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Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.

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Adiós socialismo

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Por: ANTONIO RIVAS
27-5-2014
Entre los sueños de los eruditos e intelectuales de izquierda y las acciones del gobierno hay un gran abismo, un gran vacío de capacidad gerencial, voluntad y ética que separa el verbo de los resultados. Y la falta de respuestas a las autocríticas que se hacen en el proceso parece dejarles claro que en Venezuela el socialismo es minoría, inclusive en el gobierno.

El proceso iniciado por Chávez atrajo por igual, desde su inicio, a aquellos que comulgan con los ideales socialistas, pero también a los que clamando justicia anhelaban más bien venganza contra sectores políticos y económicos, y también, cómo dudarlo, atrajo a los mayores oportunistas del país. En los primeros días de la revolución, y seguramente advertido por Fidel Castro, Chávez se percató de las dos principales trabas para implementar su proyecto. La primera es que una buena parte de sus seguidores entendía por socialismo las ayudas del Estado y la confiscación de lo ajeno en función del beneficio propio, y no el trabajo diario desprendido en función del bien común, y la segunda es que tendría una férrea y agresiva oposición tanto de los sectores poderosos de la economía venezolana como del pueblo progresista.

Siendo así, para solventar la primera traba optó por ejercer un control casi absoluto sobre el Estado subordinándolo a su mandato, a la vez que, obviando la negativa del referéndum, dio carácter indefinido a las reelecciones presidenciales. Con eso tenía el poder para "educar" al pueblo en lo que significaba realmente el socialismo, por las buenas, o por las no tan buenas si fuese necesario. El tiempo era su aliado. Con la segunda traba su estrategia fue cerrar filas y declarar guerra a muerte a los opositores, donde todo chavista estaba exento de culpa alguna y todo opositor era un traidor apátrida.

Tres lustros después, lo que juega en contra del proceso es que, lamentablemente para el pueblo genuinamente socialista, el presidente Chávez no está, y el factor tiempo ya no es aliado. Y en el absolutista cierre de puertas para aislarse de los enemigos, dejó puertas adentro a un nutrido grupo de ladrones e incompetentes que difícilmente ahora pueda ser controlado.

Así, el pueblo que se proclamó socialista sigue vistiendo franelas del PSUV y votando por la revolución pero muchos están revendiendo productos regulados en puestos de buhoneros, contrabandeando en las fronteras, cobrando comisiones en los organismos, comprando paquetes de café por docenas cada vez que pueden y vendiendo sus cupos de Cadivi en Facebook. Los vengadores, por su parte, tomaron las empresas expropiadas en medio de vítores y aplausos y con eso dieron por logrado su objetivo. La producción, la eficiencia, la planificación, la gerencia, etc. está fuera de su alcance y, a decir verdad, de sus objetivos. Ya la "justicia" se hizo. Y, finalmente, los oportunistas rebautizan las oficinas de control cambiario, simulan trabajo creando ministerios, vice-ministerios y comisiones a placer, controlan las mafias importadoras y se muestran complacientes y cómplices al paso del narcotráfico, entre otras faltas.

Ante tal panorama, los socialistas quieren levantar su voz pidiendo que se retome el camino, pero no encuentran eco en el gobierno. Más bien al contrario, el gobierno viendo que la economía va a la deriva, considera unificar el tipo de cambio en lo que sería una devaluación icónica, retoma el diálogo con los sectores productivos privados, coquetea con la idea de aumentar el precio a la gasolina, aumenta tímidamente el salario mínimo y ajusta sin mucho ruido los precios de los productos regulados, mientras algunos aún gritan "Chávez vive" para negarse a aceptar que la revolución, incluso con el actual gobierno, está desvaneciéndose, dejando a los izquierdistas en la orfandad.

No pretendo emitir un juicio de valor acerca del pasado, ni me atrevería a predecir el futuro de la estructura política de los socialistas. Pero valga una vez más el momento para invitar a la reflexión a los que creyeron en este proceso: trabajar en función del bien común y vivir alejado del consumismo es una decisión personal. No se necesita vociferar altruismo ni alistarse en proyectos inquisidores. Más aún, abrir los ojos, entender la realidad y zafarse de jaulas semánticas es de pensadores libres. Después de todo, la ideología es para el que puede discernir, la idolatría es para el que no.
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