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Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.

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"Arroz y chícharos": Por Martin Guevara.



03-06-2012


Arroz y chícharos.
Por Martin Guevara.

-Mira para eso, no lo dejan tranquilo ni en su celda- dijo un hombre que estaba a mi lado en la parada

de la guagua sosteniendo un periódico y repentinamente se produjo una división espontánea entre los transeúntes bulliciosos que se mostraban contrarios al improvisado comentarista  y los que se alejaban

en  silencio como única manifestación de desaprobación. El hombre, que debió abandonar su puesto en

la cola del ómnibus dado el creciente furor popular en su contra, comentaba un hecho que fue el que

terminó de aclararme de hasta que punto puede llegar la obnubilación de la gente cuando se la

instrumentaliza y manipula, y hasta donde las truculentas excusas y estratagemas de un gobierno

para defender lo indefendible.  Corría el año 1982 y había saltado unos días atrás a la opinión pública

el caso del poeta y preso político Armando Valladares, sorprendentemente, ya que no era habitual

que esos temas se aireasen,  a raíz de que Francia le otorgase el Premio Libertad que solo se les

concede a escritores presos, una vez que se hizo famoso gracias al trabajo que Amnistía Internacional

hizo para difundir el abuso cometido sobre el escritor de “Desde mi silla de ruedas”. 

 

Las autoridades en aquellos días inundaban los periódicos y programas de televisión intentando

demostrar que la pretendida invalidez para caminar del poeta era un embuste, una estratagema para

lograr escabullirse del justo castigo que ya se aproximaba al cuarto de siglo en un proceso sumario

en que no había concurrido hecho de sangre alguno. Resultaba soez.

Ningún otro hecho me hizo entender tan certeramente, la justa dimensión del convencimiento que

tenían los ejecutores de la represión de estar haciendo lo correcto, ellos que no escondían ni

sentían vergüenza por el hecho del abuso sobre los prisioneros, hasta se vanagloriaban de

mantener en aquellas condiciones a una persona que no estaba de acuerdo con el proceso que

todo el pueblo-decian- había decidido protagonizar, allí donde habrían debido decir : secundar. 

 

Ni Las autoridades , ni el común de las personas eran capaces de ver siquiera un exceso, en

aquella impresentable cantidad de años de reclusión de un disidente político, sin embargo veían

como una conducta impropia de un hombre cabal , el hecho de que presumiblemente simulase un

impedimento que lo obligaba a estar postrado y a moverse mediante una silla de ruedas.   Mientras

tanto yo solo podía admirar a quien había tenido la sangre fría, el valor y hasta el sentido del humor

de simular durante cinco años dicha invalidez, que alguien tuviese que recurrir a tamaño ejercicio de

precisión en la simulación me permitía acercarme mediante la imaginación al padecimiento de aquel

ser privado de libertad, cosa que por otra parte yo tenía muy a flor de piel ya que mi padre cumplía

prisión política también, por la intolerancia de otro gobierno, pero de signo ideológico opuesto, de otro

color de barniz pero de la misma madera. Paradójicamente a causa de la represión brutal que había

en mi país de nacimiento, estábamos exiliados en aquella segunda patria que no debía conocer aquellos procederes.

 

Lo más perverso es que la prueba con que se contaba en su contra  era un vídeo que le habían grabado

a lo largo de los cinco años que Valladares dijo padecer esa dolencia, en el cual se podía apreciar a un

hombre levantarse en medio de la madrugada para hacer una serie de ejercicios para no perder el

tono muscular y quedar ciertamente inválido,  según la versión de la televisión y de todos los órganos

de prensa.

Más allá de cual sea la verdad objetiva en el contencioso de acusaciones de falsedades mutuas,

que se espetaron en su momento el ex preso político Armando Valladares Pérez y el departamento

de Seguridad del Estado en Cuba, acerca de si este era policía secreto de Batista y estaba involucrado

en acciones de terrorismo en La Habana en el año 1959, o si fue preso por negarse a colocar

consignas comunistas en su oficina de trabajo según asegura el poeta, lo cierto es que  que por una

o por la otra razón, pasó la friolera de 22 años en las prisiones cubanas.

 

Tuvo el valor de oponerse a vestir como un preso común y pasó varias semanas desnudo y en celdas

de castigo por su actitud altiva.  Sin embargo oficialmente se presentaba al poeta como un farsante,

un simulador que pagó con dos décadas de su vida en las mazmorras el precio de la libertad de

opinión, del manifiesto del disenso.

 

Al margen de cualquier divergencia o concordancia con las ideas políticas de Armando Valladares, de mi

padre o de tantos presos y exiliados que perdieron los mejores años de sus vidas por políticas

crueles , caprichosas y despiadadas, no me sentiría pleno si no uso mi voz para condenar a  quienes

el poder ha logrado obnubilar y consideran que todo les pertenece, incluso la vida de las personas,

sean cuales fueren sus barnices ideológicos siendo idéntica la voracidad de sus apetitos de libertades.

Aún así a la plenitud todavía le falta mucho por llegar.


 

               (Martin Guevara)

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