La Habana, 18 de diciembre.- La sesión
de la Asamblea Nacional del Poder Popular,
del 12 de diciembre, emitió críticas y
compromisos de impedir, en lo adelante
-en espacios musicales- la vulgaridad
y el "tratamiento denigrante de la
mujer"; programas "extranjeros con
mensajes ajenos a nuestros valores" y humor
que no sea "con responsabilidad".
En análisis sobre el Instituto Cubano de
Radio y Televisión (ICRT), monopolio estatal
cuyos compromisos de censura fueron
divulgados parcialmente en TV, el día 12, y
en el periódico Granma del 13. Éste último,
omitió lo dicho en TV sobre censurar el
humorismo.
Según Granma: "Danilo Sirio, presidente del
ICRT/…/Hizo énfasis en la irreductible
orientación ideológica, ética y cultural de la programación de los medios/…/ al
abordar la difusión musical, afirmó que bajo ningún pretexto se permitirá radiar o televisar
temas que denigren a la mujer o exalten la vulgaridad, la obscenidad y la grosería…/"
Otros "complejos problemas" requieren: "…/ el cuidado en la selección de las series
extranjeras que se transmiten, algunas de ellas portadoras de mensajes ajenos a
nuestros valores /… /. El doctor Jorge González Pérez sugirió que determinados
materiales procedentes de televisoras extranjeras vayan acompañados de comentarios
por parte de especialistas cubanos."
El reggaetón fue blanco de "los diputados", y se mostraron particularmente indignados
contra el humorismo, expresando que puede haberlo, pero "con responsabilidad".
Hasta aquí lo escaso que comunicaron.
La cúpula y sus clientes se asustan del relajamiento de la censura ocurrido en los últimos
años, particularmente en el campo del humorismo y de series extranjeras, como "la Ley
y el Orden", que muestran una sociedad donde rigen el derecho y garantías
procesales no soñadas en Cuba.
Las películas tienen su propio mensaje, y sobra explicarlas al público que en Cuba está
harto de comentaristas televisivos que nos dicen lo qué tenemos que pensar y nos
previenen del “veneno ideológico capitalista”.
Películas sobre el fascismo y el nazismo resultan subversivas, porque el público
advierte las abrumadoras similitudes con la realidad cubana, en cuanto a
métodos de propaganda, culto al líder y al partido e intimidación, chantaje y represión
masiva.
El reggaetón, con letras y escenas de video-clips indecentes, lleva años de promoción
oficial con escándalo de los más y prohibición de los menos; difusión que va de la mano
con de funcionarios corruptos que promueven a los grupos musicales que les pagan
por el espacio. Resulta tardío este moralismo.
Los compositores de canciones con letras que expresan la realidad, con enfoque
contestatario, estuvieron y continuarán estando censurados; sin posibilidad de espacio,
por "la irreductible orientación ideológica/…/ de la programación".
Contra esa "irreductible", a codazos, el humor de sátira política se hizo algún espacio
en TV -ejemplo, el programa televisivo "Deja que yo te cuente"- y mayor espacio
en los teatros.
El programa televisivo "Deja que yo te cuente", ridiculiza a los dirigentes caricaturizando
con veracidad efectiva sus métodos y abusos, y eso lastima a los jefes de todos los
niveles, quienes se ven retratados en estos programas humorísticos. Los dictadores
carecen de sentido del humor, porque viven en pose gloriosa.
La actualización del género costumbrista refleja la incapacidad productiva y la
alienación y desprotección legal del productor; además, presenta personajes como el
demagogo y arribista jefe superior Lindoro Incapaz, quien fingiéndose paternalista
es pura hipocresía y egoísmo; y su segundo, La LLave, despiadado comisario político.
No existe empresa en Cuba, ni unidad militar, donde los trabajadores no hayan clasificado
a sus jefes como Lindoro o como La Llave.
Por tanto, los Lindoro y los La Llave de la Asamblea Nacional del Poder Popular, quieren
prohibir el humor "irresponsable", y Granma -!censurado a su vez!- lo calla, para no
disgustar al pueblo.
La prohibición de la caricatura personal de los jefes del Gobierno continúa, desde su
temprana prohibición por Fidel Castro, quien autorizó -extraordinariamente- algunas
que lo presentaban heróicamente. Del muy caricaturizable general Raúl Castro jamás
hemos visto una caricatura.
Según el presidente del ICRT, Danilo Sirio: "se estudia la ampliación de Tele Sur". "¿Cuál
es el problema, siendo como es una emisora de los compañeros bolivarianos?”,
preguntó una diputada confundida, tal vez porque se sintió diputada.
!Tele Sur es también censurada!, porque dirigida a amplio público de Latinoamérica con
opciones para informarse desde Venezuela que carece del grado de totalitarismo de Cuba,
Tele Sur manipula temas, pero ofrece una información noticiosa muy superior a la
que la monopolista TV cubana desea transmitir a su pueblo.
¿Cómo prohibirán lo "denigrante para la mujer", si la “princesa” Mariela Castro promueve
en TV (y en la enseñanza escolar) una campaña a favor de la homosexualidad?
Una actriz, actuó de lesbiana en una telenovela y su personaje explicó, "científicamente",
que toda mujer sentía a veces deseos sexuales por otra; insultó a todas las mujeres,
"según nuestros valores culturales".
¿Cómo determinar qué "mensaje" prohibir, por desacorde a "lo cubano" o a "nuestros
valores"?
La censura ideológica prohibió, por décadas, las obras de músicos, escritores,
científicos, cineastas muy cubanos, o los marginó: Sirven de pequeña muestra Lecuona,
Lezama Lima, Dulce María Loynaz; y extranjeros como Los Beatles, Julio Iglesias, José
Feliciano y otros.
Desapruebo que la obscenidad y la pornografía se justifiquen con la libertad de expresión.
Si en un estado de derecho se tratara de preservar "valores", merecería considerarse,
pero en Cuba sólo se trata de preservar en el poder a una camarilla, impidiendo la
libertad de información, y de criticarla por su labor destructora de esos mismos valores.
El problema de la censura, es la indecencia de la censura misma; el suponer a los
censores un sacerdocio moral y patriótico del cual carecen, precisamente por su
"orientación ideológica".
Ni reggaetón, ni remeneos de mulatas encuerusas, ni películas o música extranjera
que contaminan "la cultura cubana"; lo inmoral aquí, es el fin mismo de la censura.
Y que no censure espectáculos tan indecentes como los discursos del simulacro de
"parlamento cubano", con promesas de prosperidad y mentirosas cifras de
crecimiento económico, y el nombramiento como diputado del invisible Fidel Castro.
