Por Ernesto Aquino.
La Habana.- Fidel Castro y Hugo
Chávez, compartieron muchos secretos
macabros; desde operaciones paramilitares
-para sembrar el terror entre los
venezolanos-, hasta el respaldo
financiero a las narco guerrillas y
el terrorismo internacional; y era
de todos conocida la indiscreción
extrema de Chávez, para que Castro
aceptara que lo sobreviviera.
Es cierto que la muerte de Chávez les
ahorrará muchas lágrimas al pueblo de
Venezuela, y a otros pueblos de América que tuvieron la
desgracia de padecerlo -por la vileza de sus gobernantes que
sometieron la soberanía de su pueblo a los petrodólares-, pero
eso, no hace menos condenable el magnicidio.
Hugo Rafael, cometió un pecado de lesa autoridad que Fidel
Castro no le perdonó jamás: Se autoproclamó Comandante de
América. Y con toda la arrogancia que se agencian los
hombres insignificantes que llegan al poder gracias a su
extraordinaria falta de escrúpulos, hizo añicos la escasa
popularidad que le quedaba al viejo hurón de la Sierra Maestra.
Fidel Castro es un cadáver, que espera que la generosidad de
la vejez y la enfermedad lo libren de ser ajusticiado.
Su condición de hijo bastardo y su naturaleza perversa y
retorcida le granjearon suficiente desprecio por parte de todos
los que lo conocieron, como para estar preocupado por la forma
en que los venezolanos lo recordarán.
Hugo Chávez está muerto. Murió lejos de su país; despreciando a
los médicos venezolanos y burlando la confianza de los que
creyeron en él. Su falta de inteligencia y su manía de grandeza lo
cegaron, al extremo de confiarle su vida a uno de los más grandes
asesinos en serie de la humanidad. Qué más da, las consecuencias
que se deriven de este crimen. Hugo Chávez está muerto…….y
Fidel Castro, también.
Fuente: Hablemos Press/ La Habana