La condena en Cuba al subcontratista estadounidense Alan Gross echa un balde de agua fría sobre las relaciones bilaterales, pero hay oportunidades para avanzar si los gobiernos se muestran dispustos a generar la confianza necesaria, estimaron analistas este lunes.
Un Tribunal de La Habana condenó el sábado pasado a 15 años de prisión a Gross, un subcontratista del Departamento de Estado de 61 años que fue arrestado en diciembre de 2009 en La Habana cuando repartía material de comunicaciones a grupos judíos en la isla.
Washington no tardó en reaccionar a la condena por delitos contra "la integridad territorial": el portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Tommy Vietor, calificó la sentencia de "otra injusticia en el suplicio" de Gross y el Departamento de Estado defendió su labor en Cuba.
El caso de Gross frenó un periodo de distensión que se había producido entre Cuba y Estados Unidos, países que carecen de relaciones formales desde hace medio siglo, tras la llegada al poder de Barack Obama, quien levantó algunas restricciones para viajes y envíos de remesas hacia la isla.
Washington ha advertido que no habrá más apertura mientras Gross siga detenido, pero sigue comprometido con la política de fomentar contactos entre los pueblos y apoyar grupos civiles en la isla, recordó la semana pasada la secretaria de Estado, Hillary Clinton, en una interpelación en el Congreso.
En el futuro próximo, "va a continuar el status quo, una coyuntura que revela una posición ambivalente de parte de Washington", dijo a la AFP en un correo electrónico John Kirk, especialista en Cuba de la universidad Dalhousie en Nueva Escocia, Canadá.
"La administración ha demostrado un interés en mejorar la relación" pero por otro lado sigue otorgando dinero para programas que son vistos en La Habana como "contrarrevolucionarios", estimó Kirk, quien visita frecuentemente La Habana.
Pero más allá de la retórica, "si los gobiernos de Cuba y Estados Unidos piensan con claridad, y creatividad, existen soluciones para este incidente", opinó por su parte Arturo Lopez-Levy, de la universidad de Denver.
La condena a Gross apunta más "a disuadir a otros de participar en actividades intervencionistas de cambio de régimen", dijo Lopez-Levy, al destacar que el tribunal afirmó que Gross fue "manipulado" por la agencia USAID del Departamento del Estado, que contrató a la empresa de Gross.
La Habana no debería desestimar "los efectos de un gesto humanitario hacia la familia Gross en el debate interno (estadounidenses) sobre la política hacia Cuba", dijo Lopez-Levy.
"Ambos gobiernos necesitan comenzar a desarrollar medidas de confianza", dijo Kirk.
Estados Unidos podría abrir una vía si permite una misión de alto nivel del Congreso o de personas eminentes que estimule a "aquellos sectores dentro del gobierno cubano favorables a liberar a Gross en un contexto de mejoramiento de las relaciones", dijo Lopez-Levy.
Washington y La Habana tienen un amplio abanico de iniciativas que podrían tomar, como discutir la posibilidad de explorar petróleo en forma conjunta en el Golfo de México, fomentar eventos deportivos y permitir la venta de medicamentos cubanos en Estados Unidos, entre otros, dijeron los analistas.
El "legado de hostilidad" que recibió Obama "no ha sido desmantelado, pero su visión de promover cambios en Cuba a través del intercambio ofrece una oportunidad para una victoria definitiva del nacionalismo cubano sobre el embargo", agregó Lopez-Levy