Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.
Por Dunia Medina Moreno.
La Habana/ 29-9-2016
María Elena Martínez, residente en la calle Lacret 421, del barrio Santos Suárez, se queja del constante flujo de aguas albañales que corre frente a su puerta. Debido a una tupición, desde hace seis meses se vierte por el pasillo y acera a la salida de la colindante ciudadela en el 419.
“Los vecinos informamos del desagüe al médico de la familia del consultorio No. 34, Dr. Iliena Ferreira Vigier, la que nos remitió a Higiene y Epidemiología, que está en Santa Catalina, entre Juan Bruno Zayas y Luz Caballero, en la esquina de Patrocinio y Poey”, dice un vecino carpintero de nombre Raúl. “Allí nos remitieron al Municipio 10 de Octubre, en Patrocinio y Poey, donde vimos a Manuela, la empleada que da atención a la población. Ella nos dijo que lleváramos una carta dirigida a la directora municipal, Marilú Silva, con todos los pormenores del caso.”
“Aceptaron la carta y aseguraron que se iría a ver el problema. Y días después vino un camión de Saneamiento y Aguas Negras. Los trabajadores observaron la tupición, dijeron que no había registro por donde hacer la perforación y destupir el conducto, y se marcharon”, dice Marta, otra vecina.
Según Gisela, vecina afectada, volvieron a ver a la doctora de la familia, y ella les dijo que Salud Pública no tenía recursos ni ese era un problema a resolver por esa institución, y que mejor acudían a Aguas de La Habana, en el cercano Palatino. Un vecino de otra cuadra les recomendó que fueran esta noche, día 13 de septiembre, al Consejo Popular de Santos Suárez, en la esquina de D¨Strampes y Figueroa, para presentarle la queja a “Tito”, vice director del Consejo, que a las 8:00 p.m. hace despacho con las quejas y reclamos de la población.
“Veremos qué se saca hoy en limpio de este asunto”, apunta María Helena, mientras mira el feo arroyo que corre abundantemente por la acera frente a su casa.
Entretanto, en medio del pequeño espacio habitado de la ciudadela donde se apiña una quincena de familias, el vertimiento sigue creciendo. La acera al frente ya resulta intransitable desde hace seis meses.
La fetidez de fecales al aire es abrumadora, extendiéndose por toda la cuadra. Todos los vecinos, colindantes o no, están a merced de cualquier epidemia, grave enfermedad o muerte por causa de la inexplicable indolencia y burocratismo de las autoridades locales.
Fuente: Prensa Independiente/ Hablemos Press