadanos. Y hay una gran afinidad con Ciudadanos. Con cómo nació, cómo se estructura, hay una gran y hasta con los colores, que son los mismos.
Llama la atención que la resistencia al chavismo no venga de movimientos conservadores sino de otros movimientos socialistas, si bien no marxistas. ¿No hay una oposición conservadora en Venezuela?
En Venezuela no existe la derecha. Existe, o existía, una élite económica. La oligarquía que llamaba Chávez, que conservadora, aunque en realidad estuvo con todos los gobiernos, también con el chavismo. De hecho el chavismo llega de mano de la élite económica venezolana, los medios de comunicación y lo que nosotros llamamos el Country Club (los barrios de las familias adineradas). De modo que la derecha, tal y como se entiende aquí en España, católica, conservadora, no existe.
La tradición, el orden, la identidad nacional… ¿no tienen cauce político allí?
Estructuralmente no. Hay personalidades, por supuesto, de ese corte o temperamento. Incluso la Iglesia en Venezuela está muy inscrita en la Teoría de la Liberación. Hay un partido, COPEI, más conocido como Partido Socialcristiano (inscrito en la Internacional Demócrata de Centro) que es quizá lo más asimilable a la derecha. Pero ni siquiera.
De modo que no hay un equivalente al Partido Popular en Venezuela.
No. Ni siquiera cercano. Cosas locales en algunas provincias. Quizá Proyecto Venezuela, pero está circunscrito a una sola provincia.
Háblame de Voluntad Popular, ¿es el principal partido de la oposición en Venezuela?
El que obtuvo más diputados es Primero Justicia, luego Acción Democrática.
¿Cómo llega Venezuela a la atomización parlamentaria actual?
Sí, Venezuela viene de una historia muy similar a España respecto del bipartidismo. Allí estaban Acción Democrática, que era la socialdemocracia, y COPEI, que eran los socialcristianos. Algo parecido al PSOE y al PP de aquí, pero más hacia el centro. La llegada de Chávez dinamita el bipartidismo y produce una fragmentación del arco parlamentario. Empiezan a aparecer escisiones de los partidos anteriores y otros totalmente nuevos, como el caso de Primero Justicia y Voluntad Popular.
La criminalidad. Háblame de ello. Es un asunto que en España impresiona muchísimo. Algunos teóricos apuntan a que en realidad es una herramienta chavista de control social.
Sí claro. Eso se promovió desde la llegada de Chávez al poder. Mire, desde que Chávez asumió el poder se impuso un doble relato: ser rico es malo y los que roban para comer son buenos. Eso legitimó lo que vino luego. Formaba parte del plan de destrucción de nuestro sistema y de nuestra identidad.
Delinquir dejó de estar mal.
Justo. Venezuela pasó en el año 98 de 3.000 muertes a casi 30.000 que hay ahora. Mire, el descontrol de la violencia es en realidad un control soterrado. En Venezuela hay un monopolio de la producción y comercialización de las armas en manos de ejército, de modo que para adquirir un arma hay que pasar necesariamente por el ejército. De modo que todas las armas que hay en Venezuela, que son más de dos millones en manos de los delincuentes… ¿cómo entraron? Además, con un gobierno que controla férreamente las fronteras. Es el propio gobierno el que maneja el mercado de las armas. Y el de las drogas. Los colectivos de la droga son abiertamente afines al gobierno, están auspiciados por el gobierno.
¿Auspiciados en qué sentido?
No los combaten, les dejan operar. Son los mismos colectivos criminales que cuando se producen manifestaciones contra el gobierno, reprimen a la oposición. Son los que mataron a los jóvenes de 2014. Hay multitud de fotos y vídeos que demuestran que funcionan coordinados con las fuerzas de represión del Estado. Son los colectivos criminales los que hacen el trabajo sucio.
¿Ha padecido usted esta violencia?
¡Claro! Todo venezolano que le pregunte ha sido víctima de la violencia. O él o un familiar de su entorno cercano. Yo he sido golpeado por los afines al gobierno, he recibido gas lacrimógeno, me han disparado perdigones (señala una cicatriz)… todo el que ha estado en una manifestación en Venezuela ha sido reprimido. En realidad, una de las razones por las que vinimos fue por eso, por la espiral de violencia en la que se sumió el país. Nos encañonaron a mi esposa y a mi, y yo me enfrenté a ellos instintivamente. Pudieron habernos asesinado. Fue cuando pensamos, ¿qué estamos haciendo aquí?
¿Algún amigo o familiar se llevó un susto mayor?
(Alberto hace una pausa, se toma su tiempo, respira hondo y finalmente responde, aunque con la voz quebrada) Mi primo. Mi primo Gustavo. 19 disparos. (Repite) 19 disparos. Vivía en un sector difícil de Caracas, que es el 23 de enero, y lo mataron. 19 disparos.
¿Se sabe por qué?
Ajuste de cuentas, dijeron. De los 28.000 homicidios al año, el 93% quedan impunes. No se investigan. No se sabe qué paso. Son datos del gobierno. Es lo que dicen ellos. Y luego hay otra cantidad de desparecidos y muertos que ni siquiera aparecen en las estadísticas.
¿Si Venezuela volviera a ver la luz, volvería allí a vivir?
No creo. La última vez que fui, que fue en 2012, ya no reconocía al país. Ese ya no es mi país. Yo tengo un niño de dos años que espero que se gradué aquí y poder ir a Venezuela de visita. A ver a mi familia, a ver a mis amigos. Pero de visita.
Fuente: Gaceta.es
Pérez Levy salió de Venezuela por un cúmulo de circunstancias. Hacía política, trabajaba con Antonio Ledesma, ahora encarcelado, en la alcaldía metropolitana de Caracas. Era Secretario de la Jefatura Civil del Recreo, algo así como responsable de un distrito. “Fue muy duro porque desde que tomamos posesión el Gobierno nacional empezó a quitarnos competencias”. En el caso del distrito de Alberto llegaron incluso a expulsarles del edificio. Tuvieron quetrabajar en la calle, “tomando corriente para los ordenadores en los postes de luz”. Chávez les quitó todos los recursos. La situación se fue degradando hasta que encarcelaron a Richard Blanco, que era el perfecto de Caracas. A eso se sumó el proceso de deterioro económico, que se agudizó muy rápidamente. Fue entonces cuando se plantearon venir a España. “Llegamos en plena crisis, año 2010. Aún así era mucho más prometedor venir a España que quedarnos en lo que se estaba convirtiendo Venezuela. No nos equivocamos”.
Vino con su esposa, recién casado, en 2010. Sin trabajo ni familia en España y con diez mil euros en el bolsillo, fruto de los ahorros de ambos y de malvender un coche. Sí tenían amigos aquí, venezolanos que les precedieron en el éxodo que provocó –y provoca- el chavismo. Emprendió su propio negocio de catering, el mismo que ya tenía en Venezuela, y prosperó. Tuvieron una criatura, que hoy cuenta dos años: “él ya es español”. Lo dice y se le ilumina el rostro. “Español”. “Mi hijo se llama Santiago y no Guaicaipuro (nativo indígena, jefe de varias tribus caribes). Ni Brian. Ni William. Y se llama Santiago porque la capital de Venezuela se llama Santiago de León de Caracas, y se llama así porque es de origen español. Yo soy católico, me críe en esos valores, a veces con dudas, pero de cultura católica”.
Su esposa, hija de españoles, tiene ya la doble nacionalidad; él está en trámites: “para mí es un orgullo ser español y estoy muy ilusionado con todo este proceso… aunque ustedes no lo entiendan”. Alberto, después de seis años, aún no alcanza a entender “lo poco que quieren y valoran los españoles su país; aquí la españolidad está completamente desprestigiada; no saben lo que tienen”. Es algo que ha detectado en multitud de conversaciones: “algunas personas han intentado incluso quitarme la ilusión por ser español”. Y en este sentido revela una confidencia a su entrevistador: “Durante la entrevista que mantuvimos Leopoldo López (padre) y yo con Zaida Cantera, (exmilitar y fichaje del PSOE) y viendo ella nuestro entusiasmo por España, nos quiso moderar. Nos dijo que siempre había que ser críticos ‘con el padre de uno’. Leopoldo le respondió que España era su madre y que lo sentía pero que él sólo podía quererla”.
Alberto es de origen sefardí –su segundo apellido es Levy-. “Yo en España me siento en mi tierra. Como en Venezuela. Yo no me llamo Túpac Amaru, me llamo Alberto Pérez”. Lamenta el éxito del chavismo a la hora de azuzar la hispanofobia “y en querer convertirnos en lo que no somos”. El chavismo, cuenta, jugó con ese cierto desprestigio que existe en los pueblos hispanos por una historia, “que buena o mala es nuestra historia”. Es una narrativa que explotaron los chavistas y que “ahora también explota Podemos, o en el pasado la fundación CEPS, liderada por Pablo Iglesias”. Llevarnos al punto de deconstrucción de nuestros valores, denuncia. “Esto ha calado mucho aquí”.
A Alberto le preocupan sobremanera los problemas de identidad y unidad que padece su país de acogida, pronto ya su propio país a todos los efectos. Ha pensado mucho en el asunto. Mucho más que la inmensa mayoría de españoles de este lado del Atlántico: “En realidad, el origen de los movimientos independentistas españoles está en un desprestigio de la españolidad. Hay mucha gente que siente lo que ocurre como siemple decepción, pero detrás de eso hay mucha gente que lo está trabajando políticamente, y muchas veces inventando, para romper la unidad del país… y la unidad entre sus compatriotas, que fue lo que se hizo en Venezuela. Divide y vencerás”.
Alberto es un activista. Combatió el chavismo en Venezuela y lo combate en España, “y ahora jugaré la carta de la unidad, no de la división. De la unidad de España, porque es ahí donde nos encontramos. Lo contrario es lo que ocurrió en Venezuela: familias rotas, matrimonios rotos, padres que no hablan a sus hijos, hijos que no hablan a sus padres... En Venezuela se rompieron los lazos para siempre, en lo que de mi dependa, intentaré que eso no ocurra en España”.
(Alberto y otros venezolanos arropan a Lilian Tintori, esposa del líder opositor encarcelado Leopoldo López)
Uno de los ingredientes de ese mejunje ideológico que llamamos chavismo es el indigenismo.
El indigenismo ha sido un instrumento electoral para construir esa nueva identidad nacional. La obsesión de diferenciarnos. Antes de Chávez tenía una representación mínima. Ahora hay que decirles afroamericanos a los hermanos negros. Mi hermana es más oscura que yo y la llamamos la negra de la familia. ¿Sabe qué? Ahora ya no se le puede decir.
Incluso a Bolívar le hacen retratos poniéndole rasgos indígenas.
Era un blanco criollo, un cacique que sólo le faltó vivir en Madrid y ahora lo convierten en un luchador por los negros. No tiene sentido.
Alguno se le va a enfadar mucho.
Me da igual, a mi no me van a dar lecciones de nada. Cuando a mi estos podemitas me dicen “facha” me gustaría que averiguaran quién es uno. Yo vengo de la socialdemocracia, mi abuelo era ateo, casi comunista y fundó comunas en Venezuela. Mi padre militó en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, ¡ponía bombas en la Universidad!
¿Y usted dónde se ubica en lo ideológico?
Mi padre acabo graduándose en la Universidad, se le enfrió la cabeza, se hizo abogado, la empresa privada. Se movió hacia un progresismo cívico. En la casa donde crecí había mucha literatura. Estaba Adam Smith, más que Marx. Quizás algunos poemas de Tolstoi por ahí, pero economía social de mercado. Friedman. Eso es lo que yo he visto, eso es lo que yo he leído. A Dios gracias.
Viene a España cuando aún no existe Podemos y es espectador de primera línea de su nacimiento y evolución… ¿le recuerda a algo?
El paralelismo con Venezuela es absoluto. Por el discurso, por la situación difícil, por la crisis del bipartidismo… déjà vu total. Están todos los elementos para que acabemos igual. Si no se ha producido aún la catástrofe es por el esfuerzo de muchas instituciones y de mucha gente a la que le importa España
¿Quizá en España nos ha salvado, además del precedente venezolano, que aquí había una clase media más ancha que allí?, ¿que aquí había más que perder?
Aquí hay una gran fortaleza que es la diversificación de la economía y de los medios de producción. Creo que el secreto está en el entramado social, las pequeñas y medianas empresas, que es donde está la conciencia real, que es de centro, que es de progreso, de querer vivir mejor. Eso es lo que ha frenado hasta el momento al chavismo en España.
A Chávez lo eligen las clases medias.
Claro, en el año 98 votaba en Venezuela la clase media, no votaban los sectores populares. Éramos tres millones y medio los que votábamos, ahora votan quince. A Chávez lo elegimos nosotros, efectivamente, la clase media. Abrumadoramente. Nosotros queríamos una venganza.
En eso también hay un paralelismo.
Claro, somos la misma cultura. Tenemos que ver a alguien caer, y ese alguien tienen que ser los partidos tradicionales.
El carácter carismático de Pablo Iglesias, ¿es equiparable al de Chávez?, ¿llega hasta aquí el paralelismo?
No. Chávez tenía bastante más carisma y sobre todo era un profundo conocedor de la idiosincrasia del pueblo venezolano. Pablo Iglesias es un chaval de clase media que ha tenido todas las oportunidades. No vivió las circunstancias que vivió Chávez, una infancia difícil, con carencias. No son comparables, Iglesias pertenece a una élite universitaria. Como el resto de la cúpula del partido. Por cierto que a mi me dieron clase.
¿Cómo es eso?, cuente, cuente…
Cuando vine a España me matriculé en la Universidad Complutense y me dio clases Errejón y Monedero. Íñigo era como muy distante, pero Monedero no. Monedero me buscaba por mi condición de venezolano, buscaba el conflicto.
¿El trato era correcto?
Me provocaba, quería provocar discusiones sobre Venezuela. Nunca caí. Yo quería pasar la materia, algo que por cierto no logré. Él iba con una pila de folios de diferentes colores a la hora de examinar a los alumnos. A mi siempre me daba un folio blanco, a sus correligionarios, folios todos del mismo color.
¿En serio?
Sí. O sea, fascistas ellos. Fascista él.
O sea, a los suyos les daba un color diferente para, a la hora de corregir, saber a quién tratar mejor y a quién peor.
¡Claro!
Un código de colores en función de la afinidad ideológica.
Así es. No hay otra explicación.
(Con Felipe González, uno de los líderes socialistas más comprometidos con la democracia en Venezuela)
Hábleme del futuro de Venezuela a corto plazo. ¿Se le está yendo el país de las manos a Maduro?, ¿esto supone una oportunidad para la oposición?
No necesariamente.
Explíquese.
Ha habido muchos rumores en las últimas semanas de un posible golpe de Estado, y ahí perdemos todos. Un gobierno de fuerza en Venezuela sería fatal para todo el país.
Pero, ¿habla de que un militar antichavista tomara el poder?
No tiene por qué. Probablemente sería incluso un autogolpe. Sería la solución. De ellos. Acuérdese que el chavismo ha ido dejando en manos del ejército no sólo el gobierno, también las empresas básicas del país. La producción de petróleo inclusive. Y así, ante una posible llegada de la oposición al poder, se han ido entregando las bases del poder a los militares para resguardarles.
¿Pero los militares siguen apoyando al régimen?, ¿no hay discrepancias dentro del ejército?
La inmensa mayoría del ejército está en contra de esta situación porque tienen familiares que están viviendo todas estas calamidades, pero el generalato, la cúpula de poder, está con el régimen. Y hay una circunstancia que lo complica todo aún más, y es el hecho que toda esa cúpula está siendo investigada, muchos de ellos por narcotráfico, en EEUU, incluso en La Haya. Y otros por violación de Derechos Humanos. De modo que no tienen adónde ir.
No tienen salida.
No. Y nosotros tampoco podemos prestársela. No sólo por la reticencia de mucha gente de la oposición, que está herida legítimamente por todo lo que ha pasado. Pero es que incluso políticamente hacerles un puente a estas personas es difícil porque esos crímenes no prescriben. Por más que nosotros quisiéramos hacer una ley de amnistía, nunca sería válida contra crímenes de lesa humanidad. Así que ellos están haciendo un ejercicio de repliegue.
Ahora la oposición controla el Congreso, ¿cuándo son las próximas elecciones para elegir al presidente?
En 2019. Y las de alcaldes y gobernadores deberían celebrarse este año.
¿La oposición está unida?
Bueno, dentro de nuestras diferencias, sí, bastante unida.
Porque fue algo que siempre se le achacó, la falta de unidad, a la oposición.
En los momentos en los que se ha necesitado que estuviéramos unidos lo hemos estado, y lo hemos demostrado. El 6 de diciembre (elecciones al parlamento) se demostró. Los candidatos de oposición fueron consensuados en todos los circuitos de Venezuela, que es muy difícil. Y en los formas de cómo hacer las cosas discrepamos, sí, pero porque somos demócratas. En el fondo es esa discrepancia sana la que nos hace fuertes. Mucha gente quisiera vernos como un solo bloque, pero entonces seríamos el chavismo. Si perseveramos en esa unidad en los momentos clave, podemos hacer cosas importantes.
¿Qué líderes son los de mayor predicamento en la oposición?
Leopoldo López, que es el líder de mi partido. Pero está Henrique Capriles Radonski también. Y el alcalde Antonio Ledesma, y María Corina Machado, que es una empresaria de clase media alta que representa al que vendría a ser el sector conservador del país. Y está el actual presidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup, que se ha convertido en un icono por limpiar los espacios de la Asamblea. Porque ni siquiera los dictadores más grandes hicieron nunca del Palacio del Congreso un lugar de culto a nadie. Siempre estuvo Simón Bolívar, que ya es bastante.
Y todos estos… cuando llegue el momento, ¿se pondrán de acuerdo?
(Sonríe) Todos esos quieren ser presidente. Todos y cada uno de ellos quieren ser presidente. Y sólo le he hablado de los que están más arriba, luego para abajo hay muchos más. Y todos quieren ser presidente de Venezuela.
Esto puede suponer un problema.
Sí, pero también puede ser una oportunidad. Mire, Voluntad Popular viene de la escisión de Primero Justicia. En el año 2006 Primero Justicia se divide en dos corrientes, que son las de Henrique Capriles y la de Leopoldo López, pero en realidad somos la misma gente, aunque el partido sea diferente.
¿Y cómo se llevan entre ellos, entre López y Capriles?
Mal.
Vaya. Son un perfil muy similar. Incluso de la misma quinta.
Totalmente. Fueron compañeros del colegio.
Podrían hacer un tándem, un ticket como dicen los americanos, muy bueno.
Yo lo haría. Mi propuesta personal, que he trasladado al partido, es precisamente esa. Que gobierne cinco años uno y cinco años el otro.
Ustedes están intentando ahora un referéndum revocatorio para botar a Maduro.
Sí.
¿En qué consiste?
Si lo piden el número de personas necesarias, el presidente de la república tiene que renunciar y convocar elecciones. Pero tiene que pedirlo una persona más de las personas con las que fue electo el presidente. Son siete millones y medio de votos. Hay que sacar un voto más que eso.
Nosotros hemos cumplido con los pasos necesarios para que se active el referéndum, pero está el Tribunal Electoral, que controla el chavismo, y que está poniendo todos los impedimentos posibles. Si se logra el referéndum, que ellos no van a permitir, podría haber un cambio de gobierno este mismo año. Pero si los tiempos no se dan, y están haciendo todo para que los tiempos no se den (la fecha límite es el primero de octubre de 2016), todo seguirá igual.
(Alberto Pérez Levy y Carme Chacón en un acto del PSOE)
¿Están ustedes organizados aquí?
Sí. Aunque el Gobierno no permite tener capítulos (delegaciones) en el exterior, hemos registrado asociaciones civiles que son el equivalente. Yo soy el responsable para Europa de Voluntad Popular, el partido de Leopoldo López. Y es aquí en Madrid, y en Tenerife, donde está el fuerte de nuestra actividad política.
¿A qué partido equivaldría Voluntad Popular?
Estamos inscritos en la Internacional Socialista. Políticamente nos hermanamos con el PSOE. Ahora bien, hemos recibido apoyo de todos: de PSOE, PP y Ciudadanos. Y hay una gran afinidad con Ciudadanos. Con cómo nació, cómo se estructura, hay una gran y hasta con los colores, que son los mismos.
Llama la atención que la resistencia al chavismo no venga de movimientos conservadores sino de otros movimientos socialistas, si bien no marxistas. ¿No hay una oposición conservadora en Venezuela?
En Venezuela no existe la derecha. Existe, o existía, una élite económica. La oligarquía que llamaba Chávez, que conservadora, aunque en realidad estuvo con todos los gobiernos, también con el chavismo. De hecho el chavismo llega de mano de la élite económica venezolana, los medios de comunicación y lo que nosotros llamamos el Country Club (los barrios de las familias adineradas). De modo que la derecha, tal y como se entiende aquí en España, católica, conservadora, no existe.
La tradición, el orden, la identidad nacional… ¿no tienen cauce político allí?
Estructuralmente no. Hay personalidades, por supuesto, de ese corte o temperamento. Incluso la Iglesia en Venezuela está muy inscrita en la Teoría de la Liberación. Hay un partido, COPEI, más conocido como Partido Socialcristiano (inscrito en la Internacional Demócrata de Centro) que es quizá lo más asimilable a la derecha. Pero ni siquiera.
De modo que no hay un equivalente al Partido Popular en Venezuela.
No. Ni siquiera cercano. Cosas locales en algunas provincias. Quizá Proyecto Venezuela, pero está circunscrito a una sola provincia.
Háblame de Voluntad Popular, ¿es el principal partido de la oposición en Venezuela?
El que obtuvo más diputados es Primero Justicia, luego Acción Democrática.
¿Cómo llega Venezuela a la atomización parlamentaria actual?
Sí, Venezuela viene de una historia muy similar a España respecto del bipartidismo. Allí estaban Acción Democrática, que era la socialdemocracia, y COPEI, que eran los socialcristianos. Algo parecido al PSOE y al PP de aquí, pero más hacia el centro. La llegada de Chávez dinamita el bipartidismo y produce una fragmentación del arco parlamentario. Empiezan a aparecer escisiones de los partidos anteriores y otros totalmente nuevos, como el caso de Primero Justicia y Voluntad Popular.
La criminalidad. Háblame de ello. Es un asunto que en España impresiona muchísimo. Algunos teóricos apuntan a que en realidad es una herramienta chavista de control social.
Sí claro. Eso se promovió desde la llegada de Chávez al poder. Mire, desde que Chávez asumió el poder se impuso un doble relato: ser rico es malo y los que roban para comer son buenos. Eso legitimó lo que vino luego. Formaba parte del plan de destrucción de nuestro sistema y de nuestra identidad.
Delinquir dejó de estar mal.
Justo. Venezuela pasó en el año 98 de 3.000 muertes a casi 30.000 que hay ahora. Mire, el descontrol de la violencia es en realidad un control soterrado. En Venezuela hay un monopolio de la producción y comercialización de las armas en manos de ejército, de modo que para adquirir un arma hay que pasar necesariamente por el ejército. De modo que todas las armas que hay en Venezuela, que son más de dos millones en manos de los delincuentes… ¿cómo entraron? Además, con un gobierno que controla férreamente las fronteras. Es el propio gobierno el que maneja el mercado de las armas. Y el de las drogas. Los colectivos de la droga son abiertamente afines al gobierno, están auspiciados por el gobierno.
¿Auspiciados en qué sentido?
No los combaten, les dejan operar. Son los mismos colectivos criminales que cuando se producen manifestaciones contra el gobierno, reprimen a la oposición. Son los que mataron a los jóvenes de 2014. Hay multitud de fotos y vídeos que demuestran que funcionan coordinados con las fuerzas de represión del Estado. Son los colectivos criminales los que hacen el trabajo sucio.
¿Ha padecido usted esta violencia?
¡Claro! Todo venezolano que le pregunte ha sido víctima de la violencia. O él o un familiar de su entorno cercano. Yo he sido golpeado por los afines al gobierno, he recibido gas lacrimógeno, me han disparado perdigones (señala una cicatriz)… todo el que ha estado en una manifestación en Venezuela ha sido reprimido. En realidad, una de las razones por las que vinimos fue por eso, por la espiral de violencia en la que se sumió el país. Nos encañonaron a mi esposa y a mi, y yo me enfrenté a ellos instintivamente. Pudieron habernos asesinado. Fue cuando pensamos, ¿qué estamos haciendo aquí?
¿Algún amigo o familiar se llevó un susto mayor?
(Alberto hace una pausa, se toma su tiempo, respira hondo y finalmente responde, aunque con la voz quebrada) Mi primo. Mi primo Gustavo. 19 disparos. (Repite) 19 disparos. Vivía en un sector difícil de Caracas, que es el 23 de enero, y lo mataron. 19 disparos.
¿Se sabe por qué?
Ajuste de cuentas, dijeron. De los 28.000 homicidios al año, el 93% quedan impunes. No se investigan. No se sabe qué paso. Son datos del gobierno. Es lo que dicen ellos. Y luego hay otra cantidad de desparecidos y muertos que ni siquiera aparecen en las estadísticas.
¿Si Venezuela volviera a ver la luz, volvería allí a vivir?
No creo. La última vez que fui, que fue en 2012, ya no reconocía al país. Ese ya no es mi país. Yo tengo un niño de dos años que espero que se gradué aquí y poder ir a Venezuela de visita. A ver a mi familia, a ver a mis amigos. Pero de visita.