Buscando mejorar la productividad agrícola, Mao Zedong ordenó que todo niño, hombre, mujer o anciano, sin importar su profesión o rango, matara a cualquier gorrión que se encontrara en su camino. De esta manera, se esperaba que los granos que los gorriones dejaran de comer sirvieran para alimentar a miles de personas.
Siguiendo las órdenes del Gran Timonel, toda la población china se dio a la tarea de exterminar a estos animales, usando diversos métodos, desde resorteras hasta armas de bajo calibre.
El resultado fue increíble: en pocos meses, la población de gorriones en el gigante asiático se había reducido a niveles irrisorios, en lo que puede ser considerado como el mayor 'genocidio avícola' de la historia.
