Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.
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Impuesta por Fidel Castro, regula la venta de alimentos en la isla.
Con los años, se ha transformado en una carga insoportable para
la economía y en undesestímulo al trabajo
La “libreta” de racionamiento, que regula la venta de alimentos a precios
subsidiados a los cubanos, cumple este viernes 50 años, aniversario que
un programa humorístico de la televisión cubana aprovechó para destacar
que cada día está más delgada.
Implantada por Fidel Castro el 12 de julio de 1963 para enfrentar la escasez
de alimentos y la especulación en los precios, despierta desde entonces
pasiones encontradas -para unos es símbolo de pobreza y para otros de
seguridad- pero el popular programa televisivo “Vivir del cuento” abordó el
polémico tema con humor hace unos días.
“Hay gente que engorda a los 50 años, pero la libreta se mantiene delgadita,
lo que ha hecho es bajar de peso”, dijo “Pánfilo”, el protagonista de la serie,
en referencia a las 28 páginas que tenía antes y las 20 actuales, por la
paulatina eliminación de productos.
La libreta fue introducida con “una vocación igualitaria en momentos de
escasez, para proteger a nuestro pueblo de la especulación y el acaparamiento
con fines de lucro”, dijo el gobernante Raúl Castro en abril de 2011, ocasión
en que defendió la necesidad de eliminarla lo antes posible.
Durante medio siglo, todos los cubanos han recibido su “cuota” de
alimentos a precios subsidiados a través de la “Libreta de abastecimiento”,
su nombre oficial. Antes hasta los recién nacidos tenían una cuota de café y
todos los mayores de 17 años de cigarrillos, aunque no fumaran.
La libreta “se ha venido convirtiendo, con los años, en una carga insoportable
para la economía y en un desestímulo al trabajo, además de generar
ilegalidades diversas en la sociedad”, dijo Raúl Castro. Se sabe que hay
irregularidades en toda la cadena de distribución de alimentos, lo que
estimula el mercado negro.
El gobierno cubano gasta unos 1.000 millones de dólares anuales en
subsidiar el arroz, café, carnes, granos, pastas, huevos, azúcar, sal,
pan y otros alimentos que en pequeñas cantidades recibe cada cubano
al mes por un precio total inferior a 50 pesos (dos dólares). Los niños
reciben adicionalmente leche en polvo y yogur de soja, y los enfermos
dietas médicas.
Como la cuota es insuficiente para satisfacer las necesidades de todo
el mes, las familias cubanas deben comprar más alimentos a precios no
subsidiados en tiendas liberadas, lo que representa una pesada carga en
un país donde el salario es de 19 dólares al mes en promedio.
“Con la libreta nadie puede vivir, pero sin la libreta hay mucha gente que no
puede vivir”, dicen muchos cubanos para destacar que con los actuales
salarios es imposible costear la compra de alimentos no subsidiados.
Cuando Raúl Castro sustituyó en la presidencia a su hermano Fidel en 2006,
una de las primeras medidas que impulsó fue la eliminación de “subsidios y
gratuidades indebidas”. La nueva política sería subsidiar a personas con
bajos ingresos, ya no productos.
De este modo, la patata, garbanzos, cigarrillos y habanos, jabón y pasta
de dientes, fueron saliendo de la libreta y comenzaron a venderse de
manera libre, a precios mayores.
La importación de alimentos, por unos 1.900 millones de dólares anuales,
constituye una pesada carga para las finanzas cubanas: la isla compra
en el exterior el 80% de los alimentos que consume.
De cara al VI Congreso del Partido Comunista (único) de abril de 2011,
los cubanos fueron convocados por Raúl Castro a exponer sus problemas
en asambleas en centros de trabajo y barrios, y la posible eliminación de
la libreta “fue, sin dudas, el asunto que provocó más intervenciones de los
participantes”, dijo el gobernante.
De tal forma, Raúl Castro se vio obligado a declarar que “a nadie en su
sano juicio en la dirección de este país se le puede ocurrir decretar de
golpe la eliminación de ese sistema, sin previamente crear las condiciones
para ello”.
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