Por fin, después de varios días de mi detención en esa ciudad oriental de Cuba, pudimos entrar sin las molestias policiales de siempre. Aunque requirieron la identificación de todos los hombres en el Punto de Control de entrada a la ciudad, pude pasar con mi familia sin ninguna dificultad. En un aparente ambiente sano y sin la presencia, al menos visible, de la policía, a las 3:00pm del domingo 19 de noviembre los niños de Rolando Rodríguez Lobaina recibieron el agua bendita que los consagra como bautizados en la fe cristiana.
¿Había alguna razón para impedirlo unas semanas atrás? ¿Qué orden venida de Villa Marista o el cuartel general en Guantánamo hizo que devolvieran a mi familia a San Germán y a mí a una oscura y maloliente celda? ¿Debemos creer que fue ‘un error’, como le dijeron a R. Lobaina?
Lo cierto es que una actitud como esa sigue marcando a la ciudad del Guaso como uno de los mayores centros de represión en toda la isla.
Toda acción humana sirve de experiencia. Esta me sirvió para reafirmar mi fe en Cristo Jesús y en el día de la libertad de Cuba. Atravesaría otra vez todos los portones de fuego, todas las celdas y los castigos corporales por intentar ser un hombre libre. Es mi creencia, es mi fe y la de muchos. Ese día en la iglesia católica principal de Guantánamo parecía el día después de la caída de la dictadura. Son días por venir.
