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Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.

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China dice adiós al ‘laogai’, Cerrará Los ‘Campos de Reeducación’

  • China dice adiós al ‘laogai’


    CARLOS PLAZA

    El Ministerio de Justicia ha reconocido la existencia de 310 centros, y que por ellos ha pasado un mínimo de 400.000 ciudadanos.

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  • China cerrará los campos de reeducación. Las autoridades de Pekín lo hicieron oficial ayer de boca del subdirector de la Asociación Lefal China, Chen Jiping: “Los cambios son inminentes”. Ya el pasado 7 de enero el director de Seguridad del Partido Comunista Chino, Meng Juanzhu, avanzaba que los campos de reeducación dejarían de estar operativos este año. Los primeros campos aparecieron en China en 1957, y en ellos se ha estado confinando a ciudadanos durante un periodo de entre uno y tres años. Los retenidos en el laogai (abreviatura de Laodong Gaizao o “reforma mediante el trabajo”) penan sus desviaciones de lo establecido por Pekín trabajando para el sistema.

    Los campos están diseñados para modificar la conducta de los ciudadanos, a fin de que “obedezcan la ley, respeten la virtud, amen a su país, amen el trabajo duro y posean ciertas normas de educación y habilidades productivas para la construcción del socialismo”.

     Ser sentenciado a trabajar en el laogai implica la pérdida automática y total de una tutela judicial que, por otro lado, en China ya está mermada. El ciudadano acusado y enviado al campo de trabajo no tiene derecho a ser escuchado por el tribunal, ni mucho menos tiene derecho a un abogado. Además, las condenas se toman generalmente en cuestión de días, si no de horas.

    Quienes tienen la desgracia de acabar en este universo concentracionario son simples infractores, no delincuentes. De ahí que la sentencia máxima sea de tres años... mientras no se prorrogue por un cuarto año. Si, a juicio de las autoridades penitenciarias, un detenido no ha sido convenientemente reeducado, reniega de su culpabilidad o viola las normas de funcionamiento interno del campo, entonces pasa un cuarto año en el laogai.

    Sin embargo, hay excepciones, conocidas como “retención de empleo en el campo”, que implica un alargamiento indefinido de la estancia si el ciudadano ya ha pasado antes por el laogai o si, durante su confinamiento, ha recibido una ampliación de condena.

    En cualquiera de los casos, la dureza de la realidad cotidiana siempre supera la poética de los manuales de Pekín acerca de las bondades de la reeducación por medio del trabajo. En ellos, se establece que un preso trabaja tan sólo seis horas al día y que dispone de hasta tres horas diarias para estudiar y de ocho para dormir; que los domingos y festivos no se trabaja, y que “las recompensas son grandes” y “los castigos ligeros”. Lo cierto es que los confinados están empleados en tareas penosas: minas, fábricas de ladrillos, trabajo agrícola... y el agotamiento merma su salud.

    Las categorías de presos
    En el documento Métodos de Evaluación de 1982, el Gobierno comunista actualizó las “categorías” de ciudadanos que deben someterse a la disciplina del laogai. El principal objetivo del Partido Comunista son los “elementos contrarrevolucionarios” y los que se oponen al Partido y al socialismo. Los inmigrantes, las prostitutas, los que roban, los que cometen perjuro, los que alteran el orden público, quienes se niegan a trabajar o dificultan la producción... todos ellos son carne de campo de reeducación. Esas categorías, sin embargo, han sido ligeramente ampliadas por Pekín, que incluye ahora entre los merecedores de una reeducación a los ciberactivistas que protestan contra la falta de libertades que se sufre en China, a los padres que incumplen la política de “un solo hijo” o a los miembros del movimiento espiritual Falun Gong, prohibido por el partido.

    En una sociedad fuertemente condicionada en el plano político como la china, el laogai se ve como algo similar a un padre que castiga a sus hijos díscolos, un médico que sana a sus pacientes –aunque estos se nieguen– o un maestro que enseña a un alumno rebelde. Ha sido, sin embargo, la propia sociedad la que se ha ido distanciando de las medidas de reeducación, y cada vez son más las voces que se alzan en su contra.

    Anónimos y célebres
    El propio China Daily causó un revuelo al estimar, basándose en fuentes del Ministerio de Justicia chino, la existencia de 310 centros en el país, en donde habían servido con su trabajo más de 400.000 condenados; la mayoría, anónimos, pero también personas célebres como Liu Xiaobo, que ayudó a los estudiantes a escapar de Tiananmen; el obispo católico Zeng Jingmu, por “organizar reuniones ilegales” –es decir, misas–; o Puyi, el último emperador de China. 

    Fuente: Gaceta.es/ Agencias

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