Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.
Asombra la distancia entre todo ese aparato efectivo de control nacional, que ha logrado mantenerse sin variaciones, ese esfuerzo en ampliar los servicios de cara al turismo internacional, y esos resultados tan pobres, en lo que tiene que ver con la satisfacción de las necesidades de la ciudadanía, que de pronto convierte en noticia el surgimiento de un puesto de fritas o la reapertura de una tienda de tarecos con precios exagerados. Como si fuera necesaria la actuación de un Estado poderoso para poner a la venta candados, tuberías y hamburguesas. Ridículo que un aparato tan completo y complejo, a la hora de actuar con éxito en la esfera internacional, sea tan torpe y limitado cuando se trata de ofrecer unos cuantos artículos.
Del ensanchamiento o la disminución de la brecha entre la Cuba del ciudadano de a pie y la Cuba que a los ojos del mundo intenta ofrecer una visión de permanencia, estabilidad y desarrollo depende el fracaso o el triunfo del gobierno de Raúl Castro.
as apariencias de estabilidad, sin embargo, no deben hacer olvidar que lo que hasta ahora ha resultado determinante, en casi todas las naciones que han enfrentado una situación similar a la hora de definir el destino de un modelo socialista o de levantarse contra una tiranía, es la capacidad que ha tenido el régimen para lograr que se multipliquen no mil escuelas de pensamiento sino centenares de supermercados y tiendas. Eso y la fidelidad del ejército nacional al gobierno. El mantenimiento de un poder férreo y obsoleto sobrevive no sólo por la capacidad de maniobrar frente a las coyunturas internacionales y por sustentarse fundamentalmente en la represión y el aniquilamiento de la voluntad individual, sino porque el desarrollo de una sociedad que avanza en lo económico y la satisfacción de las necesidades materiales del ciudadano, aunque sea sobre una base de una discriminación económica y social en aumento, pueden permitir a la vez el mantenimiento del monopolio político clásico del sistema totalitario. La propiedad estatal y privada pueden coexistir en la Cuba actual, pero se trata de una simbiosis incómoda, plagada de aspectos imprácticos, cuyo equilibrio es más una apariencia que una estabilidad real