Por Jaime Leygonier.
La Habana, 3 de Mayo.- La tradicional celebración
del Día del trabajo el 1ro de Mayo resulta burlesca
en Cuba por movilizar multitudes en su apoyo
un Gobierno que -violando su propia
Constitución- establece la jornada laboral
de 12 horas, salarios que no alcanzan
para comer y destruyó los sindicatos.
El 1ro de Mayo, lejos de reclamar los trabajadores salarios dignos,
sindicatos que los representen, derecho de huelga y el cumplimiento
de las leyes laborales, el Gobierno los lleva en rebaño a manifestarle
apoyo.
Trabajadores cubanos celebraron por primera vez la fecha en 1890
, su clase fue históricamente una de las más numerosas,
organizadas e instruidas de América, nutrida por gran
inmigración -particularmente española.
Y la jornada de 8 horas y el salario mínimo fueron legales
desde la Constitución de 1940.
Fidel Castro en los años 60 estableció la jornada de 9 horas, una
hora extra no remunerada "de trabajo voluntario para salir del
subdesarrollo" y siempre promovió brigadas de obreros que
trabajaban jornadas extensivas de 12 y hasta 16 horas,
"ejemplos de conciencia comunista".
Las operadoras telefónicas de la confiscada Compañía Cubana de
teléfonos, ITT, trabajaban turnos de 6 horas, porque según estudios
clínicos una mayor jornada en esa labor afectaba la salud
nerviosa. "La Revolución" les impuso las 9 horas y en pocos años
enfermaron muchas.
Desde los 90 el salario no alcanza a nadie, el desempleo se hizo
masivo, en las empresas relacionadas con el turismo predominan
turnos de 12 horas y también en las cafeterías y restaurantes
particulares, y allí no existen ni derechos ni los sindicatos.
Que desde hace décadas son simbólicos, convertidos por el
Estado en mecanismos administrativos de presionar a trabajadores
que no defienden.
Aunque a ejemplo del "estado corporativo" fascista, sus
"representantes" y los de otros organismos figuran en la Asamblea
Nacional del Poder Popular (también simbólica).
En medio de tal debacle para la clase obrera, y con un heredero
al trono de Castro's que desde su primer discurso declaró que
dejará sin empleos a 1 millón de personas. -Lo cual significa
1/4 de la población en edad laboral, cuyo desempleo
desde antes calculaban en otro millón.
Los trabajadores no protestan, no reclaman salario ni condiciones
de trabajo ni jornada laboral legal a lo sumo faltan al desfile que
antes de los 80 era un evento popular y desde los 90 una obligación
que no cuenta con su apoyo.
Lo cual no impide el titular de Granma: "!Masiva fiesta popular
en toda Cuba!". Si bien es cierto que durante la noche anterior
funcionaron en el área de concentración expendios de cerveza para
atraer a cierto proletariado.
Los que no pueden zafarse de la obligación de desfilar y cientos de
miles de militares y de miembros del Partido y escolares, acuartelados
desde la madrugada o la noche anterior, desfilan felices "en
apoyo del socialismo", como lo hicieron en la URSS hasta su derrumbe.
La alegría de la multitud no es fingida, es simple
encanallamiento y reacción natural de quienes, puesto que
no pueden desobedecer, tratan de pasarla lo mejor posible
según la idiosincrasia del cubano que en las multitudes disfruta
bromeando.
En el siglo XIX los esclavos eran también alegres y a veces el
amo los llamaba ante el visitante extranjero para preguntarles
si eran felices, si tenían alguna queja y si no deseaban la
libertad -preguntas que se guardan mucho de hacer los amos
actuales.
Felicidades a los que laboran por los Derechos Humanos, por
una Cuba próspera con trabajadores que vivan dignamente sin
que tiranos paternales dispongan de sus vidas, de lo que deben
pensar y de ahorrar en lo poco que les dan para comer.
Honor a los perseguidos sindicalistas no gubernamentales, y a
la fallecida clase trabajadora que construyó una Cuba de
avanzada en derechos laborales, próspera y sindicalizada, pero
que no pudieron salvar de ser demolida desde el poder !en
nombre del proletariado y de un futuro mejor! por los
parásitos revolucionarios.
Fuente: Hablemos Press/ La Habana
