Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.
Muamar Gadafi está llenando de cadáveres al suelo libio. La sangre inocente se irriga en sus polvorientas calles. Armas fieles al demoníaco régimen, atraviesan a hombres y mujeres hastiados de soportar más de cuarenta años de dolorosa opresión. Suenan los bombardeos por todas partes, caen los cuerpos como naipes en las manos expertas de los presdigitadores. Una verdadera carnicería en donde la vida no importa en grado sumo, un dictador de la peor alcurnia, defiende sus múltiples privilegios en desmedro de una población horrorizada ante tanta maldad.
El mundo condena los hechos. Solo algunas particularidades ideológicas han recostado su hombro para apoyar las acciones insostenibles del criminal de Trípoli. El régimen venezolano salió en defensa de su amigo, el presidente Hugo Chávez tomando los mismos argumentos de Muamar Gadafi, sostuvo que son los intereses imperiales en busca del petróleo libio los carburantes de la protesta; que los medios de comunicación occidentales presentan hechos que solo son ciencia ficción. Mostrando toda una coordinación entre aquellos que son verdaderos enemigos de la libertad. Y pensar que en medio de las decisiones en contra del pueblo libio, debe estar la inocente réplica de la espada de Bolívar, como prisionera entre los múltiples tesoros de este sujeto del infierno. Recordamos con precisión, como Chávez condecoró a Gaddafi con la orden Libertador con motivo de su visita a la isla de Margarita para asistir a la cumbre América del Sur África. Asimismo, los gobernantes firmaron una declaración conjunta en la que condenaron el terrorismo. ¡Semejante acto de cinismo no tiene nombre!
La posición del gobierno socialista no es de extrañar. Sus grandes aliados son los enemigos de la humanidad. El chavismo se atrevió a honrar a personajes siniestros como: Manuel Marulanda Vélez, responsable de miles de muertes, robos y extorsiones en Colombia y regiones vecinas. Aquí se le construyó una plaza y hasta se solidarizan con las acciones de las FARC. Sin ningún rubor se rinden vergonzosamente ante los pies avejentados de Fidel Castro. Este individuo responsable de haber aniquilado a muchísimos cubanos instaurando una dictadura que obliga a sus habitantes a vivir en la miseria más espantosa. Inclusive, muchos de ellos prefieren sucumbir en los afilados dientes de los tiburones que seguir muriendo cada día. Se lanzan con cualquier cosa ante el bravío mar que los somete a pruebas inconmensurables, los golpea con potencia hasta el límite de sus fuerzas. Únicamente el anhelo de liberarse de una pesadilla no los hace claudicar.
Ni hablar del inefable Daniel Ortega. Su hijastra tuvo que sufrir sus acosos nocturnos. Como salvaje pantera asalta cunas, iba tras la niña cuando su esposa no estaba. Una joven ultrajada por un degenerado que se hace llamar seguidor de Simón Bolívar. Ahora quiere pontificar acerca de la moral y de las sanas costumbres, quisiera que Nicaragua guardara silencio ante sus numerosas historias de bajos instintos.
Las réplicas de la espada del Libertador deben andar con la vergüenza en el honor. Convertir el testimonio respladenciente de su heroica gesta, en un souvenir para depravados y asesinos es algo imperdonable. Colocar al caraqueño universal cerca de donde se masacra a inocentes o se roba descaradamente, como lo hacen mucho de sus amigos, es algo insólito en el mundo de hoy. Con razón muchos inadaptados sociales adoran al gobierno de Hugo Chávez. Es el santo de los malandrines, de aquellos que culpan a los demás de sus desgracias. Los inocentes pagan hasta con su vida las acciones de estos vándalos que avanzan por nuestra patria. Esos camaradas comparten pensamientos rabiosamente torcidos. Con razón les incomoda las expresiones democráticas. Creen en un mundo en donde solo quepan aquellos que tienen las venas congeladas por los odios acumulados en su torrente sanguíneo.