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Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.

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Antonio, el nadador: no estoy loco, todavía

 
Antonio-Medina-No-estoy-loco-todavía-Foto-de-Frank-Correa

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LA HABANA

La hazaña de la estadounidense Diana Nyad de cruzar a nado el estrecho de Florida, sin jaula de protección contra tiburones, reta al cubano Antonio Medina Castañeda, que por cincuenta y tantos años también persigue cruzar, las 110 millas, a nado.

Antonio posee el récord de más salidas ilegales fallidas, veinte, y se  ha comenzado a preparar,  “física y mentalmente”, en su casucha de la playa de Jaimanitas, con el fin de  escapar  de lo que él llama con insistencia “una  gran jaula de castigo en forma de isla”.

Antonio  reside a unos metros del mar. Se ha lanzado a cruzar el estrecho en todo tipo de artefacto: botes, balsas, tablas de corcho,  una armazón  de pomos plásticos vacíos  amarrados con nylon de pescar  dentro de sacos de yutes,   incautado  recientemente por la policía,  hasta  su famoso “submarino”,  fabricado con  tanques de aluminio  y un motor de lavadora, proyecto que fracasó por no hallar  la fórmula de  almacenar el oxígeno.

La norteamericana  le ha proporcionado una maravillosa idea  de cómo “espantar la mula”  (huir) sin necesidad de recursos. La construcción de corchos y balsas requieren de múltiples materiales: poliespuma, velas, madera, tornillos,  brújulas, GPS,   muy caros y difíciles de conseguir, que le han absorbido  el poco dinero que ha ganado como zapatero durante muchos años,  dinero perdido para siempre  en  naufragios.

Diana Nyad, a los 65 años, cruzo a nado el Estrecho de la Florida

Diana Nyad  me dio la respuesta. No necesito nada. Solo nadar… y nadar… –dice, feliz del gran hallazgo encontrado en la primera plana de El Nuevo Herald,  que me pidió encarecidamente  le regalara,   donde aparece una   foto de Diana Nyad arribando a Smathers Beach, en los cayos de la Florida, con  el titular “Nunca se rindió”,  y  añade  que él tampoco se rinde;  está  seguro que esta vez lo conseguirá,  en su intento vigesimoprimero.

Le explico que la hazaña de Diana no fue cosa sencilla. Necesitó  una flotilla de cinco barcos, con un equipo de 35 especialistas, un  traje isotérmico de neopreno, cremas especiales,  un dispositivo  que usó en la boca para protegerse del ataque de las medusas, médicos y nutricionistas que supervisaron su estado físico y su alimentación durante el trayecto.

Pero Antonio se ríe ante “todos los efectos especiales que usaron con Diana”.  Dice que la filiación adquirida con el estrecho de la Florida en tantos intentos malogrados,  es su pasaporte para llegar al otro lado. Su brújula será su instinto de  fugitivo que siempre le dará el norte. Va a  conversar  muy en serio  con los tiburones,  para explicarle por qué  huye de esta isla y  cree que podrá sensibilizarlos con su “causa”  y  lograr que protejan en la travesía.  La alimentación es lo que menos  le preocupa,   a veces pasa más de tres día sin comer nada,  no  precisamente por estar en el agua, ni a dieta.  Y el agua potable, menos; hace más de cincuenta años que bebe  agua mala por  la única tubería que le entra de la calle.

Antonio toma como un buen augurio que la Marina Hemingway, de donde salió la Nyad  rumbo a la gloria, le queda  solo a unos pasos de su casa. Y  dice que tal vez le pulverice  el récord establecido este lunes 3 de septiembre,  de 52 horas, 54 minutos y 1,6 segundos. “Cuando terminé de prepararme,  ¡lo que va a salir de Jaimanitas rumbo a Miami va a ser un torpedo!”.

Fuente: Cubanet.org

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