Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.
Por Armando Soler Hernández.
La Habana/ 12-6-2016
En el continente de las Américas comienza a perfilarse un fenómeno que se empeña en imponerse: el Estado de Derecho. Su reaparición espontanea parece una respuesta, aun frágil, aunque sin retroceso, al populismo de izquierdas de los últimos dos decenios.
Las avanzadas del redivivo modelo social del “progresismo”, hijo bastardo del fin de la Guerra Fría, comienzan a mostrar sus debilidades. Y basados en una supuesta redistribución justiciera de las riquezas nacionales, la larga permanencia en el poder revela lo previsto: un esqueleto de corrupción.
Son la estructura que aun intenta sostener el ya carcomido armatoste de organizaciones continentales de “unidad latinoamericana”. ALBA, CARICOM, CELAC, UNASUR, etc. De hecho son fantasmagorías de integración regional que emergieron gracias a extemporánea intravenosa de petróleo venezolano. Son completamente artificiales en sus declarados propósitos de “unidad latinoamericana”. Y también muestra evidente de veleidad y oportunismo, algo que parece ser el tono medio de las élites políticas del “Sur”, haciendo amagos de supuesto redescubrimiento de sí mismo.
Porque en el fondo, de esto es lo que se trata en tales propuestas de integración, clamadas con base en lo económico. A diferencia de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio o la Asociación Latinoamericana de Integración, etc., se conformaron disimuladas en una corriente globalizadora, traída a colación en todos los continentes como una reacción natural ante el nuevo marco económico mundial. Sin embargo, la economía no es lo que pesó y motivó realmente unas fundaciones emergidas en pocos años, como apresurados hongos.
Bastó un poco de tiempo para que a esas nuevas organizaciones latinoamericanas se les saliera la raíz equívoca: poco desarrollo de la integración económica y esfuerzos exangües por excluir y hasta enfrentar con velada animadversión la presencia innegable de la locomotora mundial, los Estados Unidos. Quedó al descarnado en declaraciones y estructuras organizativas dentro del montón de reuniones que efectuaron en los últimos años.
Y todo ello respondió a una estrategia originada en La Habana, a caballo sobre su androide chavista venezolano, hinchado de petróleo. El binomio se encargó de comprar conciencias y voluntades entre los gobiernos del continente a cambio de combustible barato. De algunos sólo pudo asegurarse el voto en organismos mundiales como la ONU. En otros, además subvencionó regímenes de renovado espíritu totalitario, disimulado bajo un frágil manto tradicional de normas democráticas.
Estos sistemas se ganaban las voluntades populares por el mismo método que trae la ruina a muchos países del continente europeo: la “justicia social”. Mas en realidad cruda y pedestre, tal práctica se devela en gastar en subvenciones estatistas más de lo que se produce en un país dado (1).
En Europa resulta de la capacidad de muchas naciones de producir con alto valor agregado, y gracias a una vieja tradición socialdemócrata muchas veces mal interpretada y puesta en marcha por partidos tradicionales como método avieso de obtención de votos y poder. Los resultados de tan malas decisiones son los conocidos casos de crisis económica, deudas públicas impagables y el sufrimiento y exasperación de los pueblos atrapados por estos espejismos económicos.
Aunque los gobiernos latinoamericanos en general no cuentan en sus países con la capacidad de producir riqueza de alto valor agregado, si disponen de materia prima de diversa especie. El valor que adquirieron gracias al espumoso crecimiento económico de China, la India y otros tigres asiáticos desde los años 90 del siglo pasado, facilitaron ese propósito.
El oportunismo característico de buena parte de partidos y maquinarias de la clase política latinoamericana vio la oportunidad de crear las condiciones para una permanencia en el poder más allá de los límites tradicionales. El oportuno comodín del petróleo venezolano, gozando de precios mundiales nunca vistos, hizo trascender la ilusión de riqueza inagotable, dándole estímulo a utopías que se exportaron más allá de las fronteras donde cursa el Orinoco.
Por años, aunque con escasas pero destacadas excepciones (2), fue olvidada la vigencia permanente del Estado de Derecho. Las cosas marcharon bien para los propósitos del viejo gobierno militar de la isla caribeña, gestor de este “parapetamiento” continental ante los “avances imperiales yanquis”. El renovado enfrentamiento, que sin importar el sufrimiento que provoca en el pueblo cubano, parece ser la única razón de la existencia para el régimen habanero, aparentemente lograba establecer un firme valladar de animadversión y rechazo continental al vecino norteño.
Pero el presente les dio un duro despertar. Desaparecida la marea de falsa prosperidad ante el retroceso de la demanda de materias primas, y sobre todo del bajón inmutable del precio del petróleo ante el avance de nuevas tecnologías de su explotación, queda al campo esta forzada situación de falsa unidad continental. Y con ella la insostenibilidad del modelo de subvención desenfrenada que daba base al redivivo populismo latinoamericano de los “gobiernos progresistas” para comprar voluntades y votos. Pero además, con sus deterioros emergen ocultas pústulas de corrupción y saqueo de las riquezas nacionales de esos mismos gobiernos que encabezaron la cruzada populista de izquierda.
Reunidas hace pocos días las naciones de la cuenca caribeña en La Habana, con una convocatoria de añeja confrontación el gobierno cubano hizo otra intentona por despertar el fresco cadáver del enfrentamiento al Norte. Pero su llamado, como signo de los nuevos tiempos e intereses, sólo encontró oídos sordos.
Nota:
Fuente: Prensa Independiente/ Hablemos Press