Por Jorge Alberto Liriano Linares/ Hablemos Press.
Camagüey, 8 de Febrero.- En las cárceles cubanas, los problemas subsisten, y el gobierno y su
máxima dirección política, no toman las medidas que corresponden para darles la solución que
requieren.
Lo cierto es que muchos siguen durmiendo a pierna suelta, mientras la extraña asociación entre
represión, violencia policial, y la supuesta democracia implementada por el régimen totalitario nos
remite a la siguiente reflexión.
Los Derechos Humanos y la democracia en Cuba, se imponen a punta de bayoneta y palos; de
ahí, la masividad de los arrestos arbitrarios y las cárceles abarrotadas, que continúan funcionando
como máquina de destrucción y muerte.
El sistema carcelario, con sus cientos de campos de concentración a lo largo y ancho de la isla,
actúa como la válvula de escape de la sociedad; así las cosas, resulta imposible que pueda reinar
mucho espacio para el respeto a las normas y principios al derecho internacional y los derechos
humano.
El legado de la dictadura castro comunista, entronizada en el poder por más de medio siglo,
condicionó un precedente de extrema pobreza, relevantes injusticias y el aumento de las
desigualdades sociales en la población.
En Cuba, la corrupción, el latrocinio y el derrumbe ético de la sociedad llegaron a los extremos.
Hoy en día, los resultados son elocuentes, y aun cuando cínicamente la tiranía castrista reconoce
el fracaso de la ideología comunista, y tratan de cambiar de rumbo, el pueblo ya no confía, pues
resulta demasiado tarde, y los cambios actuales son como las patadas de un ahogado; tras más
de medio ciclo de fracasos siguen aferrados al poder, nadando hacia la orilla equivocada.
La historia demuestra que seguirán incumpliendo sus promesas y violando los acuerdos más
importantes. El estado y su cúpula gobernante se auto intoxican con su propia mentira,
encubriendo a oportunistas, malversadores, torturadores y asesinos.
Por eso, las protesta en Cuba se vuelven más sistemáticas, y la tiranía, temerosa de una crisis
general, no se lo piensa dos veces para auxiliarse de los únicos métodos que conocen: la represión
brutal, los arrestos arbitrarios y el encarcelamiento de los más pobres, humildes y marginados de
la sociedad.
En el socialismo, cada legítima demanda es catalogada como un acto vandálico o de desobediencia
civil, y bajo ese pretexto las autoridades justifican que campeen las balas y porras de las fuerzas
militares, los cientos de arrestos arbitrarios, torturas y asesinatos
-que a medida que pasa el tiempo se recrudecen e intensifican- por lo que todo el pueblo cubano, y
sobre todo la juventud, son víctimas de la política represiva que impulsa el gobierno.
Todo esto, se ve reflejado en el aumento del ya elevado índice de población penitenciaria que
ostenta el país; por eso, las prisiones cubanas funcionan como superpoblados almacenes o
cementerios de hombres vivos, donde miles de personas son sometidas a los más macabros,
pavorosos, y absolutamente demenciales crímenes, que incluyen salvajes golpizas, pérfidas
torturas y bárbaros asesinatos, que contravienen, en letra y espíritu, los principios reflejados en
la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Por sólo citar un ejemplo de la barbarie criminal que viven los presos, al cierre del año 2012, en
la prisión de máxima severidad Kilo 7 -ubicada en el centro oriental de la isla- 6 de cada 10 reclusos
sufrieron maltrato físico; 86 resultaron lesionados de gravedad, pues estuvieron a punto de ser
asesinados, y dolorosamente hubo que lamentar la muerte de 5 seres humanos, todos víctimas
de la violencia incontenible y la absoluta impunidad que caracteriza a las fuerzas encargadas del
orden interior en esta prisión.
Y como si fuese poco el panorama vivido en el 2012, a sólo unos días de iniciado el año 2013 ya
suman 8 los lesionados graves y la pérdida de una vida, producto de la aberrante y criminal acción
de los militares.
En medio de este escenario genocida, donde se están cometiendo crímenes que manchan de
sangre y luto la conciencia de la humanidad, el gobierno y su mecanismo de control interno -y
hasta los propios órganos de inteligencia- se prestan para mantener en absoluta impunidad a los
asesinos uniformados, sin reparar que nadie tiene el derecho, ni goza de autoridad legal para usar
la violencia contra los humanos, y mucho menos en estado de reclusión.
Las criminales acciones que hoy tienen lugar en la prisión kilo 7, reflejan la magnitud de la
violencia en las cárceles cubanas, y por supuesto, una auténtica catástrofe en materia de
derechos humanos.
Lo más triste y perturbador de todo este desastre humano, es ver cómo estos crímenes
despiadados son ocultados y amañados.
En Cuba, hace más de medio siglo, los derechos y libertades del pueblo son aplastados con
crueldad; en el interior de las cárceles, los tratos crueles, inhumanos y degradantes, superan
los límites permisibles; nadie puede sentirse seguro en un país donde el gobierno y su sistema
judicial consienten a la autoridad.
El régimen cubano y sus fuerzas represivas, actúan en estrecha complicidad antes las acciones
genocidas; la cifras de crímenes y actos violatorios se disparan, lo que resulta un insulto a la
democracia, la libertad y los derechos humanos.
Algo que pone de manifiesto -una vez más- el doble rasero de la política cubana en las coyunturas
del mundo actual; algo que resulta inconcebible, es la aberración con que las fuerzas del orden
están golpeando y asesinando al pueblo, en vez de cuidarlo y protegerlo.
¿Cómo es posible que estos crímenes contra la conciencia de la humanidad se estén llevando a
cabo en la nación que más perora sobre los Derechos Humanos en el mundo?
