Por Jorge Alberto Liriano Linares.
LA HABANA, 13 de septiembre.- No cabe duda que nos
encontramos en un momento especialmente importante, en lo
que se refiere a las expectativas abiertas en la economía
cubana, algo que hasta ahora no refleja un indicador objetivo
que nos permita concluir que las condiciones de vida de los
cubanos mejoran como consecuencia de una acertada propuesta
de política económica; y lo que es peor aún, no parece que se
vayan a producir esas mejoras, por lo que cabe suponer que la
situación puede ir peor.
Aunque parezca increíble, muchos -basados en la “voluntad
reformista” de Raúl Castro-, dicen estar convencidos que el
camino al cambio democrático en Cuba ya se está abriendo,
aunque sólo se trate de la propaganda castrista, que se ha
encargado de mostrar una vez más lo que no existe en
la realidad.
Se equivocan, esos que andan creyendo en cuentos de hadas,
aun siendo adultos, -como la izquierda hipócrita y liberticida-,
quien piensa que las reformas son suficientes y que los cubanos
se sentirán felices con esos “Cambios”, considerando que los
cubanos seguimos pensando con el estómago y que las
expectativas y anhelos del pueblo se pueden resolver con unas
libras más de frijol y boniato.
Están en un grave error los que piensan que la sociedad cubana
podría dejar atrás la situación comatosa en que se encuentra la
economía de la isla.
En el caso de los regímenes de izquierda existe un grave
problema ideológico. Después de la caída del Muro de Berlín,
sólo les quedó Cuba como residuo, y no se resignan a perderla
del todo.
A manera de recordatorio es bueno retroceder en el tiempo y
retomar algunos ejemplos.
En la España de Franco no había hambre; los españoles podían
tener empresas, podían entrar y salir del país -de un país que
progresaba-, sólo estaban limitadas las libertades políticas,
pero los luchadores españoles no se conformaron, querían
libertad y democracia, hasta la Europa Democrática en aquel
entonces no aceptaba la dictadura y mantenía la presión sobre
la misma.
Socialistas, comunistas y republicanos españoles se oponían a
vivir bajo la dictadura, y hacían público su rechazo a que el
régimen de Franco recibiera cualquier tipo de ayuda o apoyo.
Otro ejemplo es Chile, donde Pinochet llevó a cabo las más
audaces reformas económicas de América Latina, hasta
llegar a conseguir que Chile encabezara el desarrollo en la región,
pero para los chilenos y para la izquierda mundial era inaceptable
la dictadura.
Cabe preguntar entonces: ¿Por qué no piensan igual en el caso de
Cuba? ¿Por qué ha de ser diferente en el caso Cubano?
Lo cierto es que aquí no cambia nada y las “reformas Raulistas”
siguen atrayendo mayor descontento dentro de la población.
En la opinión popular el transporte público está en una absoluta
crisis y el problema de la alimentación sigue siendo gravísimo;
incluso, los precios se han disparado con esto de la oferta
y la demanda, mientras los salarios no sobrepasan los 13 dólares
de promedio al mes.
La tasa de desempleo sigue aumentando, y los llamados
trabajadores por cuenta propia se sienten frustrados ante la carga
de impuestos y prohibiciones absurdas. Otro de los problemas
sociales más graves que existen en el país es la desesperanza
y la apatía, sobre todo de la juventud, porque para la mayoría de
los jóvenes la única opción interesante es abandonar el país.
Entre muchos problemas sociales que aquejan al pueblo cubano,
la falta de viviendas es, el más agobiante y también el de mayores
repercusiones.
Cuba tiene uno de los índices de crecimiento demográfico más
alto del Mundo. Las familias cubanas no quieren tener hijos, entre
otras razones porque no tienen un techo donde vivir.
Las nueve décimas parte de la población cubana viven en la
pobreza, agravada por las carencias de una sociedad mal abastecida.
Para sobrevivir los cubanos, día tras día, violan las leyes ante las
venturas de una corrupción rampante entre los funcionarios
gubernamentales. La corrupción y las injusticias están a la orden
del día, y a todo esto se suman los extremos mecanismos de
represión de la Policía y los cuerpos paramilitares.
Hoy, el pueblo pobre y humilde sobrevive -más consiente que
nunca- del fracaso del sistema económico, político y social de la
Isla; las “Reformas Raulistas” no son más que la continuidad de
la pesadilla de un régimen dictatorial que desde sus inicios se
destacó por su enorme crueldad.
La imagen de Raúl como “reformador” es otro ardid del Castro
Comunismo; por cierto, nada nuevo y bastante poco disimulado.
La experiencia de medio siglo de dictadura totalitaria hace que
el pueblo ya no confíe en reformas. La época de tomarle el pelo
al pueblo con cuentos y mentiras quedó atrás. Los cubanos
están abriendo los ojos y dando muestras inequívocas de su
disconformidad; los tiempos en que una minoría que disfruta
y domina el régimen político junto a una mayoría descontenta
que como ovejas al matadero aguanta los mandatos de la primera,
está llegando a su fin.
De esta manera, todos aquellos que albergan la esperanza de seguir
luchando con las “Reformas Raulistas” no es de ocasión que las
cosas le salgan tan bien esta vez, pues Los cubanos están pensando
muy en serio y en grande, y a poco el Cambio verdadero, sin tiranos,
ya viene llegando.
Fuente: Hablemos Press