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Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.

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¡Ay sí, ay sí! Soy Britney Spears, la comunista

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La profundidad ideológica entre Britney Spears y el electorado chavista es más o menos la misma

Por: JORGE SAYEGH 
10-11-2013
"Communism doesn't work because people like to own stuff."

Frank Zappa

 

Britney no me gustó nunca. Era evidentemente un producto industrial-musical que ni siquiera cantaba. Eso sí, a pesar de toda su frivolidad, siempre me pareció mejor que Arjona. Ahora la pobre niña rica -luego de dar tumbos, pena ajena, picones sin pantaletas y un beso memorable con Madonna- acaba de declarar que su último sencillo, "Work Bitch", está inspirado en la lectura de, cáigase pa'trás mi querido lector, Karl Marx.

En los lejanos 60 y 70, ser "de izquierda" era una moda intelectual de la juventud y de alguna vejentud. Claro, eran otras épocas. Había mucha más hambre, más pobreza, más injusticia, más represión, más machismo, menos ecología, menos derechos humanos y el pronóstico del clima era una duda de la cual dependíamos. No es que ahora el pronóstico no falle, pero si un huracán arrasa Haití, ¡no hay duda!, es nuestra culpa, nuestra culpa, nuestra grandísima culpa. 

El comunismo, además de guerrilla, era parte de un paquete que incluía una actitud intelectual, un look hiposo latinoamericano (híbrido entre beatnikneoyorkino y cantante peruano de Sabana Grande), el gusto por el rock, la salsa, o ambos (jamás música disco o Los Melódicos), feminismo, antirracismo, drogas ilegales y amor libre. Suena un poco ridículo eso de "amor libre", lo sé, pero en aquel entonces no existía ni el término ni el concepto de hoy: "derecho a la sexualidad", que, aunque más correcto políticamente, debemos reconocer que suena demasiado acartonado para una actividad tan agitada.

El rebelde de entonces vivía envuelto en un aura de trascendencia. Aquel adagio anónimo de "Quien no es comunista a los 20, no tiene corazón; quien sigue siéndolo a los 40, no tiene cerebro"; adquiría todo el sentido. Pero, ¿por qué un muchacho de hoy habría de meterse a ñángara?

Con el capitalismo vivíamos mejor

En 1970 el 30% de la población mundial vivía con menos de un dólar al día, hoy es menos del 5%. Del desaparecido imperio soviético sólo queda nostalgia para los rusos y felicidad para sus satélites, quienes pasaron a formar parte de la Comunidad Europea. El comunismo chino se transformó en una dictadura de capitalismo salvaje que redujo su pobreza extrema a 0.3%. Hoy las mujeres tienen más derechos de los que han tenido nunca en toda la historia de la humanidad. Estamos en el umbral de una posible despenalización internacional del consumo de droga. Hasta los padres se extrañarían si su hija declarara que pretende llegar virgen al matrimonio (de hecho, no le creerían en lo absoluto) y un negro es presidente de Estados Unidos... ¿Qué bandera le queda a la izquierda tradicional de los años 60?

Quizás no haya banderas, pero sobran taras mentales para seguir apoyando, en contra de toda evidencia, el fracaso comunista. La que me parece más peligrosa es la caridad, esa virtud teologal devenida en culpa social. No olvidemos que el comunismo fue una revelación del profeta Marx, quien escribió una biblia política que vaticinaba el futuro de la humanidad como un paraíso totalitario luego de un Apocalipsis capitalista que, gracias a Dios, aún no ha llegado. Y como buena religión, a pesar de su decadencia, todavía tiene santos que emprenden una cruzada para convertir infieles a una fe que decide cuál es la infinita felicidad que nos conviene, aunque no queramos bautizarnos en su agua bendita.

Hay más irreflexiones que sirven de base para creer en las tesis sacrosantas del evangelio según Marx: la desinformación, la paranoia anticapitalista, la envidia al éxito ajeno, el reconcomio atávico o el antinorteamericanismo. Pero de todas ellas, insisto, la caridad es la más peligrosa, porque, justamente por los buenos sentimientos que profesa, puede crear en el colectivo una meta tan altruista como imposible (quizás hasta innecesaria) y, en pos de ella, sacrificar las libertades individuales de la sociedad en el altar del fanatismo.

La izquierda siempre requirió de un fecundo ejercicio intelectual. En los años 60 Sartre o Carpentier eran estrellas de la ilustración de izquierda. Hoy esa constelación tiene más agujeros negros que supernovas. Las vedettes socialistas de hoy son los Oliver Stone, quienes sólo quieren un capitalismo más eficiente para su país y hacer turismo político en el nuestro para retratarse con los aborígenes, como nota pintoresca de su vida de millonarios internacionales.

Adequismo del siglo XXI

Y así llegamos por fin a nuestros predios. Se equivoca, querido lector, si cree que estamos gobernados por comunistas. No se deje engañar por la retórica socialistoide del gobierno de turno, ni por su maridaje con Cuba ni por su obsesivo e ineficiente control de la economía. Este es un gobierno neo-adeco. Una mutación del virus semimarxista que se hizo epidemia a mediados del siglo XX en Venezuela y que estuvo refrenado por el equilibrio de poderes de la democracia mal llamada "puntofijista". Pero una vez que los contrapesos políticos desaparecieron, el adequismo pudo florecer nuevamente bajo la apariencia de un fenómeno indefinible conocido como chavismo.

Por una parte, el electorado adeco sencillamente saltó la talanquera. Los que votaron por CAP II, luego se pasaron al chiripero y finalmente al MVR. Por otro, no hay una sola política que este gobierno haya implementado que ya antes no la hubieran inventado Acción Democrática o, a veces, su hermano menor y más tonto, Copei. Por ejemplo, Lusinchi es el padre de Mercal (Corpomercadeo) y Luis Herrera el de Cadivi (Recadi). De hecho, AD hasta la década de los 50 se definía como un partido político marxista.

Marx fue un prolífico escritor, creador de la teoría comunista, pero debe ser uno de los autores menos leído, incluso por quienes se proclaman socialistas. Sus tesis han sido reescritas, interpretadas y explicadas por otros autores (Louis Althouser era el favorito en los 70) para hacer su pensamiento más accesible; y es usual encontrarnos con gente que cree saber lo que dijo Marx cuando repiten clichés como: "¡Pobres del mundo, uníos!", "plusvalía", "Dictadura del proletariado".

Britney, la revolucionaria

La profundidad ideológica que encuentro entre Britney Spears y el electorado chavista es más o menos la misma. Hay una diferencia formal, claro. Mientras Britney llegó a la conclusión de que su canción es marxista en su mansión de Beverly Hills, porque Sean Penn le mencionó el valor económico del trabajo, mientras compartían una lumpia; el chavista de a pie encuentra que su doctrina es marxista en la cola para comprar arroz, porque la "guerra económica" que la gente rica tiene contra la gente pobre lo está haciendo pasar trabajo.

La realidad es que sin comunismo nos ha ido mejor. Marx realizó una excelente interpretación de la historia, pero se peló cuando se creyó adivino y quiso dictarnos el futuro. Sus ideas hay que aprovecharlas como lo que son, una crítica a la historia, la economía y la política, pero no como las profecías de Nostradamus desencriptadas. En ese sentido, Britney está más acertada que nuestro compatriota de la cola. Si se inspiró en la teoría de Marx fue para hacer más capital.

Al final, ambos son hermanos universales del mismo absurdo en extinción. Uno pobre y la otra rica. ¡Qué curioso!, debe ser alguna manifestación globalizada y posmodernista de la Lucha de Clases.
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