El incidente se produjo entre el 1 y el 10 de abril de 2016, cuando uno de los dos aviones VC-25A —una versión modificada del Boeing 747-200B— que hay en la flota presidencial fue sometido a mantenimiento técnico en la fábrica de la empresa en la ciudad de San Antonio de Texas.
Este fallo podría haber provocado un incendio e incluso una explosión durante el vuelo. El daño causado fue estimado en cuatro millones de dólares. En Boeing comunicaron que la reparación corrió por cuenta de la empresa.
Por su parte, el primer ejecutivo de la corporación aeronáutica, Dennis Muilenburg, se puso en contacto con el presidente de EEUU y se comprometió a controlar el precio del avión. Actualmente, Boeing tiene un contrato para la construcción de un Air Force One por un valor de 170 millones de dólares.