El país caribeño comenzó este siglo con una población de 11 millones de personas y con un 59% de sus tierras cultivadas con un alto índice de suelos degradados por el mal uso y la no rotación de cultivos, entre otras causas, según estudios especializados.
Esa situación, según los estimados oficiales, es imprescindible cambiarla radicalmente porque determinan bajas producciones que obligan al Estado a importar aún entre el 70 y el 80% de los alimentos que consume su población y pagar por ello facturas que sobrepasan los 1.500 millones de dólares y que en años recientes se acercaron a los 2.000 millones.
Un programa del gobierno para la agricultura, quizá el más importante entre las transformaciones en marcha, distribuyó en usufructo a más de 100.000 campesinos en los últimos tres años más de un 1.200.000 hectáreas de tierra estatal cultivable pero ociosa.
No obstante en 2011 las producciones de frijol (poroto o caraota), plátano (banana), carne de cerdo y leche fresca, todos fundamentales en la mesa del cubano, cayeron frente al plan anual que les había asignado el estado para el año.
Un análisis del Consejo de Ministros divulgado a fines del año pasado por la prensa oficial dijo que “solo para comprar leche en polvo, fue necesario erogar más de 15 millones de dólares por encima de lo previsto”.
El plan gubernamental es aumentar paulatinamente las producciones nacionales de alimentos, disminuir importaciones de esos productos que se mantienen en un rango de alrededor de 1.500 millones de dólares, y evitar que los precios internos “se disparen” sin control, todo en medio de una reestructuración económica nacional y bajo una crisis global mundial.
En Cuba funcionan básicamente dos tipos de mercados de alimentos agrícolas no elaborados que son el estatal y el de oferta y demanda. El más atractivo para el poder adquisitivo de los cubanos es el estatal, pero los clientes se quejan de baja calidad y escasez de productos en ellos.
El diario Juventud Rebelde en un estudio publicado a mediados del año pasado reflejó que Los precios en los mercados agropecuarios se elevaron en un 7,8 por ciento y disminuyeron las ventas en valores.
No solo los consumidores cubanos se quejan. Reportes en los noticieros de radio y televisión, estatales, critican con gran frecuencia los precios altos en esos mercados, estatales y privados, que no se corresponden con la baja calidad de los productos.