Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.
Andry Frómeta Cuenca. Foto tomada durante una visita en el Hospital General Docente Agostin Ho Neto de Guantánamo, hace dos años.
Guantánamo/ 27-6-2014
"Próximo a cumplir 22 años en prisión un amigo me hizo recordar que lo importante de la vida no es lo que he sufrido, sino haber vivido con la suficiente fuerza y voluntad para continuar sirviéndole a la patria", sentencia el reo politico Andry Frómeta Cuenca.
Aquí les pongo una biografia pequeña de lo que en realidad la vida de este joven le ha exigido en medio de una sociedad calcinada por la ideologia extremista. Me parece que es hora de ponerle punto final a tanto castigo.
Rolando Rodríguez Lobaina
AUTOBIOGRAFIA de Andy Frómeta Cuenca, Preso Político
Edad 37 años: (12 de abril de 1976). Natural de la provincia de Guantánamo, Cuba.
Un buen día el jefe de sector (militar) de mi barrio (zona) se encaprichó y no paró hasta verme en el centro de menores, para lograrlo apeló al viejo truco que en Cuba nunca pasa de moda. Alegar que tenía mala conducta social fue suficiente para haber iniciado mi carrera carcelaria en el establecimiento de menores que por aquel entonces se encontraba ubicado en las inmediaciones del Reparto Santa María, en la propia ciudad de Guantánamo, ni siquiera tuvieron en cuenta que era atleta y que laboraba en un taller de tornería (automotriz), trabajo resuelto gracias a la gestión de una vecina. Sin embargo a los señores solo les interesaba internarme en aquel lugar que hoy considero la antesala de lo que vino posteriormente.
Era apenas un joven de 15 años cuando en la primavera de 1992 por orden superior, los oficiales Marcos y Reynaldo que trabajaban en el centro de menores, me condujeron esposado para el departamento Técnico Investigativo (DTI) de esta provincia Guantánamo donde de manera inesperada fui instruido por el delito de desacato, nada más y nada menos que por golpear al celador que me cuidaba en la inhumana celda de castigo donde me encontraba antes de ser conducido a la unidad policial mencionada.
Para muchas personas los Centros de Menores en Cuba son escuelas de rehabilitación, pero quienes han estado en estos represivos establecimientos llamados escuela saben que el 95 % de los menores (llamados a todos los jóvenes menores de 20 años que ingresan a la cárcel) que han transitado por dichos establecimientos, su gran mayoría han sido víctimas de todos tipos de maltratos que para nada contribuyeron en la formación de estos jóvenes que desde bien temprano han sido juzgado por tribunales que en lo absoluto tuvieron en cuenta su corta edad, y que en muchos casos funcionó en su contra la autoridad y voluntad de uniformados brutos y agresivos. Tampoco funcionan en estos casos una legítima defensa por parte de la abogacía oficial.
Por desgracia uno de esos menores es quien redacta la presente y nadie puede manifestar lo contrario ante la realidad que comencé a vivir a partir del 12 de abril de 1992, justamente el día que cumplí 16 años de edad y que como todo joven deseé pasarlo en familia o celebrarlo entre amigos. Desafortunadamente las paredes de aquel mugriento calabozo donde me arrojaron fueron los únicos testigos de mi nostalgia juvenil ya que ni siquiera imaginaba la odisea que me tocaría vivir luego de atravesar el portón de esta prisión.
Esperaron que cumpliera los 16 años y al siguiente mes (en mayo) me trajeron para la prisión provincial de Guantánamo donde me hicieron todo el papelerío formal de ingreso antes de tirarme para el montón. Mis primeros días y noches en este lugar sinceramente no tienen descripción y estoy seguro que muchos de los hermanos que transitaron por las mazmorras de Castro comparten mi criterio. Incluso quien ha probado el sabor amargo del presidio desde temprana edad sabe cuan infernal resulta para un joven la prisión.
Como conejo asustadizo y propio de mi edad el 8 de diciembre de 1993 a plena luz del día me evado del A500, unidad penitenciaria adherida a la prisión provincial donde se encontraba concentrado los reos jóvenes. En aquel entonces ni siquiera pensé en el peligro, en mi mente adolescente concebí la idea de irme de Cuba, en la madrugada del 9 de diciembre de 1993 de camino a la base naval de los EE.UU, enclavada en la bahía sur de la provincia, me explotó una mina antipersonal en el punto de la frontera conocido por Malone. Dicha mina fue la que impidió que continuara mi travesía, tirado en el suelo y todo ensangrentado el mundo me vino encima al ver que no había logrado mi propósito, la mina me afectó ambas piernas.
Por espacio de un año estuve ingresado en la sala de penado del Hospital General Docente ''Dr. Agostino Neto" de esta provincia de Guantánamo donde por suerte conocí al fallecido patriota José Luis Naranjo. Desde que ingresó en la sala de penado nuestra comunicación fue bastante amena y afable.
Había conocido a uno de esos hombres (Naranjo) que pese a su precaria salud, no tenía que morir por la causa justa que defendía y defendió hasta sus últimos días. Su nombre junto al de otros hermanos nunca pueden ser olvidados por los cubanos que como él amamos la libertad y la democracia.
Por la evasión y el intento de salida ilegal fui condenado al peor de los castigos hasta el extremo que logré caminar por esfuerzo propio y gracias a un ortopédico amigo de la familia que nunca dejó de animarme pese a las hostilidades de las autoridades penitenciarias de la provincia. En total estuve tres años sin caminar (inválido), tenía varias fracturas en la pierna izquierda, la tibia de la misma pierna astillada y ni aun así estos señores se dignaron de darme la licencia extrapenal. Tenía que pagar bien caro lo que estos señores consideran una violación y delito, es decir, que quien no simpatice de una u otra manera, el gobierno te la aplica y cuyos maltratos poco a poco me fueron abriendo los ojos.
A principios del año 1997, decido declararme abiertamente acérrimo al gobierno, conozco a Néstor Rodríguez Lobaina (presidente del Movimiento Cubano de Jóvenes por la Democracia) y a través de éste a Jorge Luis Pérez Antúnez, Francisco Herodes Díaz Hechemendía, a Juan Carlos Herrera Acosta y a otros hermanos que en corto tiempo me gané su confianza, respeto y estimación.
Muchos están fuera de Cuba por razones ajenas a su voluntad y otros desde su cuartel, en la isla no han cesado ni un segundo en sus deberes patrios. Pero como han sido tantos los momentos vividos, resaltaré lo que considero trascendental.
En enero de 1998 en víspera de la visita a Cuba de su Santidad Juan pablo II, todos los prisioneros políticos cubanos que estábamos en la prisión de Guantánamo nos declaramos en huelga de hambre y como era de esperar, la policía política y autoridades penitenciarias del territorio emprendieron contra nosotros todo su odio sin escrúpulo. Una y otra vez aplicaron los mismos métodos cada vez que protestábamos o celebrábamos cualquier fecha cívica. Por todo esto muchos permanecimos de manera temporal en celdas de castigo, nos aislaban para evitar que el penal se solidarizara con nosotros, ni hojas teníamos permitido tener, todo lo que estos sicarios creyeran que nos era útil para la comunicación ellos (los militares) nos lo recogían o decomisaban y poco a poco nos fueron trasladando de la provincia hacia otras mas lejanas donde pudiéramos sentir mayor rigor por la distancia de la familia.
El mayor grupo fue el 14 de octubre de 1998, cinco prisioneros fuimos montados en una jaula, Rodolfo Barthelemy Cobas, Ernesto Duran Rodríguez, Orseri Bárzaga Garrido, Santiago Nápoles y quien escribe, que desde una semana antes me habían sacado de la prisión y aislado en la celda del A500, allí fui golpeado por el oficial Mayor Pablo Reyes y los secuaces que lo acompañaban. El Mayor Pablo Reyes fungía por aquel entonces como segundo jefe de unidad de esta penitenciaria.
Al llegar al ferrocarril de Santiago de Cuba nos montaron en el coche jaula, ninguno sabíamos cuál sería nuestro destino en aquella mole de hierro, hasta que llegamos a la provincia de Camagüey, donde bajo un fuerte despliegue militar nos bajaron del tren y de manera brutal nos montaron en la jaula que destinaron para nosotros. Acababa de comenzar la Cumbre Iberoamericana en Portugal (14 de octubre de 1998) y todos nos encontrábamos en huelga de hambre en protesta por la presencia de Fidel Castro en la Cumbre. Eran más de las doce de la noche cuando llegamos a la prisión de Kilo 8 en Camagüey.
Por su historial todo el mundo conoce cuál es la prisión "se me perdió la llave de Camagüey" kilo 8. En esta represiva mazmorra comenzó mi larga condena de inexorable confinamiento con apenas 22 años. Debido a las crueldades que a diario ocurren en ese campo de torturas me vi obligado a protestar y por cada protesta que hicimos (realizamos) la policía política de dicha provincia ordenó hacernos causa.
En el año 1999, fui procesado e instruido más de cinco veces por el delito de Desacato a la figura del dictador (Fidel Castro) por desorden penitenciario, atentado y por intento de evasión. Todo esto ocurrió en el intervalo de 6 meses, cada vez que protestábamos por los guardias golpear algún recluso o por razones especificas nos hacían causa e incrementaban los años de cárcel, algo que ya sufrió el mártir Orlando Zapata Tamayo por lo cual murió. Método utilizado con el objetivo de silenciar a quienes se les oponen o manifiestan y de paso crear terror dentro de la población penal para que nadie nos imite. En menos de un año comparecí ante el juzgado (tribunal) provincial de Camagüey más de cinco veces.
El 13 de agosto de ese mismo año (1999) me propinaron una brutal golpiza luego de manifestarme contra el gobierno, me fracturaron el brazo izquierdo y me partieron la cabeza por tres partes, porque me golpearon con bates de marabú. Aún recuerdo cada detalle de aquella salvaje golpiza ordenada por la Seguridad del Estado. El capitán de la policía política de Camagüey Armando Sánchez fue quien dio luz verde para que los sicarios penitenciarios me descontinuaran y para que el pueblo camagüeyano no me viera lesionado y ensangrentado me llevaron para el hospital militar donde me pusieron un yeso y me suturaron las heridas ocasionadas en la cabeza. En fin no seré ni el primero ni el último que esconden en el Departamento de Seguridad del Estado luego de propinarle una brutal golpiza. No les convenía llevarme para la prisión y por tanto me llevaron para el DSE de la provincia y cuando me retiraron el yeso del brazo fue que me regresaron a la prisión.
El 20 de septiembre de 1999 soy visitado por la señora Bertha Antúnez Pernet, tuvo que hacerse pasar por mi esposa para poder verme, nuestras visitas son controladas por la seguridad del estado pero ella por suerte pudo pasar y con sus propios ojos observó las secuelas y heridas ocasionadas. Fue un encuentro bastante reconfortante pese a las lágrimas que brotaron de los ojos de esta valerosa amiga y hermana al ver todo lo que me habían hecho estos esbirros sencillamente por hacer uso de mi derecho a la libertad de expresión.
Pero como en Cuba el derecho es una palabra ejercida por quienes tienen el poder de manera concisa les detallaré todo lo ocurrido con mi persona desde 1997, hasta la fecha:
En el régimen especial de Camagüey, estuve dieciocho meses, durante cuyo periodo conocí a muchísimos hermanos, entre estos a Rafael Ibarra Roque, y a Rafael Jorrin García. Todos ellos pueden narrar todo lo acontecido en aquel campo de torturas. Las golpizas y castigos arbitrarios estaban al orden del día y estos mucho o poco iban deteriorándome físicamente. Cada vez que protestaba por alguna razón determinada me sacaban de la prisión para las aisladas celdas de castigo de la prisión de Cerámica (Camagüey) o el Departamento de la Seguridad del Estado donde las torturas físicas y psicológicas nunca faltaron. Fueron dieciocho meses verdaderamente crueles y para nada tuvieron en cuenta mi corta edad a la hora de golpearme y desterrarme a miles de kilómetros de mi tierra natal.
El 26 de junio del 2000, junto a una treintena de reclusos y hermanos (presos políticos) me sacan de kilo 8 de Camagüey y sin explicación custodiados por una numerosa guarnición me montaron en un tren y al siguiente día supe que iba rumbo al Combinado del Este en la Habana donde fuimos recibidos por más de treinta guardias y los directivos de la prisión que no vacilaron en imponer su fuerza cuando me negué a ponerme la ropa de preso. Esto ocurrió en horas de la mañana del 27 de junio del 2000, más de cinco uniformados de orden interior a la fuerza me vistieron y para neutralizarme me esposaron de pies y manos y me taparon la boca para que no gritara, por poco me asfixian porque no les bastó que me tenían con la boca tapada y a uno se le ocurrió apretarme el cuello, les confieso que me las vi negra porque el maldito sicario me apretó el cuello sin compasión pero comprendieron que estaba decidido a todo y que hicieran lo que hicieran no me pondría el uniforme de preso y tres horas después me montaron en una jaula y me llevaron para el quinto infierno (Prisión kilo 5 de Pinar del Rio). Me encontraba al otro extremo de mi terruño donde el recibimiento fue el mismo, al ver que estaba renuente el famoso jefe de orden interior de kilo 5 Mayor Inocente Delgado García le ordenó a sus marionetas que me vistieran y me condujeron para las aisladas celdas de la prisión preventiva donde estuve siete meses sin pertenencias y privado de visitas y todo tipo de comunicación.
En los 22 años que llevo de prisión he pasado por más de 15 celdas de castigo pero nunca olvidaré las oscuras celdas herméticamente tapiadas de la prisión de kilo 5 en Pinar del Rio. Siete meses en calzoncillo expuesto a la permanente humedad, a la pésima alimentación y por si fuera poco, al clima del occidente que como todo el mundo sabe es bastante frío. Gracias a un preso pude hacerme de una sábana, toalla y una vasija. Basta confiar en Dios para que Él mediante alguien te socorra en la peor de las circunstancias. Néstor Hernández Escalona, es uno de esos presos que sin ser político ha sido reprimido por la policía política y autoridades penitenciarias de Pinar, se ha solidarizado con la causa y a todos los presos políticos y de conciencia que pasaron por Kilo 5 nos apoyó en todo lo que estuvo a su alcance. Amigos como él tampoco merecen ser olvidados, porque Héctor Palacio Ruiz, el Dr. Oscar Elías Biscet, José Daniel Ferrer, Diosdado Gonzales y otros tantos hermanos que pasaron por ese cautiverio, estoy seguro que ratificaran lo dicho por mí sobre este sufrido guajiro de Manuel Lazo.
Estaba llamando al Mayor de la Seguridad del Estado, Rubén Fernández, cuando por la ventanilla de la oscura celda donde me tenían, comenzaron a echarme gas pimienta (spray), una y otra vez repitieron las escenas. No pude dormir en toda la noche de solo pensar que me tenían en ese lugar por gusto y para colmo tenía que dormir en una cama de tola sostenida por cadenas en los extremos.
Al amanecer se abrió la puerta de la celda y dos celadores del recinto bajo la anuencia de sus superiores, me ordenaron salir y me provocaron hasta el extremo que tuve que romper varios cristales para defenderme. Conclusión: La víctima pasó a culpable y los verdaderos culpables se convirtieron en víctimas, una vez más los poderosos se salían con la suya. Me acusaron de Desorden Penitenciario, como si el Departamento de Seguridad del Estado (instrucción) fuese una prisión, también fui acusado por Atentado y Daños. Me tomaron dos declaraciones porque a la policía política no le cuadró la 1era declaración, entonces enviaron al capitán del DSE, Edgar, para tomarme una nueva y 2da declaración que por supuesto me negué. Por eso me echaron 6 años, y como en los dos casos anteriores, la sala del tribunal se trasladó para la prisión “Combinado de Guantánamo”. En el teatro del edificio militar del oriental encave, rodeado de guardias, me realizaron el juicio.
Nueve veces he comparecido ante los tribunales cubanos desde que ingresé a la prisión provincial de Guantánamo en mayo de 1992.Pero por todas estas causas cumplo una condena de 46 años de privación de libertad, sin derecho a revisión de causa. Mi presencia molestaba, por tanto, las autoridades de la penitenciaría buscarían el momento propicio para sacarme de la prisión y provincia. En todo ese periodo jamás mi conciencia y mi fe me traicionó, ni un instante cesé de trabajar pese a las hostigantes requisas. El periodista independiente Isael Poveda Silva, es testigo de lo dicho. En tan poco tiempo, en compañía del prisionero de conciencia Claro Sánchez Altarriba (Exiliado en España de la causa de los 75, integrante del emblemático Movimiento Cubano de Jóvenes por la Democracia) entregué lo mejor de mí y entre todos los prisioneros que integrábamos el presidio político de Guantánamo, le dimos una demoledora clase cívica y divulgativa a estos esbirros.
El 27 de agosto de 2007, presuntamente me mandaron a buscar a la oficina de Orden Interior, en ésta se encontraba el famoso asesino, Mayor Alcides Gonzales Mejía, quien ordenó esposarme y montarme en una jaula que me trasladaría para el Reclusorio Nacional de Boniato, en este caso mi destino final sería el famoso castigo de Boniatico, donde fui recibido con una golpiza.
Un año y dos meses estuve en aquel campo de tortura de Santiago de Cuba, por donde pasaron tantos hermanos que como yo, fueron maltratados y sufrieron torturas de todo tipo. Una noche me arrastraron y me echaron un perro con el objetivo de silenciar todas las verdades que les dije a esos asesinos asalariados. Me tuvieron una noche entera atado a una reja y en calzoncillo. Fue una etapa bastante dura, porque en los 14 meses que estuve en la prisión de Boniato (celda de castigo), Santiago de Cuba, vi a los guardias cometer todo tipo de abusos, maltratos y atropellos con los cautivos allí confinados.
El 8 de octubre de 2008 inauguraron el “Tiburón Blanco” de Guantánamo,(Castigo de mayor rigor adherido a la prisión provincial). En este antro pasé los últimos tres años del cruel castigo que comenzó el 13 de octubre de 1998. Justamente el día que cumplí 13 años de confinado castigo me sacaron del Tiburón Blanco para este penal, gracias a la gestión de la iglesia católica y las constantes denuncias y campañas de algunos hermanos, en especial la atención esmerada del patriota Rolando Rodríguez Lobaina, que conocían los años que llevaba en castigo sin contar los 10 años de destierro que sufrí por capricho de la policía política cubana.
En más de una ocasión la policía política del territorio (Dirección) me han manifestado que me liberarán. Esto ocurrió con mayor seguridad cuando el acuerdo de Cuba-España en el 2010, donde la iglesia jugó un papel preponderante e importante en dicha gestión. En víspera de la visita de Benedicto XVI, en marzo de 2012, la iglesia principalmente envió más de una carta al gobierno cubano solicitándole mi liberación y hasta el momento no han dado respuesta. Se le ha escrito al historiador de La Habana, señor Eusebio Leal y ninguna de las partes respondieron. Supe incluso que hasta el propio jefe de los establecimientos penitenciarios en Cuba, General de Brigada Marcos Hernández, presuntamente ordenó que me hicieran una revisión de causa por los años que llevo en prisión y como pueden ver todo ha sido una falacia.
Mi madre y mi esposa también han enviado cartas al gobierno y solicitado más de una revisión de causa que le ha sido negada, motivo por el cual me he visto obligado a plantarme en reclamo de mi libertad, porque es menester que Amnistía Internacional conozca que actualmente el preso político cubano que más años lleva en prisión es Andry Frómeta Cuenca.
Estuve 13 años en castigo y como bien denunciaron los medios, en mayo del 2012, estando mi esposa embarazada de mi primer y único bebé, me volvieron a desterrar para la cárcel Kilo8 de Camagüey con el fin de privarme del derecho de estar cerca de mi esposa e hija cuando viniera al mundo. Para que me regresaran a mi lugar de origen (Guantánamo), tuve que declararme en huelga de hambre y gracias al apoyo y gestión del obispo de Guantánamo, Wilfredo Pino Estévez mi traslado fue posible. Hasta las autoridades penitenciarias de Camagüey se percataron de que no existían razones para ellos tenerme en dicha provincia por capricho de Guantánamo, y faltando 4 días para el nacimiento de mi hermosa bebé fui trasladado para Guantánamo y recibido en contra de la voluntad de los dueños de esta prisión.
Mi niña Adriana Milena Frómeta Columbié nació el 14 de octubre de 2012, y como todo niño, desesperadamente llama a su papá, porque me necesita a su lado. Pero el dolor de esta pobre criatura no le preocupa al gobierno cubano, es la hija de un cubano que ama la verdad, justicia y el mejoramiento humano y por tanto, también está condenada a sufrir el cruel encierro de su padre.
Hoy mi salud está bastante dañada por los años que llevo en prisión, pero aun así, pese a todo lo que he pasado jamás faltaré a mi palabra y deber como defensor de los derechos humanos. Sé que el precio ha sido bastante caro porque cuando entré a la prisión era un joven saludable y actualmente padezco de Hipertensión Arterial, Hemorroides, Gastritis Crónica, Úlcera Péptica, Miopía, Dermatitis Crónica, Escoliosis, Sacro lumbalgia, Artrosis Generalizada, de una Sinovitis Degenerativa en ambas rodillas y para colmo de males, recientemente me hicieron una radiografía en la parte posterior del cuello y según el especialista ortopédico padezco de la cervical y de Osteoporosis cervical, además de las afectaciones degenerativas en la rótula de la rodilla derecha. Todos estos padecimientos forman parte de las imborrables huellas que en su naturaleza me ha ocasionado la prisión.
No obstante, he sido lo más conciso posible en mi relato de acuerdo a que mi hermano de lucha Rolando Rodríguez Lobaina, me ha pedido con premura mi biografía de estos 22 años de encierro injusto, desde luego imposible de relatarlo todo. Pero es bueno mencionar que he tenido la dicha de conocer a maravillosos y afables hermanos, también la desagradable oportunidad de ver con mis propios ojos cuantas crueldades y genocidios se han cometido en las prisiones cubanas y han quedado impunes. Si alguien del gobierno lo duda pues que venga a la prisión de Guantánamo y con lujos de detalles conocerán fechas y nombres de los asesinos amparados. Lo mismo digo sobre todos mis padecimientos de salud, quienes tengan la duda, a su disposición tienen los establecimientos asistenciales de salud para comprobar que a pesar de no ser compatible al régimen penitenciario continúo preso simplemente por no estar de acuerdo con su política hostil.
Es todo cuanto tengo que decir por el momento.
Prisionero Político Cubano
Andry Frómeta Cuenca
Viernes 27 de Junio de 2014
Prisión, Guantánamo, Cuba.
Nota: A mediados de 1997 me afilio al Movimiento Jóvenes por la Democracia y 8 meses después en 1998 paso a ser miembro activo del Movimiento Nacional de Resistencia Cívica, adjunto al presidio político cubano Pedro Luis Boitel. Más adelante en enero de 1999, a través de Rafael Ibarra Roque, conozco sobre los objetivos del Partido 30 de Noviembre, Frank País García y de manera oficial paso a ser parte del mismo, hasta el 23 de febrero de 2013 que fundo desde la prisión el Partido Democrático por la Paz, Orlando Zapata Tamayo, en Guantánamo, Cuba.
Fuente: Rolando Rodríguez Lobaina