Por Jorge Alberto Liriano Linares.
Camagüey, 8 de Abril.- En la prisión provincial Kilo 7, ubicada en el centro oriental de la isla,
unos 1.600 reclusos son sometidos a medidas arbitrarias, donde a todas luces prevalecen las
doctrinas militares, ya obsoletas en el mundo, y una enorme tendencia a la anarquía.
Esta cárcel de máxima seguridad, con su deplorable record histórico de crímenes y violaciones,
se sigue hundiendo en un mar de sangre, destrucción y muerte. Día tras día, los índices de
maltratos, lesionados y suicidios se disparan; ello, refleja la magnitud de la violencia en esta cárcel,
así como la privación de los derechos básicos y los tratos inhumanos contra los encarcelados.
Al cierre de este primer trimestre del año, 41 reclusos sufrieron torturas físicas, al imponérseles el
castigo de “la crucifixión”, al ser esposados desnudos y en forma de cruz, sometidos en esta
posición
por varios días y privados de agua y alimentos.
El caso más reciente tuvo lugar el pasado 1 de Abril, con el preso común Víctor Barreiro Amalluena,
de 28 años de edad, natural de Santa Cruz del Sur, provincia de Camagüey.
Según el testimonio de Barreiro Amalluena, fue golpeado brutalmente por los agentes nombrados
Sergio y Rodolfo; sometido a la cruel tortura de “la crucifixión” por más de 48 horas, logrando que
cesara la inhumana tortura, recurriendo a la auto agresión, causándose una herida de 12 puntos de
sutura en la pierna izquierda; desde entonces, permanece plantado exigiendo justicia, para que se
aplique el peso de la ley contra los militares que lo golpearon, torturaron y trataron de asesinarlo.
Los familiares de Víctor Barreiro Amalluena, también se encuentran en huelga en los exteriores de
la prisión.
Por idéntica situación pasó el recluso Leoni Domínguez Pérez, de 28 años de edad, el cual se
lesionó en varias partes del cuerpo: Única forma de evitar el suplicio; y con éste -en lo que va de
año-, suman 53 los presos que han acudido a la auto agresión, como única solución para luchar
contra el odio, el desprecio y la violencia de los militares.
Aparejado a todo este desastre, también se ha incrementado la cifra de los prisioneros que han
intentado quitarse la vida, con el alarmante record de 32 casos en este primer trimestre del año.
Unos fueron sorprendidos ahorcándose; otros se han dado candela.
El caso más reciente es el de Yoneski Reyes Rodríguez, de 34 años de edad, quien trató de
envenenarse con una sobredósis de fármacos, y aún se encuentra hospitalizado por esta causa.
Las esperanzas de vida son nulas, en esta prisión donde prima la represión e imperan los abusos
de poder, la corrupción judicial y administrativa, y el tratamiento brutal contra el hombre sancionado,
en detrimento de su integridad y dignidad humana
Fuente: Hablemos Press/ La Habana