La Habana, 23 de Julio.- Después de leer las extensas columnas de
Granma, dedicadas al recién finalizado Noveno Congreso de la
Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), la conclusión es que la prensa
cubana, atada al Partido Comunista, seguirá entre el
estancamiento y la degradación, presentes desde hace décadas
en los medios de comunicación del país.
Hablando de la salud de nuestra prensa, el reportero en
ejercicio Justo Planas la ha caracterizado como “de la tercera edad,
dirigida a la senectud y desajustada ante las inquietudes del
ciudadano de hoy”.
Mientras los columnistas de los medios estatales escriben para
nuestros abuelos, surge y se desarrolla un periodismo
alternativo, aprovechando la imparable apertura
democrática que representan las nuevas tecnologías de la
comunicación.
La porfiada persecución a las llamadas “Antenas” ha
cedido ante la imposibilidad de eliminar tantas alternativas para
alcanzar la sintonía de las televisoras extranjeras. Los celulares
alcanzan a dos millones de usuarios; finalmente Internet se
abre tímida, pero irreversible a los cubanos.
Yoani Sánchez representa la incapacidad de parar la libre expresión,
loable esfuerzo personal, precedida y acompañada por otros
muchos reporteros independientes. Sin embargo, confiados en su
monopolio sobre los medios de difusión de alcance masivo en
el país, los funcionarios del Departamento Ideológico del Partido
Comunista (DI), consideran que para el periodismo en Cuba no ha
llegado la hora de los cambios.
Leer los resúmenes de Granma en torno al finalizado congreso de
la UPEC es constatar la reiteración de consignas generales,
abstractas, lejos de esa cotidianeidad que, repiten, es necesario
revelar. Escasean las expresiones concretas. El columnista
de Granma Alberto Alvariño se limita a reconocer
“insuficiencias e insatisfacciones”, considerando además que un
mal tan criticado como el negarse a dar información por
parte de los burócratas, debe alcanzar la precisión de
“secretismo infundado”.
Estamos ante la fiel interpretación del DI, ese Gran Vigilante
dirigido desde hace décadas por Rolando Alfonso Borges como
Zar de la prensa nacional. Fueron los funcionarios del citado
Departamento Ideológico quiénes dirigieron los pasos previos a
la asamblea mayor de los informadores cubanos, incluyendo
su cónclave final.
De los resultados basta citar que en la dirección de la nueva
UPEC tenemos entre otros a Moltó, Arleen y Aixia, estas dos
últimas, figuras permanentes en la aburrida Mesa Redonda de
la televisión cubana, extendida a Telesur de Venezuela.
No es de esperar que las citadas estrellas del periodismo comunista
cambien de parecer, inaugurando un nuevo decir en los
medios de comunicación de la nación.
Continuará el secuestro de la noticia siempre que se trate de
un asunto espinoso, con la obligada espera de una señal desde
arriba por parte de los directores de los medios y sus periodistas.
Será el DI quien determinará entonces qué se dice, cuándo y cómo.
No olvidemos que los señores del mencionado Team quitan y
ponen a los dirigentes del sector, recomendando además la
carrera de cualquier profesional aspirante a escalar
posiciones en el escalafón nacional.
Al leer las múltiples justificaciones patrioteras ante el justo
reclamo por cambiar un periodismo en crisis, saltan a la vista,
primero la autocensura, cuyo supuesto objetivo es no dar
argumentos al poderoso vecino del norte, monopolista
mediático y permanente agresor a nuestro país. Lo segundo es
el temor a una Glasnost, considerada como una de las causas
del colapso socialista en la URSS.
El asunto real es que la burocracia, anclada en sus privilegios,
acostumbrada al fácil ejercicio de decir NO, teme a la democracia
informativa como el Diablo a la Cruz. Los señores del
Departamento Ideológico eliminan el disenso porque quieren
conservar la “tranquilidad” en que viven desde hace largos
años, pero es bueno recordarles que de tal forma están
empeñando el porvenir de la Patria.
