Lilibet Hernández Rodríguez no llegó a cumplir los 28 años. Horas antes de su cumpleaños, su marido la estranguló, envolvió su cadáver en una alfombra, la escondió dentro de un armario del domicilio que compartían en Arona (Tenerife) y huyó.
Lilibet, Lili, como la conocían sus seres queridos, había nacido en Holguín (Cuba) el 1 de noviembre de 1989. En esta ciudad caribeña, a poco más de cien kilómetros de Santiago de Cuba, la joven había pasado su infancia junto a su madre y sus hermanas. Holguín es conocida por ser una de las capitales del servicio sanitario cubano. Fue allí donde Lilibet se licenció, con 23 años, en Medicina. Justo antes de emigrar a España junto a gran parte de su familia materna, que era de origen español. "Es una chica muy estudiosa, muy profesional", cuentan sus conocidos a EL ESPAÑOL.
Esta joven médico era "una mujer maravillosa, siempre alegre, siempre sonriente", según una antigua vecina en Cuba. En el barrio todo el mundo conocía su desparpajo, su amabilidad y su sonrisa. También en el barrio tinerfeño de El Fraile, en Arona, donde residía junto a su familia desde que se mudó.
Lili trabajaba en una conocida gasolinera de la isla de Tenerife a escasos quince minutos de su domicilio en coche. Es un establecimiento grande, con una cafetería separada de la zona de repostaje. Allí se encargaba de atender a los clientes como camarera.
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