Por Ernesto Aquino/Hablemos Press.
La Habana, 21 de septiembre.- La provocación
-como método y estrategia para disminuir el efecto
moral que producen las acciones civiles responsables,
en defensa de la verdad, las libertades y los
derechos humanos-, es un recurso recurrente de la
tiranía castrista para enfrentar los
argumentos acusatorios irrebatibles del
periodismo independiente.
La detención del periodista y foto-reportero
independiente Calixto Ramón Martínez Arias, y el
posible proceso judicial -por desacato-, que
podría conducirlo a prisión, quién sabe por cuánto
tiempo, es una evidencia de la fragilidad que define la cobardía
de las tiranías totalitarias.
Calixto Ramón, es un ciudadano común; simple. Un cubano, que
prefirió el dolor de la luz que revela y expone, a la complicidad del
silencio que miente y oculta.
Calixto Ramón, es una estrella de vergüenza y corazón abierto; un
disparo de luz enamorado de la vida, que está entregando su juventud,
sus sueños, sus esperanzas y sus ganas de ser útil a la lucha por una
Cuba mejor, “con todos, y para el bien de todos”, donde el
amor, la tolerancia, y un perdón de brazos siempre abiertos ilumine el
cielo atormentado de una Cuba que espera, confiada, por el sacrificio
sin mancha de lo mejor de sus hijos.
No es suficiente que confiemos en Dios; hace falta que nos amemos
los unos a los otros; y que todos los hombres y mujeres, -en cualquier
parte del mundo que se encuentren- amantes de la libertad, la
democracia y los derechos humanos, levantemos la voz -con toda la
fuerza de la razón y la conciencia iluminada- para exigir el
respeto incondicional y soberano a los defensores de la vida.
¡Levantemos nuestras manos!; abramos nuestro pecho; y con un grito
de hombre y de patriota, exijamos a los traidores de la
humanidad la libertad inmediata e incondicional de nuestro hermano
Calixto Ramón Martínez Arias, por el bien de Cuba, de América
y de la humanidad.

