Ha sido el senador por el estado de Carolina del Sur, Lindsey Graham, el último en manifestar su rechazo. Y lo ha hecho argumentando que, si se llega a ese extremo, se sentará un precedente para futuras reuniones.
"[Si lo permitimos] habrá sido la última vez que un líder extranjero se reúne con el presidente de Estados Unidos en privado (…) No me puedo ni imaginar cómo afectaría eso a los futuros presidentes cuando tengan que hablar con los líderes de los demás países", ha explicado a Político.
