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Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.

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Cuba: La ciudad de las columnas está invadida por los vagabundos

viernes, 26 de julio de 2013

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Por Mario Hechavarria Driggs/ Hablemos Press.

La Habana.- Alejo Carpentier caracterizó a La Habana como la ciudad
de las columnas, en clara alusión a las inmensas columnatas que
bordean las calles principales de una buena parte de nuestra capital.

Las columnas sostienen amplios portales de altos puntales,
facilitando el paso de los transeúntes, además de protegerlos
contra los frecuentes aguaceros, junto al sol ardiente del trópico,
elementos permanentes en Cuba a través de todo el año.

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Ahora resulta que esos portales están parcialmente ocupados por
numerosas personas, cuya imagen depauperada salta a la vista,
mostrando al público cualquier cantidad de baratijas, sin orden ni
concierto. Se trata de artículos muchas veces sacados de los
basureros, otros regalados por los vecinos antes de botarlos, junto
a ciertos orígenes difíciles de explicar.

Los improvisados puntos de venta ocupan espacios al tránsito
de las personas, generando molestias adicionales cuando están
junto a las puertas de los establecimientos públicos o privados,
así como de las casas familiares. Continuamente pelean entre sí,
afean el entorno con sus trastos en venta, amenazando a las
personas que por alguna razón les requieren.

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Para los guardias resulta un tanto embarazoso proceder
contra tales personajes. Una buena parte consumen alcohol
o drogas mientras intentan vender sus bagatelas. Visten harapos
y algunos padecen de retraso mental. Además, parte de la
población muestra conmiseración ante el intento de
reprimirlos, considerando que son un lastre social cuyo
origen es responsabilidad  del proyecto social donde viven.

Cada cierto tiempo la policía hace redadas, trasladando a esta
pobre gente hacia el pabellón La Colonia del Hospital
Psiquiátrico de La Habana, antigua Mazorra y otros centros
asistenciales. Finalmente regresan al lugar de origen. Su vida real
terminó hace tiempo, no hay proyectos, sólo frustraciones.
Quebraron, adelantándose al fracaso del socialismo.

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Recorriendo Centro Habana, municipio contiguo a La Habana Vieja,
con unos doscientos mil habitantes, pude contar decenas de sitios
ocupados por los vagabundos, agregándose algunos parques a los
ya citados soportales.

Indagar sobre el pasado laboral de estos indigentes es interesante:

Silverio, ex atleta del equipo nacional de levantamiento de pesas
es ahora vendedor ambulante de Ron casero, conocido como
Chispaetren y adicto a los psicofármacos.

Carmen fue Jefe de Obras en una empresa de materiales de la
construcción, ella  es adicta a la Coca, vende lo que
encuentra para comprarla en las calles.

Urbano fue un alto oficial del Ejército excombatiente de la guerra
de Angola, hundido en el alcohol pide limosnas por las calles para
alimentar su vicio, la familia no quiere saber de él.

La lista es larga y diversa. Basta un análisis caso a caso para
corroborarla. Estas personas pasaron a la depauperación durante
los últimos años de una etapa histórica llamada aquí Período
Especial. Anteriormente tal fenómeno no era visible en nuestra
ciudad.

¿Qué pudo sucederle a seres humanos trabajadores, responsables,
llenos de vida, para terminar de tal manera su existencia?

Cuando de golpe y porrazo se nos vino encima el fin de un mundo
soñado, sustituido por otro real, con valores diferentes, no todos,
una buena parte de la sociedad diría yo, fue capaz de adaptarse.
Nuestros vagabundos son víctimas, representan a los inadaptados
ante la difícil situación de hoy.

Les prometieron la felicidad a cambio de la fidelidad. Ellos
cumplieron, pero finalmente aparecieron tiendas repletas
de artículos brillantes que no pueden comprarse con lealtad,
sólo con dólares. No todos tienen familiares en el exterior capaces
de enviar ayuda, menos aún si tu divisa fue la absoluta
fidelidad a la Revolución.

Al paso del tiempo fue peor. Se habla de empresas privadas, el
país se abre lentamente al capitalismo. Los infelices que
suscribieron el antiguo socialismo como sentido de sus
vidas, están recibiendo ahora el injusto pago de sus pueriles
sueños.

Ahora resulta que debemos eliminar gratuidades indebidas,
reducir al máximo los subsidios, estimular a la gente con vistas
a ejercer su propia iniciativa laboral. Yo suscribo ciento por
ciento estas ideas, lástima que nos dejó como saldo inicial una
oleada de vagabundos que debió tener mejor suerte y mayor
consideración en el momento actual.

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