Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.
Por Frank Correa.
La Habana/ 3-12-2016
Una semana atrás, cuatro veleros norteamericanos solicitaron permiso de atraque. Tras la revisión y control en la aduana del puerto, atracaron en el tercer canal. Permanecieron cerrados, sin socializar. La tripulación apenas salía de la nave, sólo para ir a la tienda o utilizar la Internet del restaurante La Tasca.
Pero el pasado 20 de noviembre sí debía ser un día histórico. Se reiniciaba el permiso de atraque a embarcaciones de cubanoamericanos en la marina Hemingway. Se vivía cierta expectativa entre ejecutivos y trabajadores de los muelles…
Más al llegar la noche, nada relevante había sucedido. Solamente arribaron dos yates blancos. Parecían jimaguas. Eran de treinta y dos pies de eslora y un palo. Luego de tantos años, entraron en silencio, sin toques de sirena anunciándolos como los primeros, o una nota de prensa que resaltara la importancia del acontecimiento. No hubo siquiera fotografías que eternizaran el instante cuando la primera embarcación tocaba con la borda la orilla del tercer canal.
Por los ojos de buey de los camarotes se vislumbraban rostros mirando fijamente afuera. Un trabajador de la marina que no quiso dar su nombre dijo: “Parecían exploradores… enviados delante para examinar el terreno…”.
En los muelles de los cuatro canales de este complejo turístico en el poblado de Jaimanitas, marineros, mecánicos, personal de mantenimiento, empleados y custodios, acostumbrados a gozar de las ventajas del contacto con barcos americanos, habían perdido el entusiasmo y las ilusiones de una posible apertura. Aún tenían fresca la experiencia vivida en el torneo de la pesca de la aguja, concluido en junio de 2016. Rompió el record de participantes de embarcaciones estadounidenses. Pero ninguno de los ciudadanos de la tierra de Lincoln y Washington tuvo contacto alguno con los trabajadores de los muelles de la marina.
“Los que vinieron parecían otros americanos”, dice Mayito, marinero que desde 1985 participa en los torneos. “Antes, en las regatas o en los torneos de pesca, aquí era una fiesta. Nos hacíamos familia, cubanos y americanos… Nos daban los dólares para que los cambiáramos, nos dejaban “hacerles el barco”… Hasta nos llevaban de paseo… ¿pero en este torneo que finalizó en junio…? ¡Nada…! Ellos mismos se “hacían el barco”, paseaban en visitas organizadas por la marina… y el colmo: ¡Traían sus propios cuc…! ¡Había un americano que pasaba todos los días por los barcos, cambiando los dólares…!”
Carlos, ejecutivo del puerto, afirma que la marina Hemingway cuenta con 400 torretas, pero solo 147 están disponibles para el atraque. “Este es un problema pendiente para la dirección, que no acaba de resolverlo”, afirma.“Si después de décadas de prohibición, resultara cierto el entusiasmo de la propaganda oficial ante el “tan esperado evento”, y ocurriera un gigantesco arribo de yates de cubanoamericanos, la marina se encontraría en un callejón sin salida”, concluye.
“Hasta este momento, sólo entraron dos barcos… porque los cuatro de la semana pasada entraron por la izquierda”, dice Roinel. En sus años de mecánico en los barcos, entabló amistad con muchos estadounidenses. Le contaron que en Estados Unidos hay tantos barcos, que colapsarían la marina si deciden venir en aluvión. “Además, la marina tiene en contra el factor humano… No estamos preparados para lidiar con tantos americanos a la vez. Cuando hay cincuenta barcos anclados se nota el bache… se forma el lío… no solo en el muelle, en todas partes”, concluye.
Tal vez en los próximos días entren barcos y se conozca más sobre la evolución de esta medida, una más de las que Obama autorizó en un mandato que ya se extingue. Y quién sabe si con el nuevo presidente Trump, en los próximos meses ganen confianza y el arribo sea más significativo que hoy… O quizás se “recrudezca el bloqueo” y no entre más ninguno.
Para José, patrón de barcos con treinta y cinco años de experiencia, “los cubanoamericanos no ayudarán en nada al entorno”, asegura. “Si acaso salvarán a sus familias…… Pero lo que nos hace falta a todos, de verdad, es que regresen los viejos tiempos…Los americanos bajaban de sus yates y veleros, y caminaban por la Quinta avenida y por las calles interiores de Jaimanitas. Sí, aquellos legítimos americanos… con sus sonrisas y sus grandes mochilas, dejando regalías y vida por donde pasaban.”
Fuente: Prensa Independiente/ Hablemos Press