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Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.

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Cuba: La vieja historia del fraude académico revolucionario

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Por Mario Hechavarria Driggs/ Hablemos Press.
La Habana, 9 de Julio.- El pasado 27 de junio, Granma, órgano oficial del Comité
Central del Partido Comunista de Cuba, conmovía a muchos lectores con un artículo
de página interior, titulado: “El daño terrible del fraude”. Como no estaba firmado
por un periodista, se infiere que es la opinión expresa del partido dirigente de la
revolución cubana.

 
Se trata de un fraude masivo, que obligó a repetir la prueba de matemáticas,
aplicada a los estudiantes de onceno grado, en La Habana. Adelanto que el
diario cubano aborda las posibles causas desde un ángulo moral, apelando a
la necesaria “vigilancia”, el “control”, junto al “honor” frente al fraude. Tenemos una
historia por contar y otros argumentos, pero antes precisemos los sucesos, según
lo publicado.
La prueba de Matemáticas aplicada a los alumnos del onceno grado en la capital
fue anulada; se detectó su copia previa y distribución anticipada,
clandestina, hacia centenares, tal vez miles de estudiantes. No hay cifras
precisadas.
Granma ofrece el siguiente párrafo, muestra de la gravedad y extensión del asunto:
“…Algunos padres, en su afán de querer a toda costa las mejores notas para sus
hijos, hayan caído en la trampa y pagado por ese fraude…”
Sigue explicando el periódico oficial cubano:
“…lo peor de todo, que después los propios estudiantes incurriesen en
la reventa, extendiéndose el fraude a no pocos municipios capitalinos.”
El diario más importante del país enfatiza: “El hecho no puede verse como un
incidente menor”, ofreciendo su opinión sobre las causas posibles de estos
lamentables sucesos.
En tanto la opinión del PCC apunta hacia los valores morales que están implícitos en
los hechos, debemos relatarles la extensa historia del fraude académico en Cuba.
Una añeja tradición de civismo y elevados principios éticos, caracterizó a los maestros
cubanos, abnegados, generalmente mal pagados, sin dejar por ello de ser los
forjadores de la juventud que acometió contra la dictadura batistiana.
El legado parecía continuarse con el nuevo impulso de la revolución al sector
educacional, hasta que llegó un plan innovador, de crear las llamadas Escuelas
en el Campo. Se ubicaron por decenas en determinados puntos del país, como
Guane en Pinar del Río, Ceiba del Agua y otros puntos en la antigua provincia
de La Habana, Jagüey Grande en Matanzas, coronándose como muestra principal
La Isla de la Juventud.
Era un experimento en grande, abarcando cientos de planteles educacionales,
con capacidad media de 500 alumnos. Las edificaciones modernas, dentro
del sistema de paneles pre-fabricados. Contaban con la media internacional para
una educación de alto nivel.
Lo novedoso fue: los alumnos permanecían internados la semana entera, a veces
el mes y en ocasiones más tiempo. Se combinaba una media sesión diaria de
clases con otra media sesión diaria de labores productivas en los
campos cercanos, generalmente plantaciones citrícolas, cuyos productos
eran destinados principalmente a la exportación.
Nunca olvidaré que en la euforia de este plan, llamado de “estudio y trabajo”,
se entronizó una emulación al estilo del stajanovismo estalinista. El Granma
publicaba los resultados de la promoción escolar, con cifras escandalosas
para cualquier pedagogo marcado por la ética de su profesión: Escuelas con el
ciento por ciento de sus alumnos promovidos. Hablo del nivel medio-superior.
En general, los porcentajes nunca bajaron del 95, considerando cientos de planteles,
cada uno con cerca de 500 educandos, como dije anteriormente. Muchos
maestros estaban escandalizados, pero no había otra opción, debían plegarse a
la onda porque de ello dependían sus evaluaciones como “eficientes pedagogos”.
Aclaro que entonces no había tentaciones monetarias detrás del evidente
fraude, eran motivaciones ideológicas; pero el mal ejemplo quedó.
Ahora nos habla Granma del “daño terrible del fraude”, con orígenes evidentemente
económicos. Los maestros ganan mensualmente el equivalente a veinte
dólares, muchos alumnos son hijos de padres con ingresos muy superiores. La crisis
de valores se extiende. Lo peor es no verla y seguir apelando a la vigilancia, el
control y los principios revolucionarios como única salida del peliagudo asunto.
Debo decir que este asunto se extiende a todo el sistema educacional del país,
desde antes de los sucesos hoy comentados, contando seguramente con un
después de ellos.
Hay maestros dignos, no faltan, tal vez amparados en un sacrificio ético poco
comprensible para muchos, dada la dolarización de la economía cubana.
El fraude académico fue aceptado desde hace muchos años, primero por estímulos
de carácter ideológico, ahora dilatado ante la crisis económica, política y social
de Cuba.
No valdrán inspectores, agregando súper-inspectores para controlar a los anteriores.
El asunto está en la esencia misma de un país que se derrumba a ojos vista, sin la
opción clara de otro mejor.
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