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Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.

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Bin Laden: moderno y global: Por Alfredo C. Villeda

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  • 2011-05-07•Cultura

No pocos se burlaron de quienes osaron aventurar que, una vez consumado el ataque del 11-S a las Torres Gemelas y el Pentágono, Osama Bin Laden, enfundado en un traje Armani, rasurado, sin turbante, lentes oscuros, deambularía por el mundo a su antojo. Porque una mayoría se casó con la idea del primitivo terrorista, con la falsa imagen del anacoreta armado con su Kaleshnikov al hombro viviendo entre cuevas de Afganistán, ataviado con jirones. Nada más alejado de la realidad.

Es la imagen que Bin Laden vendió y le compró el mundo global del que echó mano… a juzgar por los 10 años que tomó a la CIA hallarlo. “No hay estereotipo que resulte más pasmoso que el que describe a Al Qaeda (La Base) como un retroceso en los tiempo medievales. Es un subproducto de la globalización. Al igual que los cárteles de la droga, con dimensiones mundiales”, escribe John Gray en Al Qaeda y lo que significa ser moderno (Paidós, 2004).

La operación del grupo de élite Seals, en una fortaleza al norte de Pakistán ajena en todo su concepto a una gruta o una montaña, da la razón a este profesor londinense: “Al Qaeda no sólo es moderna por utilizar tecnología de la comunicación y estrategia mediática. También lo es por su organización. Carente de paradero fijo y con miembros activos procedentes de prácticamente todas las partes del mundo, Al Qaeda es una multinacional global”.

Sin embargo, no sólo el golpe de Barack Obama ha echado abajo la mitología en torno del multimillonario saudí. Este año es fundamental en la materia por las revueltas del Magreb, que confirmaron por otra parte la soledad con que la empresa de Bin Laden operaba ya, fulminados sus aliados talibanes por la ocupación estadunidense desde la gestión de George W. Bush.

“El fracaso de Osama Bin Laden, como Sadam Husein y Jomeini antes que él, para movilizar de forma eficaz al mundo islámico en su guerra profana, pese a su red terrorista mundial, nos recuerda que los musulmanes, como toda comunidad religiosa mundial, son en realidad diversos. Además, como ha puesto de manifiesto la historia islámica en numerosas ocasiones, el islam moderado, en el derecho y la teología como en la práctica, al final ha rechazado o marginado siempre a los terroristas y los extremistas”, escribió a su vez John L. Esposito en su ensayo Guerras profanas (Paidós, 2003).

La curiosidad y el morbo, empero, no tienen límites. Días después del asalto contra el CEO de Al Qaeda, centenares de peregrinos acuden ya a la residencia de la ahora célebre Ciudad Abbott para conocer la modernísima cueva que servía de refugio al enemigo número uno de Washington. Pronto se conocerá, por cierto, la respuesta de la Casa Blanca a la omisión paquistaní que supuso la estancia del terrorista en un vecindario estrictamente militar.

Como se ha anotado aquí en fechas recientes, Bin Laden no fue ese salvador que la leyenda árabe hace aparecer cada centuria, pero tampoco puede encasillársele en lo que Joseph Conrad escribió en su novela El agente secreto: “La locura sin más es auténticamente espantosa, ya que no es posible aplacarla con amenazas, persuasión o sobornos”. Aquí había descontextualización religiosa y Corán desvirtuado, si se quiere, pero no insania. Había perversidad y mente criminal, no atenuantes psiquiátricos.

Sí hay, de sobra, prostitución de los dioses. Bush junior también evocaba en cada mensaje al Dios que, según él, le encargó una tarea, y así justificó su intervención en Afganistán e Irak. “Con Dios de su lado”, como canta con no poca ironía Bob Dylan. Obama, ahora, anuncia al mundo un domingo por la noche que “se ha hecho justicia” con el aniquilamiento de su objetivo número uno, él, Premio Nobel de la Paz, y cierra su discurso con un sonoro: “May God bless America”. Está documentado: no hay país más religioso que EU.

El antes citado John Gray apunta: “Muchos estadunidenses han creído durante largo tiempo que su país tiene una misión universal. No es una convicción poco frecuente. Los británicos, durante el siglo XIX, los franceses durante el XVIII, los españoles y los portugueses durante los siglos XVI y XVII, todos imaginaron ser los precursores de una civilización universal. No hay nada de excepcionalismo en el excepcionalismo estadunidense”.

Abatido Bin Laden, la hidra del terror echará al mundo otro monstruo. Pocos creerán ahora, sin embargo, que esté oculto tras una duna en las arenas del Magreb o debajo de una piedra en la antigua Persia.

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