LA HABANA, 11 de septiembre.
Mis saludos ante todo, que
Dios los bendiga mucho.
Me dirijo a ustedes mediante
este escrito, ya que no
pude hacerlo personalmente
para contarles mejor todo
lo que me ha sucedido con
el caso de mi hija Yaneisy
de la Caridad Rivero Martínez;
pero en la carta que les
mandé anteriormente les
puse cómo poder comunicar
con la niña, a través del teléfono 796-68-76, ella está dispuesta a
declarar aunque sea por vía telefónica,
ya que está recién parida.
Yo trataré de comunicarme con ustedes en estos días y cualquier
pregunta en lo particular me la pueden hacer.
Cuando conversen con Yaneisy le pueden decir que es mi abogado
quien tiene interés en su declaración sobre la verdad de lo
acontecido, porque sabemos que ella rehúsa hacer declaraciones
a personas que no conoce, por el temor a que se manipule su
declaración y la acusen por falso testimonio contra mí, que soy
su mamá, como en una ocasión anterior lo hizo el Tribunal
Supremo Popular.
Las autoridades carcelarias han hecho lo posible por silenciar cualquier
testimonio o documento favorable a mi causa; por ejemplo, unos
papeles de constancias que yo tenía en mis manos, aquí en prisión,
me los ocupó la oficial Yasnay, jefa de tratamiento, y nunca me
los devolvió; pero las pruebas principales las tiene mi hija en su
memoria, y puede recordar sin dificultad cómo sucedió todo desde
el principio con el proxeneta.
Yo, como su mamá, que sólo quiero el bien para su vida, la atendía
con los oficiales de menores de Zapata y C, Magdalena García
López y Alexa, entre otros oficiales del equipo que integra el
Departamento de Atención a Menores. En este momento ninguno
de ellos se encuentra trabajando en esa instancia; incluso, Félix
Clavel Blanco, el jefe de sector de mi zona en aquel tiempo,
tampoco se encuentra ocupando ese cargo (desconozco los motivos),
y de esto que les cuento han pasado 5 años.
Yo fui sancionada el 21 de agosto del 2008; me encuentro injustamente
recluida en prisión, desde el 7 de mayo del 2009, y todavía el tribunal
no ha querido aceptar la revisión de mi causa, cuando sobran los
elementos para hacerlo. Todo el proceso completo de mi caso -
incluyendo mis declaraciones, que pudieron ser confirmadas como
ciertas- le fue entregado al Teniente Coronel Wilfredo, y según él
está archivado en la oficina de Atención a la ciudadanía del
Consejo de Estado.
Ellos están consiente que lo que yo planteo es cierto; ellos verificaron,
y todo es tal y como yo digo. Mi última entrevista fue el 26 de mayo.
Para este tiempo yo me encuentro extremadamente estresada a causa
de que mi madre está muy delicada de salud, y a mi hijo de 29 años
le está afectando mucho todo lo que me ha acontecido en estos años,
sin que se vislumbre una solución al problema.
Yo siempre he dicho que no quiero la libertad inmediata, sino
que investiguen bien cómo fue todo; inclusive, muchos no están de
acuerdo en que yo perdone a mi hija, y mi propósito no es ese; el
error lo cometió Magdalena, y Félix el jefe del sector, por apañar
al proxeneta y querer quitarse ese problema de encima con mi hija.
Ellos no actuaron como es debido. Fue más fácil juzgarme a mí y
quitarse esa responsabilidad con la niña mandándola para Camagüey,
de donde yo la traje; porque en aquel momento ya su papá no la
quería, por su comportamiento. Estas pruebas están todas registradas
en atención a la ciudadanía, con el mayor Toribio, quien atendió a
mi hija cuando yo la traje por primera vez a vivir conmigo el 25
de marzo del 2008.
Hay pueden encontrar todo lo relacionado entre mi hija y yo durante
todo el mes de abril del 2008. Existen varias pruebas de que yo la
atendía en menores de Zapata y C, con las oficiales Magdalena
García López y Alexa. Mi hija es quien puede declarar todo, yo ya
he agotado todos los recursos.
Y para concluir, el Tribunal Provincial no me ha dado acceso y revisión
de causa; ni siquiera me dan el derecho a sacar copia de sentencia.
Yo no he tenido la posibilidad de contratar los servicios de un abogado
que defienda mi caso. Estoy sola, y no cuento con alguien que quiera
responsabilizarse con mi caso.
Hay algo que no es menos cierto. Al principio, como desconocía de
todo cuanto me iba a ocurrir, firmaba los papeles de acusación sin
saber que estaba afirmando algo que no era, por eso firmé; además,
yo estaba muy mal de la presión y por no verlos delante de mí,
juzgándome por un delito que no cometí, firmaba y punto; y esto
me “embarcó” más.
Yo tenía una vecina, llamada Kety Zamora Rivero, que me asumió
la prisión estos 5 años, y por yo perdonar a mi hija, ahora no quiere
saber de mi, pero tengo vecinos que pueden declarar al respecto,
aunque los testigos principales están fallecidos. La viejita Amalia,
y mi difunto esposo Esteban Humberto, quienes eran testigos de
que yo adoro a mi hija y soy incapaz de cometer tal hecho.
Sin embargo, Kety es quien mejor conoce mi historia, pero no
me perdona que yo mantenga buenas relaciones con mi hija,
porque a todas estas no hay pruebas ni testigos que corroboren
tal hecho, sólo la declaración de mi hija.
En toda esta historia el que salió sin problemas fue el proxeneta
Ángel Antonio Ríos Gutiérrez, porque a pesar de sus antecedentes
penales contaba con la complicidad del jefe de sector de mi zona
en aquel tiempo.
Quisiera entrevistarme con ustedes para contarles mejor sobre mi
caso, pero ya debo hacerle entrega de esta carta a la Dama de
Blanco que se encuentra aquí recluida, para hacerla llegar a
ustedes por mediación de ella, ya que no tengo otra vía para hacerlo.
El 25 de julio 2013 me ausenté del trabajo que realizo en el Hospital
Fajardo para contactar con ustedes, pero alguien que creía era de
mi confianza me traicionó, por temor a que me sucediera algo peor
por yo pasarme días en la calle junto a ustedes reclamando mis
derechos. Ahora todo se me pone más difícil.
Aquí en estos momentos estoy siendo maltratada; no cuento con
asistencia médica, aun cuando ellos saben que existe la posibilidad
de que esté embarazada.
En reiteradas ocasiones me he dirigido a la dirección del penal
reclamándole que me entreguen los uniformes, las sábanas y toallas
que me corresponde, ya que después que me fui, en mi ausencia,
ocuparon todas mis pertenencias y en estos momentos no tengo
esos artículos de primera necesidad, ni tengo a nadie que me venga
a visitar, pero ha sido inútil. No me hacen caso.
Mi hijo y mi mamá viven en Camagüey, y en estos momentos
desconocen la situación por la que estoy pasando, y la niña
está recién parida y no quiero darle este disgusto, pero me tienen
acorralada, ni siquiera me permiten un tiempo de teléfono para
avisarle a cualquier amistad.
Mi reeducadora se llama Inmaris, y ella es la primera que me
está cerrando todas las vías, pero yo permanezco tranquila,
esperando por la respuesta de ustedes.
Yo soy una reclusa bajo tratamiento siquiátrico, porque en el 2011
atenté contra mi vida, por cuenta de lo que me ha sucedido, y
no tienen nada en cuenta; me tienen cerrada por todos lados.
Nadie conversa ni se me acerca para ayudarme, y pueden ustedes
ver mi informe de conducta que en estos 5 años ha sido excepcional;
incluso, me iba el 4 de septiembre para campamento, pero como se
me hace tan insoportable la injusticia que tienen conmigo, el pasado
27 de Julio traté de fugarme, con la idea de reunirme con ustedes,
para explicarles personalmente mi caso, pero ya les expliqué el
motivo de por qué no pudo ser.
Si esta semana que entra me siguen acorralando me voy a plantar,
pero antes me comunicaré con ustedes para hacérselo saber. Yo
sé que ellos me pueden dejar morir, porque yo ya me siento una
presa política.
Deseo que se publique toda esta verdad. Yo no miento, y en estos
momentos la represalia especial es conmigo, pero hay infinidades
de casos con quejas sobre la atención médica, el maltrato de las
guardias hacia las reclusas.
Yo hablo de mi caso específico, porque el temor no deja a estas
mujeres reclamar; hablan y se quejan en voz baja, pero no denuncian
la corrupción total que se vive aquí adentro.
Pero a mí tendrán que matarme, porque no me voy a callar,
y mucho menos si ustedes vienen a entrevistarme. Estoy cansada
de tanta injusticia. Llevo 5 años presa sin cometer ese delito
de corrupción de menores, y ahora me meterán 5 años más. Yo no
soportaré esto.
Necesito la ayuda de ustedes. Sólo pido que pueda ser entrevistada
por alguien de ustedes que estén autorizados a entrar a prisión,
yo me llamo Dinegsy Martínez Cabrera. Prisión de Mujeres Occidente
El Guatao, destacamento número 3, y mi reeducadora se llama
Ismaris -única culpable de que en estos momentos yo no logre
mantener una estabilidad.
Estoy consciente de que iré a parar a una celda de castigo, y sé que
mi fin es plantarme. Porque ahora, ya sé que este es un sistema de
mentiras.
Si llega a oídos de ustedes que estoy plantada, por favor avísenle
a mi hijo Yusdiel, al teléfono 032-516543. El teléfono es de una
vecina que se llama Ela. Avísenle para que venga; a la niña no,
porque está recién parida y esto puede afectarla.
Bueno, para ustedes deseo todo lo mejor del mundo. Que Jehová
los ayude en medio de este proceso, y que muy pronto yo pueda
conocerlos.
Sin más, se despide de ustedes la reclusa Dinegsi
Martínez Cabrera.
