Por Jaime Leygonier.
La Habana, 2 de abril. - La Semana Santa transcurrió en La Habana con
menor asistencia a los templos católicos y la novedad de que, por
disposición del Arzobispo cardenal Jaime Ortega, a las 3 de la tarde
del Viernes Santo las campanas de todas las iglesias tocaron la hora
y doblaron a muerto.
La Semana Santa es la conmemoración católica de la Pasión, muerte
y resurrección de Jesucristo. Este año transcurrió del 24 al 31 de marzo.
Por segundo año consecutivo el Estado otorgó como día feriado el Viernes Santo, según
concesión del general Raúl Castro al anterior papa, Benedicto XVI.
Pero el feriado y tres años de numerosas procesiones a la Virgen patrona nacional, por todo
el País, culminadas con la visita papal del 2012, que suponían promoverían el catolicismo y lo
prestigiarían, no redundaron en aumento de la asistencia a la Iglesia, ni siquiera en el día feriado,
todo lo contrario.
La tendencia de los últimos años a un decrecimiento de la asistencia a los templos católicos fue
más visible en estos días tan señalados, en que hace unos cinco años el público los desbordaba.
Según testigos, disminuyó el público en la procesión de la Parroquia de la Medalla Milagrosa,
en el barrio habanero de Santos Suárez, con visible falta de entusiasmo y de velas, también en
otros días y en el sábado en la Vigilia Pascual de esa misma parroquia y de la vecina de Jesús
del Monte.
En esta última, a fines de los años 90 la gente colmaba los pasillos, de pie; en los 2000, las
vigilias fueron cada vez menos concurridas, iniciadas a las 11 de la noche concluían a las 2 de
la madrugada y congregaban a 300 o' 200 personas, pero la Vigilia Pascual del 2013 apenas
reunió a unos 80 asistentes pese a su horario más cómodo a las 8:30 de la noche.
Según opinión de personas entrevistadas, el decrecimiento del público se debe al desánimo
general de la población, a su desplazamiento desde la Iglesia católica hacia las religiones de
origen africano, los evangélicos pentecostales y los testigos de Jehovah, quienes crecen en
número.
A emigración de católicos al extranjero y a insatisfacciones con la actuación del clero, tanto
en el orden nacional como local, en lo espiritual y en la propaganda gobiernista.