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Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.

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Cuba: una extraña forma de vender vehículos

Cuba: una extraña forma de vender vehículos 

En esta foto del 7 de julio de 2014, un auto de fabricación china pasa frente a un mural del Che Guevara. La Habana, Cuba. Frente a autos que cuestan decenas y hasta cientos de miles de dólares, pocos cubanos pueden aprovechar la nueva ley que les permite comprar vehículos al gobierno sin un permiso especial. (APFoto/Franklin Reyes) |

 

Por: Andrea Rodríguez/ AP

La Habana/ 14-7-2014

No es el típico concesionario de automóviles. Ubicado a pocos metros del mar, decenas de vehículos fueron estacionados en un amplio terreno y lucen cubiertos de polvo bajo el intenso sol caribeño. Algunos se ven oxidados y un custodio, sentado y con cara de aburrimiento, espera a unos clientes que no se ven por ninguna parte.

 

La lista de precios, colgada en una cerca de alambre verde, explica el porqué de las ausencias de compradores: un Citroen C3 compacto, usado, de seis años de antigüedad, cuesta 46.000 dólares, cuando en Inglaterra puede conseguirse uno nuevo por unos 15.000 dólares. También aparece un Peugeot 206, de 2008, que cuesta 85.000 dólares, cuando pueden conseguirse por 5.000 en la isla británica.

 

La euforia con que los cubanos saludaron en enero una reforma que les permitió comenzar a comprar vehículos sin tener que tramitar un permiso especial por primera vez en décadas, se convirtió rápidamente en una decepción cuando se publicaron los precios; un malestar que luego se intensificó cuando las autoridades informaron que solo habían vendido 50 coches en el país, en los seis meses que tiene de vigencia la ley. Para adquirir un vehículo, el cubano promedio demoraría cientos de años puesto que su salario promedio es de 20 dólares. "Con esos precios obviamente ellos no querían vender muchos coches, y no lo hicieron", dijo Philip Peters, analista y director del Centro de Estudios sobre Cuba en Virginia, Estados Unidos.

 

"Los únicos consumidores cubanos que pueden permitirse comprar (estos automóviles) son probablemente los músicos que lograron unas regalías buenísimas por su último disco, o quienes cobraron sumas fabulosas cuando vendieron su casa familiar. ¡Es una muy, muy pequeña porción de la población en la que se podría pensar en ofrecerles tales precios y, como vemos, una franja aún más pequeña que en realidad decidió pagarlo!". Como él, otros analistas consideran que la política parece funcionar exactamente como se diseñó, para mostrar una imagen de flexibilidad de parte del gobierno al levantar unas limitaciones, pero vender la menor cantidad posible de carros.

 

Muchos esperaban que el asunto de la venta de los vehículos se desarrollara en la misma cuerda de flexibilización de reformas pasadas impulsadas por el presidente Raúl Castro, quien antes había autorizado la creación de un mercado de bienes raíces, la expedición de licencias para abrir pequeños negocios, el usufructo de tierras o haber abierto una bolsa de empleos independiente al Estado, antes único empleador. Aquel día de enero cuando se levantó la restricción, los cubanos abarrotaron las agencias de venta y cientos de personas pegaron su nariz a los vidrios mientras miraban atónitos los precios. Unos se reían nerviosos, otros expresaban su frustración.

 

Algunos pensaron que podría suceder como con la telefonía celular, cuya contratación estuvo prohibida para los cubanos en los 90, pero cuando se abrió en la pasada década los iniciales precios astronómicos luego bajaron a tarifas razonables. Sin embargo, un reciente recorrido por varios concesionarios en La Habana encontró los mismos márgenes de beneficio, del 400 por ciento para los vendedores. Ni un solo cliente potencial estaba en esos locales y los empleados se negaron a hablar con los periodistas, aunque uno confirmó que los precios de la etiqueta engomada no habían bajado. 

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