La Habana.- El gobierno anti-pueblo, que preside
el general Raúl Castro, acaba de anunciar la muerte
de la Carta Blanca (una versión moderna de la carta
de libertad de los esclavistas de siglos
anteriores), documento imprescindible, para todos
los que desean abandonar el país, porque
representa el permiso de salida -una especie
de merced- para todos los que desean emigrar.
A partir del mes de Enero -momento en que entrará
en vigencia la Ley- cualquier impedimento
para abandonar el país “dejará de ser
responsabilidad” de la tiranía.
Una nueva payasada para crear la ilusión de que se están
produciendo cambios importantes bajo el gobierno del general-
presidente; una nueva carrera con obstáculos que mantendrá motivados,
por un tiempo, a los consumidores de esperanza y a la nueva
generación de soñadores, fieles herederos de las tradiciones de
fuga del pueblo cubano.
El gobierno, quiere quitar de sobre sus espaldas la vieja y bochornosa
culpa de retener -contra su voluntad- a los cientos de miles de
ciudadanos que prefieren abandonar el “paraíso” socialista, para
probar fortuna en el “infierno” del enemigo histórico de los Castros.
Sin embargo, más allá de las intenciones -y de que se haga
realmente efectiva la Ley-, una cosa sigue siendo cierta -y
probada-: El fracaso absoluto de la ideología y la disfuncionalidad
de las prácticas socialistas para generar desarrollo, prosperidad y
justicia; porque la utilidad y las bondades de un sistema de gobierno
no se miden por la cantidad de facilidades que se le ofrezcan
a los ciudadanos para que abandonen su patria, porque una Nación
(así, con mayúscula), próspera y auténtica, no se construye con la
nostalgia de los ciudadanos que se van, sino con el amor y el
sacrificio de los hijos que se quedan.