Por Jorge Alberto Liriano Linares/ Hablemos
Press.
Camagüey, 9 de mayo.- La falta de control y fiscalización
de los escasos recursos asignados por el estado a las
prisiones del territorio genera graves delitos de
corrupción, fraude y desvíos de recursos con la
consiguiente pérdida de valores, ética y vergüenza
de los militares.
A inicios de este año la prisión provincial
Kilo 7, en Camagüey, recibió un modulo de avituallamiento que comprendía 2
sabanas, 1 toalla con el objetivo de cubrir las necesidades de la población penal.
Del citado modulo se entregó una sola sábana el resto de la dotación anda por
retorcidos caminos, según declaraciones del Sud Oficial Aragón y el capitán
Yosbel Guerra Castillo, ambos especialistas en tratamientos reeducativos.
La responsabilidad recae sobre el Departamento Logística. Lo cierto es que el destino
conferido al modulo salta como papa caliente sin respuestas concretas y sin solución,
sábanas y toallas tomaron el camino equivocado y a estas alturas debe ser oferta del
mercado subterráneo.
Una vez más, la tolerancia, la falta de exigencia y el descontrol, posibilitan el
robo y el vandalismo de las autoridades militares en la prisión Kilo 7.
En su desvergonzada enajenación se creen más allá de la constitución, más allá de
las leyes, del derecho internacional humanitario, mas allá incluso de las disposiciones
de las máximas direcciones del país.
Lo que no puede negarse es que actos como este, son otra muestra de la impunidad
judicial del Ministerio del Interior.
Las cárceles cubanas se han convertido en un lucrativo y turbio negocio,
apoyado por un sistema de malversadores y asesinos, un sistema social fracasado
y hundido en la mentira y el doble rasero.
