Por Eliocer Cutiño.
Camagüey, 25 de Mayo.- La playa Santa Lucía, formó y aún forma
parte de las arenosas dunas del polo turístico de la provincia
Camagüey, desde los años 80.
Resulta, que desde esa época un grupo considerable de personas,
con el objetivo de acercarse a su trabajo, de una u otra forma
creó su patrimonio inmobiliario; aprobado -en su momento- por
quienes siendo autoridades del territorio permitieron, como estrategia
para reforzar la fuerza de trabajo barata y consagrada, garantizar
una de las fuentes de ingreso de las castas del Estado.
Pero ahora, todo ha cambiado. Resulta que la máxima
dirección de planificación del país, considera que deben deshacerse
de sus viviendas y trasladarse a otra región, pese a la total
inconformidad de sus moradores, quienes -llevados por lo
establecido legalmente- titularon sus residencias a sus nombres, y
ahora les asiste el derecho de exigir que se les respeten sus
propiedades; o cuando menos, las costosas inversiones, para aquellos
casos en que no siendo propietarios de las moradas, sino el
Estado, llevaron el peso económico de estas transformaciones para
tratar de convivir más humanamente.
No interesan los documentos legítimos emitidos por las
autoridades facultadas; no valen sus gestiones y pagos para
legalizar sus viviendas; no interesa el monto invertido, y mucho
menos su vida comunitaria y familiar; sólo, la decisión de
quien -les aseguro- no le afectan estas arbitrariedades.
Hablemos Press/ La Habana.
