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Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.

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Cuando Ronald Reagan llamó por su nombre al 'imperio del mal'

  • Cuando Ronald Reagan llamó por su nombre al 'imperio del mal'
    SE CUMPLEN 30 AÑOS

    Por: JOSÉ CARLOS RODRÍGUEZ

     

    El 8 de marzo de 1983, el presiente de los Estados Unidos acabó con la "contención" frente al comunismo.

  •  

  • “Si algo nos enseña la historia es que al apaciguamiento de nuestros adversarios que profesan los simplistas o quienes confunden sus deseos con la realidad es un error. Ello significa la traición a nuestro pasado, y el desperdicio de nuestra libertad”.

    Estas palabras pertenecen a uno de los discursos más decisivos de la historia reciente. Fueron pronunciadas hace 30 años por Ronald Reagan, al comienzo de su presidencia, en lo que se conoce como el discurso del “imperio del mal”, pues así es como definió a la Unión Soviética. Hoy recordamos la rotundidad moral de su discurso. La frase más célebre es tan larga que sólo una televisión, la CBS, emitió sus 72 palabras:

    “Pues, al discutir las propuestas sobre la congelación (del armamento) nuclear, os urjo a estar alerta frente a la tentación del orgullo, la tentación de declarados, alegremente, al margen del asunto, y declarar a ambos lados igualmente erróneas, ignorar los hechos de la historia y los impulsos agresivos de un imperio del mal, llamar la carrera armamentística un gigante malentendido y sustraeros, por tanto, de la lucha entre la verdad y el error, entre el bien y el mal”.

    Video con las palabras de Ronald Reagan. La mención al "imperio del mal" está en el min 4:19.

    El discurso estuvo a punto de no pasar a la historia. Muchos de los asesores del presidente, y de los miembros de su administración, no estaban preparados para asumir la expresión clara, sencilla y directa del anticomunismo de Ronald Reagan. Richard Allen, quien más tarde se convertiría en asesor suyo en materia de defensa nacional, relata este intercambio que tuvo con él cuando Reagan era sólo un candidato a liderar el partido republicano en las elecciones de 1980:

    Reagan: Richard, ¿quieres oír mi teoría de la guerra fría? Hay gente que la considera simplista. Pero hay una diferencia entre ser simplista y ser simple. Mi teoría de la Guerra Fría es que nosotros ganamos y ellos pierden. ¿Qué te parece?
    Allen: ¿De veras piensa eso, Gobernador?
    Reagan: Por supuesto. Lo acabo de decir.

    Y por supuesto que lo pensaba. En 1982 hizo un viaje por Europa que incluía una visita a Westminster. Allí iba a expresar su visión sobre cuál era el significado y la importancia de la Unión Soviética, y de la lucha militar, política y, en última instancia, moral, contra ella. Incluía expresiones francamente duras hacia Moscú. Pero sus asesores y los diplomáticos estadounidenses lo rebajaron considerablemente. Su única referencia al carácter malvado de la URSS aparecía como una pregunta: “¿Se desvanecerá la libertad en una callada y mortal acomodación con el mal totalitario?”.

    Nadie se acuerda de aquél discurso pronunciado ante el Parlamento inglés. No ocurriría lo mismo con el que dió nueve meses más tarde, en Orlando. Acomienzos de 1983 Richard Cizik, de la Asociación Nacional de Evangélicos, le invitó a ofrecer una charla sobre “libertad religiosa y la guerra fría”. El contexto es uno de los muchos episodios de ese sordo enfrentamiento entre bloques. El presidente Carter había aprobado el envío de misiles de medio alcance a Europa, tras el traslado de misiles SS-20 soviéticos a la Europa del Este. Pero la decisión quedó pendiente del criterio del nuevo presidente. La carrera nuclear despertaba terror en una parte de la opinión pública.

    La Confederación Nacional de Obispos Católicos se había mostrado a favor de “congelar” la carrera nuclear. Les mostraron su apoyo el Consejo Nacional de Iglesias, protestante, y Consejo de Sinagogas de América. Dentro de la Asociación Nacional de Evangélicos, muchos de sus miembros (quáqueros y menonitas), eran pacifistas y compartían la misma opinión.

    Un día primaveral en washington, un restaurante de carne en frente de la Casa Blanca acoge a Cizik y a un periodista de 34 años con el pullitzer en la maleta, llamado Anthony R. Dolan, autor del borrador del discurso. “Si creéis que vais a llegar aquí y vais a encontrar una audiencia receptiva, olvídate”, de dice Cizik. Dolan trabaja en el texto durante una década, y en él aparece la expresión “imperio del mal”. Luego dijo que no se había inspirado en la película Star Wars, de 1977. Pero el texto iba a sufrir todavía varios tira y afloja hasta llegar a su forma definitiva.

    Al día siguiente de que el mundo entero oyese a Ronald Reagan hablar del “eje del mal”, Anthony Lewis, columnista del New York Times, calificó al discurso como “peligroso” y “primitivo”. “No importa cuánto detestemos su sistema, la supervivencia del mundo depende de que nos contengamos mutuamente”. Bien es cierto que The New York Times, ya entonces, llevaba años de decadencia.

    La reacción de los disidentes fue muy distinta. Natan Sharansky, que pasó largos años en una celda de dos metros y medio por tres en Siberia, relata el “éxtasis” con el que los disidentes recibieron aquéllas palabras. “Por fin, el líder del mundo libre”, dijo en un artículo, “había dicho la verdad; una verdad que ardía en el corazón de todos y cada uno de nosotros”.

    Gaceta.es

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