Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.
Si Luis Grass viviera todavía en Cuba, tal vez lo pensaría dos veces antes de lanzarse al mar Caribe con un camión flotante para tratar de alcanzar las costas de Florida, tal como hizo en julio de 2003 con un viejo Chevrolet del 51. Como Grass y sus "camionautas" (el grupo que lo acompañó en esa fallida aventura), miles de cubanos llevan años echándose al agua y encomendándose a Yemanyá o a la Virgen de la Caridad del Cobre para poder salir de la isla.
Ahora, por primera vez en medio siglo, el régimen cubano ha incluido en un documento oficial la posibilidad de facilitar los viajes al extranjero, una medida ampliamente demandada por la sociedad. Todavía es pronto para saber el alcance de esa flexibilización en política migratoria. En la versión definitiva de los "lineamientos de política económica y social" (hoja de ruta de Raúl Castro para los próximos cinco años), el gobierno se compromete a estudiar una política que facilite a los cubanos viajar al exterior como turistas. Un enunciado ambiguo que no habla de tiempos ni aclara si se eliminará la tristemente célebre "carta blanca", o permiso de salida, expedida por los funcionarios gubernamentales.
Los cubanos hoy deben transitar por un auténtico vía crucis burocrático para poder viajar fuera de la isla. Además de la carta de invitación del país de destino, deben contar con el permiso de salida y varios requerimientos más. El proceso, largo y tedioso, no está al alcance de cualquiera, ya sea por motivos económicos (el papeleo y los sellos se llevan unos 400 dólares, una cantidad astronómica para un cubano) o ideológicos (estar en la lista negra de los omnipresentes Comités de Defensa de la Revolución).
Los permisos se limitan normalmente a 30 días, prorrogables si el bolsillo lo permite (50 dólares por mes), pero no durante más de once meses consecutivos. A aquellos que no regresan al país pasado ese plazo, el Estado cubano les puede requisar todos sus bienes, vivienda incluida. Además, determinados profesionales, como los médicos, y los cargos públicos o militares con acceso a información sensible tienen restringida su salida del país. El régimen siempre adujo en su descargo que quería evitar así la "fuga de cerebros" formados por la revolución. Queda por ver todavía qué pasará con esas categorías de ciudadanos.
La inclusión del posible fin de las restricciones a los viajes al exterior en el plan de reformas impulsado por Raúl Castro y refrendado por el VI Congreso del Partido Comunista refleja la lentitud con la que se mueve todo en la isla. Hace tres años, cuando Raúl tomó las riendas del país de manera permanente, la flexibilización de la política migratoria ya figuraba entre las aparentes prioridades del gobierno.
El entonces canciller, Felipe Pérez Roque, dijo públicamente que el régimen tenía el "firme compromiso" de flexibilizar los trámites migratorios para los cubanos residentes en la isla. Pero desde entonces no sólo no se volvió a hablar del asunto, sino que el propio Pérez Roque también dejó de viajar, al ser defenestrado en marzo de 2009, acusado de "deslealtad" a la revolución por haber sucumbido a la "miel del poder", en palabras de Fidel.
Si el régimen avanza en su compromiso de flexibilizar la política migratoria, la hipotética supresión del permiso de salida podría acabar de una vez por todas con el drama de los balseros.
Desde los años sesenta, miles de cubanos trataron de abandonar la isla por razones políticas o económicas, enganchados a un neumático o apiñados en una embarcación precaria, o transformando un viejo Chevrolet del 51 en un catamarán artesanal, como hicieron Luis Grass y sus "camionautas" al no conseguir la ansiada "carta blanca".